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Polonia queda sola

Una familia polaca se refugia junto a una columna frente a la Ópera de Varsovia durante la

Una familia polaca se refugia junto a una columna frente a la Ópera de Varsovia durante la invasión alemana de septiembre de 1939. Mientras los Aliados deliberaban en Abbeville, la guerra ya había alcanzado el corazón de Polonia.

El 12 de septiembre de 1939, Polonia seguía resistiendo. Varsovia aún no había caído; los ejércitos polacos continuaban combatiendo y el avance alemán, aunque devastador, no había logrado cerrar todas sus pinzas. Para Polonia, cada día importaba. Cada jornada ganada podía significar una posibilidad más de reorganización, de auxilio exterior o, al menos, de resistencia.

Ese mismo día, lejos del frente polaco, los principales representantes políticos y militares de Francia y Gran Bretaña se reunieron en Abbeville, en el norte de Francia. Allí tuvo lugar el primer encuentro del Supreme War Council, el Consejo Supremo de Guerra anglofrancés. Participaron Neville Chamberlain y Lord Chatfield por Gran Bretaña, y Édouard Daladier y el general Maurice Gamelin por Francia.

La reunión no dio lugar a una declaración pública de abandono. Tampoco una confesión abierta de impotencia. El lenguaje oficial fue el de la coordinación, la unidad y la determinación. Pero los documentos y diarios de esos días muestran una realidad más dura: los Aliados ya pensaban en una guerra prolongada, mientras Polonia necesitaba ayuda inmediata.

El acta oficial británica del primer encuentro del Consejo Supremo de Guerra permite escuchar la voz institucional de Abbeville. No es un testimonio íntimo; es un documento de gobierno. Precisamente por eso, su frialdad resulta reveladora.

La parte medular del acta, en la que se discuten la situación militar general, las operaciones francesas y la ayuda posible a Polonia:

M. Chamberlain preguntó a M. Daladier cómo se le presentaba la situación militar general. ¿Se había desarrollado de acuerdo con lo esperado o no?

M. Daladier dijo que se había desarrollado exactamente como había sido previsto, y esperado, por el Estado Mayor francés. La situación actual era muy diferente de la que había existido en 1914. Alemania se había embarcado en la conquista de Polonia, mientras que las operaciones militares en Francia habían sido, en lo principal, un proceso de contención, necesariamente no tan espectacular como el avance alemán. No se anticipaba ningún éxito espectacular, pero era posible que el ataque se desarrollara en una operación a gran escala.

M. Chamberlain pensaba que la decisión de no emprender hasta ahora operaciones a gran escala en Francia había sido sabia. Más aún, los Aliados necesitaban tiempo para construir sus fuerzas y, en lo doméstico, quizá la moral en Alemania se agrietaría.

M. Daladier estuvo de acuerdo. Dijo que Francia estaba dispuesta, como Gran Bretaña, a hacer esfuerzos aun mayores para dividir a Francia y a Gran Bretaña. La única evidencia de que esta guerra de propaganda procedía de manera ineficaz era el hecho de que los alemanes parecían estar molestos por los franceses. M. Daladier añadió que las radios francesas hacia Alemania parecían tener efectos muy fuertes.

M. Chamberlain preguntó entonces cómo podía prestarse ayuda a Polonia.

 

El general Gamelin pensaba que había completo acuerdo sobre el principio general de la política aérea. La guerra de los Aliados occidentales no se ganaría en Polonia. Estaba claro que nada de lo que los Aliados pudieran hacer salvaría a Polonia de ser arrollada. El envío de los suministros de guerra que fueran posibles ciertamente alentaría su resistencia, pero la campaña no podría determinarse de ningún modo por los suministros enviados a Polonia.

 

M. Daladier estuvo de acuerdo respecto de la cuestión de Polonia. Al mismo tiempo, era importante mantener un frente polaco durante el mayor tiempo posible, y ahora no había censura de las comunicaciones con Rumanía y Polonia. Incluso si esta medida no lograba ayudar a Polonia, quizá podría tener el efecto de levantar la moral de los franceses y de los polacos.

