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La muerte del HMS Courageous

El HMS Courageous se hunde tras ser torpedeado por el U-29 al sudoeste de Irlanda, el 17 d

El HMS Courageous se hunde tras ser torpedeado por el U-29 al sudoeste de Irlanda, el 17 de septiembre de 1939. Muchos supervivientes describieron los últimos minutos del portaaviones entre explosiones, petróleo, balsas y restos flotantes. Con el buque se perdieron 518 hombres y todos los Fairey Swordfish de los escuadrones 811 y 822 del Fleet Air Arm. (Foto cortesía de Imperial War Museums / Ministry of Information Second World War Press Agency Print Collection).

El 17 de septiembre de 1939, la guerra parecía abrirse en más de una dirección a la vez. En tierra, Polonia combatía todavía contra la invasión alemana cuando, desde el este, el Ejército Rojo cruzó la frontera y convirtió la resistencia polaca en una lucha casi imposible. En el oeste, Francia y Gran Bretaña habían declarado la guerra a Alemania, pero el frente terrestre permanecía contenido, expectante, sin la gran ofensiva que Varsovia necesitaba.

En el mar, sin embargo, la guerra ya tenía otro ritmo. Allí no había espera diplomática ni silencio de trincheras. Desde los primeros días de septiembre, los U-Boote alemanes habían comenzado a operar contra el tráfico marítimo y contra las fuerzas navales británicas. La Royal Navy, obligada a proteger rutas, puertos y accesos oceánicos, buscaba todavía la forma más eficaz de contener una amenaza que no siempre se veía antes de atacar.

Una de esas respuestas iniciales consistía en emplear portaaviones en patrullas antisubmarinas, apoyados por destructores y aviones embarcados. El HMS Courageous, antiguo crucero de batalla convertido en portaaviones, navegaba al sudoeste de Irlanda. Había salido de Plymouth el día anterior y operaba con aviones Fairey Swordfish del Fleet Air Arm. Durante la tarde, parte de su escolta fue desviada para acudir en ayuda de un mercante atacado. Más tarde, al recuperar sus aviones, el portaaviones quedó expuesto en un momento vulnerable.

Aquella tarde, el submarino alemán U-29, al mando de Otto Schuhart, logró situarse en posición de ataque. El Courageous había virado contra el viento para recuperar sus aviones. A las 19:50, el U-29 lanzó una salva de torpedos. Dos alcanzaron al portaaviones por babor. En cuestión de minutos, el buque comenzó a escorar. En menos de veinte minutos, había desaparecido.

Marine M. Reidy, reservista de la Royal Fleet Reserve, estaba en la cubierta de vuelo cuando llegaron las explosiones. Su relato conserva la confusión de la noche, la rapidez del hundimiento y la percepción inmediata de los hombres que, desde el buque y luego desde el agua, no podían saber todavía qué había ocurrido realmente con el submarino atacante​:

A las ocho menos cinco yo estaba en la cubierta de vuelo. El submarino nos atacó de costado. Nos alcanzaron hacia las ocho menos cinco y el Courageous había desaparecido hacia las ocho y cuarto. El destructor que venía detrás de nosotros se puso al través y lanzó cargas de profundidad. Después de una de ellas, el submarino salió del agua. Esto fue antes de que abandonáramos el buque. Vimos al submarino salir volando del agua. Todos vitorearon. Estoy firmemente convencido de que se hundió.

Después de las dos explosiones, el Courageous presentó una clara escora a babor. Salté desde la cubierta de vuelo hasta la plataforma del C.P. —el puesto de control— y esperé un rato para recibir órdenes y ver qué ocurría. La siguiente orden llegó unos cinco minutos después del torpedeo. Fue: “abandonen el buque”, transmitida de boca en boca por las cubiertas. El sistema de altavoces que normalmente daba las órdenes había quedado inutilizado, de modo que la orden pasó de hombre a hombre.

