El primer día de ocupación en Gdynia

Tropas alemanas en Gdynia el 14 de septiembre de 1939. La imagen corresponde al momento que el parte alemán resumió como la ocupación de la ciudad durante la mañana, mientras la resistencia polaca continuaba en Kępa Oksywska. (Foto cortesía de: Wikimedia Commons / autor desconocido, dominio público)
El 14 de septiembre de 1939, Gdynia dejó de ser una ciudad defendida desde sus calles y pasó a ser una ciudad ocupada. Durante casi dos semanas, la defensa terrestre del litoral polaco había sostenido el frente entre bosques, colinas, carreteras cortadas, posiciones improvisadas y ataques convergentes provenientes del oeste y del sur. Pero la ciudad, construida por la Polonia de entreguerras como puerto moderno y símbolo de acceso propio al Báltico, ya no podía mantenerse como centro de resistencia.
La decisión militar ya había comenzado a ejecutarse antes de la entrada alemana. Las unidades polacas que aún podían maniobrar se replegaron hacia Kępa Oksywska, la meseta situada al norte de Gdynia, donde la lucha continuaría en condiciones cada vez más estrechas. El 14 de septiembre, por tanto, no fue el final de la defensa del litoral, sino el momento en que la ciudad quedó atrás y el peso de la resistencia recayó en Oksywie.
Ese desplazamiento del combate produjo una escena extraña: una ciudad que caía sin una batalla urbana visible, mientras, a poca distancia, seguían oyéndose los cañones. Para los alemanes, la entrada en Gdynia podía resumirse en pocas líneas de parte militar. Para los polacos que permanecían en ella, aquel mismo día tuvo otro rostro: ventanas cerradas, patrullas cautelosas, registros, humillaciones, listas preparadas de antemano y la certeza de que la ocupación no empezaba con administración, sino con miedo.
Antes de esa mañana, algunos de los defensores ya habían vivido la retirada que explicaba el silencio posterior de la ciudad. El mayor Stanisław Zaucha, del I Batallón Gdynia de Defensa Nacional —también conocido como 3.er Batallón de Fusileros Marinos—, recordaría la marcha agotadora que llevó a sus hombres hacia Chylonia y, desde allí, hacia la nueva línea de resistencia en Kępa Oksywska:
Los soldados estaban agotados y hambrientos. Más o menos a la altura de Biała Rzeka, los alemanes observaron la marcha del batallón. Lo confirmaron varios incendios nuevos de casas junto a la carretera Reda–Chylonia, cuyo propósito era iluminar al batallón que avanzaba por el borde del bosque. También lo indicaban las bengalas lanzadas varias veces desde el interior del bosque y desde las casas situadas junto a la carretera. Nada indicaba que en Reda hubiera alguna unidad del 1.er Regimiento de Fusileros Marinos que se dispusiera a iniciar una acción en la zona de Reda. A las 23:30 cayó en nuestras manos un automóvil grande y elegante de algún alto comandante alemán, con las ruedas hundidas en la arena. Había en él una gran cantidad de mapas y documentos que, al día siguiente, envié al comandante de la Defensa Terrestre del Litoral para su aprovechamiento.
Hacia la medianoche, el batallón se encontraba a la altura de la estación ferroviaria de Reda. Los patrullajes de reconocimiento enviados a Reda regresaron con el informe de que la localidad estaba ocupada por el enemigo y que en la estación se hallaba, con toda probabilidad, una batería de artillería enemiga, pues durante nuestra marcha la batería disparaba constantemente en dirección a Rumia. Era indudablemente seguro que en la zona de Reda no se encontraba ninguna unidad polaca.
En esa situación decidí realizar por cuenta propia una incursión contra la batería de artillería enemiga. Para ello, aprovechando las edificaciones, llevé al batallón hasta una distancia de 300 metros de las posiciones de la batería. Sin embargo, cuando los soldados cruzaban la vía férrea cubierta de grava, el enemigo nos observó y evaluó correctamente ese movimiento. Puso en marcha de inmediato todo su aparato de alarma, tanto óptico como acústico.
Dos minutos después, desde la dirección de Reda, llegaron varias decenas de automóviles blindados, que se colocaron sobre la carretera, cerrando el camino hacia la batería. Se hizo evidente que una incursión en esas condiciones —un movimiento por campo abierto y llano— no ofrecía ninguna posibilidad de éxito y solo conduciría a pérdidas sangrientas e innecesarias.
Al mismo tiempo recibí, por medio de un enlace, el cabo Klemens Szulc, una orden urgente del comandante de la Defensa Terrestre del Litoral, quien, por temor a que el batallón fuera cortado y destruido, ordenaba una retirada apresurada hacia Chylonia. En consecuencia, dispuse la retirada del batallón por el mismo camino anterior, es decir, por el borde del bosque hacia Chylonia.