M. Chamberlain comentó sobre la dificultad de transportar suministros a Polonia. Había solamente una línea ferroviaria que atravesaba el país hacia Rumanía, y esta, que no estaba en buen estado, atravesaba las montañas. Pero gran parte de la línea estaba en vía sencilla y, aun si se lograba hacer llegar suministros hasta Polonia, debían anticiparse dificultades del lado polaco; además, para cuando los suministros llegaran a Polonia, quizá Polonia ya estaría acabada. No estaba reduciendo al mínimo la conveniencia de hacer todo lo posible para ayudar, pero no tenía esperanzas de que se pudiera hacer mucho.

 

M. Daladier estuvo de acuerdo sobre la cuestión de los suministros. Al mismo tiempo, el mantener un frente polaco era de importancia desde el punto de vista moral, y ahora no había censura sobre las comunicaciones a Rumanía y Polonia. Incluso si esta medida no lograba ayudar a Polonia, podría tener algún efecto para sostener la moral de los franceses y de los polacos.

Si deseas saber más, consulta el documento original CAB 66/1/38, Record of the First Meeting of the Supreme War Council, held on 12th September, 1939, conservado en The National Archives.

El acta no emplea un lenguaje dramático. No hay una frase teatral que anuncie el abandono de Polonia. Pero el sentido del documento es claro: Francia no estaba dispuesta a transformar su avance limitado en el Sarre en una ofensiva decisiva inmediata; Gran Bretaña aún no podía aportar un ejército de tierra suficiente; y la ayuda material a Polonia, aunque deseada, era logísticamente dudosa y posiblemente tardía.

La guerra que Polonia necesitaba en septiembre no era la que los Aliados estaban preparados para librar.

Al final de la reunión se acordó el texto de un comunicado público. Ese comunicado es importante porque muestra cómo se presentó la conferencia hacia afuera: como unidad, resolución y promesa de ayuda. Traducido textualmente, decía:

Una reunión del Consejo Supremo de Guerra se celebró hoy en suelo francés. Asistieron el señor Chamberlain y Lord Chatfield por Gran Bretaña y M. Daladier y el general Gamelin por Francia.

El propósito de la reunión fue hacer posible un intercambio directo y personal de opiniones sobre la situación presente y sobre las medidas que debían tomarse en el futuro inmediato.

Esta reunión ha confirmado plenamente la fuerza de la resolución de Gran

Bretaña y Francia de dedicar toda su fuerza y recursos a la conducción del conflicto que les ha sido impuesto, y de dar toda la ayuda posible a los polacos, que están resistiendo con tanta gallardía la despiadada invasión de su territorio.

El comunicado no era falso en su formulación general: Francia y Gran Bretaña seguían en guerra con Alemania y mantenían formalmente su compromiso con Polonia. Pero el texto público no transmitía la conclusión más dura de la reunión: que esa ayuda no tomaría la forma de una ofensiva occidental inmediata y decisiva.

Al día siguiente, el 13 de septiembre, el gobierno británico explicó la reunión ante el Parlamento. La declaración fue hecha en la Cámara de los Lores por Earl Stanhope, en nombre del Gobierno de Su Majestad; el mismo comunicado había sido presentado también por el Primer Ministro en la Cámara de los Comunes:

Mis lores, la siguiente declaración, que hago en nombre del Gobierno de Su Majestad, ha sido hecha también por el Primer Ministro en otro lugar. Sus señorías habrán sabido, por el comunicado emitido anoche, que el Consejo Supremo de Guerra se reunió ayer, por primera vez durante la guerra presente, en suelo francés. Es apropiado que el informe de progreso de esta semana comience con un relato de esa reunión.

Asistieron, como sus señorías ya saben, el Primer Ministro y el Ministro para la Coordinación de la Defensa por Gran Bretaña, y M. Daladier y el general Gamelin por Francia.