La única embarcación que pudieron sacar fue el cúter y, en cuanto lo bajaron al agua, se hundió. Después bajaron la lancha a motor en la parte de popa del costado de babor. Los marines salieron corriendo desde el comedor y en cuanto llegó la orden de “abandonen el buque”, la mayoría saltamos directamente por la borda. Las balsas fueron soltadas y algunos hombres saltaron sobre ellas. Pero yo era buen nadador, así que nadé.

Algunos muchachos cometieron el error de correr hacia el costado de estribor; pero a medida que ese lado subía más y más, descubrieron que ya no podían saltar al mar, y algunos empezaron a correr por la cubierta de vuelo. Muchos debieron perder la vida de ese modo.

Los motores no se detuvieron en cuanto el Courageous fue alcanzado y seguimos avanzando unos buenos doscientos metros. Al principio me pregunté si de verdad estaba tan gravemente dañado porque no se detenía. La explosión derrumbó parcialmente el puente porque impactó justo debajo de él.

Algunos hombres conservaron el dinero en los bolsillos y no se quitaron los pantalones. Cuando todos saltamos por la borda, esos hombres se alejaron hasta cierto punto y luego descubrieron que no podían seguir nadando con los pantalones puestos. Entonces intentaron quitárselos a patadas, pero no pudieron. Varios se ahogaron de ese modo. Había mucha madera flotando alrededor, además de balsas y la lancha a motor, pero yo seguí nadando hasta ver que todos los que estaban cerca de mí tenían algo, porque no tenía miedo en absoluto. Sabía que era buen nadador.

Cuando todos tuvieron algo, me agarré a un tronco.

El capitán del destructor maniobró su buque de modo que las olas rompieran contra él y empujaran a los hombres hacia su costado; luego lanzó escalas y cabos, y los fueron izando a medida que llegaban. Algunos miembros de la tripulación se tiraron desde el costado de su buque y subieron a hombres agotados.

Cuando entré al agua, el destructor estaba a aproximadamente una milla y media de distancia; pero cuando el Courageous se hundió, fue acercándose poco a poco, aunque temía mover las hélices por si algunos pobres hombres quedaban atrapados en ellas. Otro destructor siguió lanzando cargas de profundidad hasta que estuvieron seguros de que el submarino se había ido. Un buque holandés y otro estadounidense también estaban en las inmediaciones y ayudaron a recoger a los supervivientes.

Entré al agua a las ocho y diez y me recogieron hacia las nueve y cuarto. Quisiera rendir un homenaje especial al capitán del destructor por su magnífica marinería al mantener el buque frente al oleaje y a los marineros por la forma en que trabajaron para rescatarnos. Vaciaron sus bolsas de equipo para nosotros, y cuando llegué a tierra iba vestido con dos mantas sujetas alrededor del cuerpo con un cinturón y una chaqueta impermeable.

Conviene leer el testimonio de Reidy con una cautela necesaria: Reidy, como otros supervivientes, creyó que las cargas de profundidad habían destruido el submarino. Hoy sabemos que no fue así; el U-29 logró escapar durante la noche.

Si deseas saber más, visita WW2 Memories, sección Eyewitness Story – Sinking of HMS Courageous 1939, con el relato reproducido de The War Illustrated.

 

La escena que Reidy dejó escrita conserva algo más que la secuencia del hundimiento. Conserva también la confusión del superviviente: el ruido de las cargas de profundidad, la certeza momentánea de que el enemigo había sido destruido, la urgencia de saltar antes de que el costado se alzara demasiado, la lucha contra el petróleo y la ropa empapada, y la paciencia arriesgada de los destructores que no podían acercarse con libertad por miedo a triturar con sus hélices a los hombres que flotaban en el agua.

El Courageous se hundió con rapidez suficiente para que cada hombre conservara apenas fragmentos: una explosión, una orden transmitida de boca en boca, una cuerda, una balsa, una voz cercana. Tom Hughes, escribiente naval de dieciocho años, de St Anne’s, relató su experiencia a bordo del Courageous:

Cuando nos dimos cuenta de que nos habían torpedeado, nuestros hombres estaban tan enfurecidos que arrojaron cargas de profundidad por la borda en un intento de hundir al U-Boot.