El batallón, completamente agotado, llegó a Chylonia el 13 de septiembre alrededor de las 4:30. Allí se incorporaron al batallón los oficiales y soldados que se habían perdido en el bosque de Gniewowo durante la persecución del enemigo.
Allí recibí la orden de marchar por el eje Chylonia–Pogórze hacia Kępa Oksywska.
La retirada no significaba que la guerra hubiera terminado para esos hombres. Significaba que Gdynia dejaba de ser el centro inmediato de la defensa y que Oksywie se convertía en el lugar donde se concentrarían las fuerzas restantes. Al día siguiente, desde el lado alemán, la ocupación de la ciudad quedó reducida a una nota breve, casi administrativa:
14 de septiembre.
El enemigo se retiró el 13 de septiembre en todo el frente. [...] El Grupo Eberhardt ocupó Gdynia sin combate durante la mañana. El puesto de mando fue instalado en el ayuntamiento de Gdynia.
Pero la misma mañana en que el parte alemán lo resumía con esa frialdad, tenía otro rostro para quienes permanecían en la ciudad. Bolesław Kielbratowski, en un texto publicado años después, recordaría el primer día de la ocupación desde las calles de Gdynia. Su relato no describe una batalla calle por calle. Describe algo distinto: la entrada lenta de los vencedores en una ciudad que, al no poder seguir defendiéndose desde el centro urbano, respondió con silencio:
El verdadero día de la ocupación de Gdynia por el ejército hitleriano fue el jueves 14 de septiembre. Esa mañana, las primeras patrullas del enemigo aparecieron en la calle Świętojańska, junto al Comisariado del Gobierno —hoy Ayuntamiento de Gdynia—. Luego se acercaron, con gran cautela, hasta la calle Lipowa y se detuvieron junto a la siguiente barricada; hicieron un reconocimiento del terreno y regresaron a su punto de partida. Allí empezaron a concentrarse unidades más numerosas de tropas motorizadas e infantería, preparándose para la “entrada victoriosa” en la capital marítima polaca, que no tardó en producirse.
Los automóviles con soldados avanzaban lentamente por el centro de la calle Świętojańska y, a los lados, marchaba la infantería, armada como para un asalto. Los soldados en los vehículos llevaban los fusiles apuntados a las ventanas de las casas. Cada observador y cada uno de sus movimientos quedaban bajo la atenta vigilancia de las tropas, pero había muy pocos observadores. Durante el desfile, todas las ventanas debían estar cerradas.
La población de Gdynia mantuvo una actitud digna ante el ocupante que entraba en la ciudad: no se mostró en las calles. La ciudad estaba sumida en un silencio sepulcral y parecía muerta. Sin embargo, aparecieron algunos renegados y partidarios del hitlerismo, hasta entonces ocultos o relativamente encubiertos, así como espías, que, con su conducta indignante —colgando esvásticas o entregando flores a los soldados alemanes que entraban—, atrajeron sobre sí el estigma de la vergüenza y se excluyeron así del seno de nuestra nación. Rara vez una ciudad recibió con tanta frialdad y con tanto desprecio a un ejército hitleriano que entraba en sus muros como lo hizo Gdynia. Por eso el enemigo, al verlo, juró tomar una venganza sangrienta.
El invasor, una vez asentado firmemente en Gdynia, se puso de inmediato a ejecutar el plan de exterminio de la población de aquella ciudad tan polaca. El primer acto fue la toma de rehenes entre las personalidades más destacadas de la ciudad. Otra disposición de las autoridades de ocupación fue la orden de que todos los hombres se presentaran en la plaza junto al Comisariado del Gobierno. La acción fue dirigida por miembros de las SA de Gdańsk y Sopot. En la plaza señalada se reunieron grandes masas de convocados. La mayoría de nosotros sufrió allí una gran humillación por parte de los hitlerianos durante el registro personal al que cada uno fue sometido. Fue un registro muy minucioso. Navajas, hojas de afeitar, llaves y, en general, todos los objetos que los hitlerianos que nos registraban consideraban peligrosos para ellos fueron confiscados. Algunos también perdieron fácilmente, durante el registro, sumas importantes de dinero en efectivo. Rara vez alguien no recibió en aquella ocasión un empujón, una patada o una bofetada. A algunos grupos se les ordenó tenderse en el suelo, o más bien en los charcos formados por la lluvia; entonces, un equipo especial de filmación de Gdańsk grabó esos momentos en la cinta como un episodio de la “derrota del ejército polaco vestido de civil”.