Los representantes de ambos países estuvieron acompañados por varios funcionarios, pero como el Gobierno de Su Majestad ya estaba en estrecho contacto con las autoridades francesas sobre cuestiones técnicas estratégicas, no se pretendía discutir tales cuestiones en la reunión y, por lo tanto, los jefes de Estado Mayor no fueron, en esta ocasión, convocados a asistir. El objeto de la reunión fue hacer posible, en la etapa más temprana practicable de la guerra, un intercambio directo y personal de opiniones.

La situación actual fue examinada a fondo y se discutieron las medidas que debían tomarse en el futuro inmediato. Se concertarán nuevas reuniones cuando sea necesario, a fin de asegurar que se mantenga el contacto más estrecho posible entre nuestros dos países en todos los aspectos principales de la conducción de la guerra.

La reunión comenzó por la mañana y se complementó con nuevas conversaciones por la tarde. La Cámara no esperará un relato detallado de los muchos asuntos discutidos; ni ello sería de interés público. Hay, sin embargo, una cuestión importante a la que es apropiado y útil referirse. Como era de esperarse, hubo un intercambio de opiniones en una etapa temprana de la conferencia sobre el estado actual de la opinión pública en ambos países.

Me complace poder asegurar a la Cámara que es evidente que la opinión pública a ambos lados del Canal está completamente de acuerdo. El pueblo de Francia y el pueblo de Gran Bretaña están igualmente determinados no solo a honrar plenamente sus obligaciones con Polonia, sino también a poner fin de una vez por todas a la intolerable tensión de vivir bajo la amenaza perpetua de la agresión nazi.

Nuestros aliados franceses son, como nosotros, un pueblo amante de la paz, pero no están menos convencidos que nosotros de que no puede haber paz hasta que la amenaza del hitlerismo haya sido finalmente eliminada. “Il faut en finir”.

Por lo demás, estoy autorizado a asegurar a la Cámara que el Primer Ministro salió de esta reunión fortalecido y alentado por la completa identidad de puntos de vista que se reveló entre el Gobierno francés y nuestros representantes sobre cada punto de política y estrategia que fue discutido. Apenas necesito subrayar el inmenso valor de estos contactos personales, que permiten establecer esa confianza mutua sin la cual no puede haber verdadera armonía de acción.

El gobierno británico no presentó Abbeville como una renuncia a Polonia. La presentó como una reunión de confianza, coordinación e identidad estratégica. Pero esa misma declaración reconocía que no se ofrecería al Parlamento un relato detallado de los asuntos discutidos.

Un poco más adelante, la declaración describía así la situación en el frente occidental:

En el Oeste, los ejércitos franceses han iniciado un avance metódico. Hasta ahora, estas operaciones han sido locales, con el objeto de enderezar la línea y ganar contacto con las principales posiciones enemigas. Esta es una fase preliminar esencial e importante, sobre la cual los franceses son naturalmente reticentes, y basta decir que ha sido completamente exitosa.

Si deseas saber más, visita Parliament API.

Esa frase era cuidadosamente tranquilizadora. Hablaba de avance, método y éxito, pero no de una ofensiva de ruptura. Para Polonia, la diferencia era decisiva.

Sir Alexander Cadogan, subsecretario permanente del Foreign Office, registró ese mismo día sus impresiones privadas. Su diario permite ver el ambiente dentro del gobierno británico: esperanza limitada, información incompleta, confianza en que Polonia aún resistía y expectativa de que el empuje francés pudiera tener algún resultado:

En general, el panorama no parece tan negro. Los alemanes están definitivamente contenidos en Polonia por el momento y están a 15 millas de Varsovia. Ironside dice que no están quebrados, aunque sí en una situación bastante mala. Ha empezado a llover en Polonia —llovizna aquí—. ¡Que siga así! Ironside también piensa que el empuje francés puede tener cierto éxito. Así que me siento mejor.

La reunión de Chamberlain y Daladier salió bastante bien. Chamberlain describió los planes británicos para movilizar la industria y obtener suministros de los Estados Unidos. Ninguna de las partes deseaba dar la impresión de formar un bloque balcánico contra Italia. Daladier dijo que estaba complacido con la actitud de España. El sous-préfet invitó a Chamberlain a venir a pescar en el Somme “tan pronto como las circunstancias lo permitan”.

La entrada de Cadogan no dramatiza. No acusa. No anuncia una traición. Su valor está precisamente en lo contrario: muestra la forma en que, dentro del gobierno británico, el destino de Polonia convivía con cálculos industriales, diplomacia mediterránea, Italia, España y la esperanza de que el frente francés produjera algún efecto.

Al día siguiente, Cadogan recibió al embajador polaco en Londres, Edward Raczyński. La entrada es breve, pero humana y reveladora: Polonia quería saber qué había ocurrido entre Chamberlain y Daladier:

Raczyński vino por la tarde, tratando de averiguar qué había ocurrido ayer entre el P. M. y Daladier. Desgraciadamente no pude decírselo porque no lo sabía. Debate en los Lores sobre bombardeos y, desgraciadamente, a la 1 pm recibí el anuncio por cinta de que los alemanes iban a bombardear incluso “aldeas” en Polonia, debido a la actividad de “franc-tireurs”. No podemos comprometernos a tomar represalias en este momento.

Conduje a casa con H., que acababa de ver a los Altos Comisionados. Están alarmados por nuestra Fuerza Aérea. Pero no puedo entender del todo por qué. Creo que son los entrometidos más insoportables. Bruce está mal: supongo que, en realidad, no tienen bastante trabajo que hacer.

Si deseas saber más, busca el título The Diaries of Sir Alexander Cadogan, 1938–1945 [Los diarios de Sir Alexander Cadogan, 1938–1945], editado por David Dilks.

Sir Edmund Ironside, jefe del Estado Mayor Imperial británico, dejó una observación fechada el 11 de septiembre, la víspera de la reunión en Abbeville. En la edición de sus diarios aparece dentro del capítulo sobre organización y planes:

Ahora se comprende que nada puede salvar a los polacos, y que la única manera de restaurarlos es ganar la guerra

La frase antecede a Abbeville. La reunión del 12 de septiembre no inventó esa conclusión; la confirmó en términos políticos y estratégicos.

Dos días después de Abbeville, Ironside registró el informe del general Hotblack, agregado militar británico en Francia. El pasaje permite ver cómo se interpretaba, desde el alto mando británico, el esfuerzo francés en el frente occidental:

[El general] Hotblack [nuestro agregado militar en Francia], de regreso del frente. Da una descripción muy sombría del esfuerzo francés tal como se ha desarrollado ahora. En el fondo, los franceses creen que esta lucha contra Alemania debe repetirse en cada siglo y, probablemente, con mayor frecuencia. Su único deseo es salir de la guerra con algo de su virilidad aún intacta. Por lo tanto, no van a hacer nada hasta que estemos más en línea. No quieren combatir delante de la Línea Maginot y, por lo tanto, no van a poner demasiados hombres allí con la posibilidad de no poder retirarlos. Esperan que los alemanes lancen un ataque con algunas de las divisiones que no han sido empleadas, y también esperan un ataque terrible de la Fuerza Aérea alemana.

 

Es una guerra de un imperio marítimo contra un imperio terrestre y, por el momento, el imperio marítimo está en desventaja. Nuestra criminal negligencia al armarnos nos ha llevado hasta este punto. Ya no es ahora un esfuerzo de un colegial de cuarto curso y no puedo hacer que la gente entienda que es serio. Cuanto más examino nuestra posición estratégica, más seria me parece.

La voz de Ironside no es diplomática. No presenta el problema con el lenguaje medido del comunicado. Su diario registra una preocupación militar más directa: Francia no avanzaría más allá de cierto límite, Gran Bretaña no estaba todavía preparada y Polonia no podía esperar.