Después de aquel “registro” minucioso, nos condujeron bajo fuerte escolta, como condenados, hacia el centro: a iglesias, cines y escuelas. Muchas mujeres que observaban aquello desde las aceras y las ventanas lloraban. Algunas de ellas, acercándose a nuestras filas, querían despedirse de sus seres queridos, pero los brutales hombres de las SA que nos escoltaban las apartaban con las culatas.
Empujados dentro de cines, iglesias y escuelas, no sabíamos ni podíamos prever cuál sería nuestra suerte. A más de uno lo atormentaban las peores suposiciones, teniendo en cuenta el trato anterior. Algunos creían que el enemigo volaría los edificios en los que nos había encerrado. Otros pensaban que los alemanes dirigirían sobre nosotros el fuego concéntrico de su artillería o nos bombardearían desde aviones. El fuerte cañoneo de Oksywie que se producía en ese momento desde piezas situadas justo junto a nosotros parecía confirmar tales conjeturas. A esta suposición se oponía el hecho de que entre nosotros se encontraban también guardias alemanes, a quienes seguramente no se quería enviar al otro mundo junto con nosotros.
Después de largas horas de espera para que se aclarara nuestra suerte, se produjo de pronto un gran movimiento en la sala, que nos interesó profundamente a todos. Esperábamos algún giro en nuestra situación misteriosa. Aquel movimiento, como resultó, se debía a la aparición en la sala de uno de los estados mayores de la Gestapo de Gdańsk, que de inmediato empezó a “juzgarnos” a cada uno por separado.
Aquel juicio se desarrollaba simultáneamente en varias mesas. El interrogatorio era muy minucioso. Primero, los gestapistas que nos juzgaban revisaban un grueso libro que contenía, en orden alfabético, una lista de “delincuentes” preparada por ellos durante varios años; cuando no encontraban allí el apellido del examinado, comprobaban si figuraba en un segundo libro, más delgado, compilado probablemente en el último momento. El destino de quienes figuraban en esas listas quedaba decidido. A ellos los consideraban “delincuentes graves” que, de acuerdo con el plan de los hitlerianos, debían ser “neutralizados”. El camino de esos hombres conducía a las prisiones, a los campos de concentración y al exterminio. Muchas amistades y lazos creados a lo largo de años de colaboración, muchos colegas y seres cercanos fueron separados para siempre después de aquel día de “juicio”.
Después de una noche lluviosa, la ciudad quedó sumida en tinieblas que parecían ocultar más de un secreto. En las calles reinó un silencio sordo y siniestro, interrumpido de vez en cuando por los pasos pesados de los soldados de patrulla o por el fuego más prolongado de la artillería dirigida contra Oksywie. Aquella noche no invitaba en absoluto al sueño a los habitantes de la ciudad.
Así transcurrió el día 14 de septiembre de 1939: el primer día de la ocupación hitleriana en Gdynia.
La caída de Gdynia no cerró la defensa del litoral. La desplazó. Mientras la ciudad quedaba bajo mando alemán, el combate continuaba en Kępa Oksywska, hacia donde habían marchado los restos de las unidades polacas, los mandos y las reservas que aún podían resistir. La misma artillería que inquietaba a los hombres encerrados en Gdynia marcaba, a la distancia, el nuevo centro de la lucha.
Aquel 14 de septiembre tuvo, por eso, una doble imagen. En el papel alemán, fue una ocupación sin combate durante la mañana. En la memoria polaca, fue el día en que la ciudad guardó silencio; los hombres fueron llamados a las plazas y edificios, y el ruido de Oksywie recordó que la guerra seguía a pocos kilómetros. Gdynia había caído; la defensa todavía no.
Si deseas saber más, busca el título Gdynia 1939. Relacje uczestników walk lądowych [Gdynia 1939. Relaciones de participantes en los combates terrestres], preparado con introducción, selección y comentarios de Wacław Tym y Andrzej Rzepniewski.

Soldados alemanes retiran el emblema polaco de un edificio identificado como el Comisariado del Gobierno en Gdynia, el 14 de septiembre de 1939. La escena muestra la sustitución simbólica del poder polaco en la ciudad ocupada. (Foto cortesía de: Bundesarchiv / Wikimedia Commons)

Vista alemana del área de combate frente a Kępa Oksywska, 1939. Tras la caída de Gdynia, la meseta de Oksywie quedó como el principal espacio de resistencia polaca en el litoral. (Foto cortesía de: Polona / Biblioteca Nacional de Polonia, vía Wikimedia Commons)

Fragmento de un mapa topográfico polaco de la década de 1930 con Kępa Oksywska. La zona se convirtió, tras el abandono de Gdynia, en el centro de la defensa polaca que continuó al norte de la ciudad. (Imagen cortesía de: Wikimedia Commons, dominio público)

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