Documento 8: Ironside, 16 de septiembre de 1939

El 16 de septiembre, Ironside escribió un documento sobre la situación estratégica en Europa. Ese texto permite ver cómo, pocos días después de Abbeville, el pensamiento militar británico seguía orientándose hacia la construcción de una estrategia común y de un ejército aliado capaz de sostener una guerra prolongada:

Me parece que debemos establecernos en alguna clase de estrategia combinada en esta guerra. Ahora estamos sentados preguntándonos qué hará Hitler después y sin hacer nada nosotros mismos.

 

El instrumento que él [Hitler] ha forjado para su victoria es el Ejército alemán. Usará esto como su arma principal y todas las demás armas lo apoyarán.

 

Para derrotar a este ejército alemán se requiere un ejército Aliado. El Ejército francés tiene tres cuartas partes del tamaño del Ejército alemán y nosotros debemos suplir la deficiencia.

 

No podemos ganar la guerra sin un ejército y es importante examinar las condiciones estratégicas que es posible ver, aunque sea débilmente.

Si deseas saber más, busca el título Time Unguarded: The Ironside Diaries, 1937–1940 [Tiempo sin guardia: los diarios de Ironside, 1937–1940], de Sir Edmund Ironside, editado por Roderick Macleod y Denis Kelly.

Para el 16 de septiembre, la cuestión ya no era cómo salvar a Polonia en lo inmediato, sino cómo construir, con lentitud, la fuerza necesaria para vencer a Alemania en una guerra mucho más larga.

Abbeville no fue una escena de gritos, acusaciones o ruptura abierta. No hubo una frase solemne en la que Francia y Gran Bretaña declararan que Polonia sería abandonada. La realidad fue más silenciosa, y por eso quizá más amarga.

El 12 de septiembre de 1939, los Aliados no dejaron de hablar de Polonia. Tampoco negaron sus compromisos. Pero trasladaron la salvación de Polonia desde el presente hacia el futuro: no mediante una ofensiva occidental inmediata, sino mediante una guerra larga que algún día, si era ganada, permitiría restaurar lo perdido.

 

Para los estrategas de Londres y París, esa lógica podía parecer prudente. Para Polonia, era devastadora.

 

Mientras el comunicado oficial prometía “toda la ayuda posible”, mientras Hansard hablaba de obligaciones cumplidas y de avances metódicos, mientras Cadogan anotaba que Raczyński buscaba saber qué había ocurrido entre Chamberlain y Daladier, mientras Ironside reconocía que nada podía salvar a los polacos salvo ganar la guerra, la campaña de septiembre seguía avanzando hacia Varsovia.

 

Abbeville no destruyó a Polonia. Alemania lo estaba haciendo desde el 1 de septiembre, y la Unión Soviética completaría el golpe cinco días después de la conferencia. Pero Abbeville sí dejó claro algo terrible: la ayuda que Polonia necesitaba en septiembre no iba a llegar ese mes.

La guerra occidental había comenzado. Pero para Polonia, en la práctica, seguía siendo una guerra demasiado lejana.

Neville Chamberlain y miembros del gabinete británico durante los primeros meses de la gue

Neville Chamberlain y miembros del gabinete británico durante los primeros meses de la guerra. El 13 de septiembre, el gobierno presentó la reunión de Abbeville como una demostración de unidad estratégica con Francia.

Édouard Daladier, primer ministro francés y ministro de Defensa. En Abbeville, Francia explicó los límites de su avance en el frente occidental y la imposibilidad de una operación inmediata de gran escala contra las defensas alemanas.

Niño polaco en las ruinas de Varsovia, en septiembre de 1939. Julien Bryan tituló esta ima

Ryszard Pajewski, un niño polaco en las ruinas de Varsovia, en septiembre de 1939. Julien Bryan tituló esta imagen “El cansancio de un niño”. Pajewski era un ejemplo de abatimiento cuando Julien Bryan lo vio sentado en un montón de escombros. Con solo nueve años, de repente se había convertido en el sostén de la familia y no había pan para conseguir. Su padre fue llevado más tarde por los nazis y nunca regresó.

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