Yo estaba nadando cuando oí un rugido sordo. De pronto, el submarino salió por completo del agua y volvió a caer como una piedra. No había duda de que se había hundido. Cientos de nosotros, que luchábamos por nuestras vidas en el agua, lanzamos vítores. Mientras nadábamos, alguien gritó:

¿Estamos desanimados? Y hubo un rotundo: —¡No!— como respuesta.

En cuanto a mí, solo nadé y nadé. Aquellas tres horas en el agua parecieron mucho más largas. Debo rendir homenaje a la forma en que se manejó el destructor que nos salvó. Fue maniobrado de modo que el oleaje generado por su avance nos ayudó a nadar hacia él.

Cuando ya estaba bastante cerca, un compañero nadó junto a mí y me dijo:

Ayúdame.

Lo agarré del cabello y, cuando un hombre del destructor me sujetó para subirme a bordo, yo todavía lo tenía agarrado. La larga ausencia de aquel hombre en la barbería le salvó la vida.

Otra impresión que vivirá en mi memoria es la de un sargento de los Royal Marines que parecía cubrir una distancia enorme, nadando de hombre en hombre y diciendo frases como:

Sigue adelante, muchacho, y estarás bien. Mantén el corazón y la cabeza arriba.

Hubo héroes en abundancia, pero aquel sargento fue el más grande que vi.

También aquí debe conservarse la misma cautela histórica. Hughes, como Reidy, creyó que el submarino había sido destruido. La reconstrucción naval posterior confirma que el U-29 no fue hundido esa noche.

Si deseas saber más, visita WW2 Memories, sección Naval Writer talks about Sinking of HMS Courageous, con el relato de Tom Hughes reproducido de The War Illustrated.

Fuera de aquellas voces, la cronología naval permite ordenar lo que los hombres en el agua no podían saber. El U-29 había disparado una salva de tres torpedos. Dos alcanzaron al Courageous por babor. El portaaviones escoró con rapidez y se hundió en unos diecisiete minutos, cerca de 190 millas al sudoeste de Dursey Head, Irlanda. Con él se perdieron el capitán William T. Makeig-Jones, oficiales, marineros y personal aéreo. También se fueron al fondo los Swordfish de los escuadrones embarcados.

La noche dejó una confusión comprensible. Para los supervivientes, entre explosiones, petróleo, restos flotantes y cargas de profundidad, parecía posible que el submarino hubiera sido destruido. Pero el U-29 escapó. Esa diferencia entre lo visto desde el agua y lo reconstruido después por la historia no debilita los testimonios; al contrario, los sitúa en su lugar exacto: no como un informe técnico, sino como memoria inmediata de hombres que intentaban sobrevivir.

La pérdida del Courageous obligó a la Royal Navy a aprender una lección amarga en los primeros días de la guerra: un portaaviones, incluso acompañado de destructores, podía convertirse en presa si se lo empleaba en patrullas antisubmarinas demasiado expuestas. El Atlántico apenas empezaba a mostrar su lenguaje: largas horas de búsqueda, segundos de impacto y después hombres cubiertos de petróleo cantando para no hundirse antes de que el mar terminara de cerrar la noche.

El HMS Courageous frente a Spithead durante la revista naval de 1937..jpg

El HMS Courageous frente a Spithead durante la revista naval de 1937, dos años antes de su hundimiento. La fotografía no corresponde al ataque del 17 de septiembre de 1939, pero muestra el perfil del portaaviones que la Royal Navy empleó en patrullas antisubmarinas durante las primeras semanas de la guerra. (Foto cortesía de Imperial War Museums / Royal Air Force Gosport Collection).

Un Fairey Swordfish aterriza en la cubierta del HMS Courageous durante ejercicios de prote

Un Fairey Swordfish aterriza en la cubierta del HMS Courageous durante ejercicios de protección de convoyes en 1938. El 17 de septiembre de 1939, el portaaviones operaba con Swordfish del Fleet Air Arm en patrulla antisubmarina; todos los aparatos de los escuadrones embarcados se perdieron junto con el buque. (Foto: Getty Images).

Fairey Swordfish del Escuadrón 821 a bordo del HMS Courageous, con un destructor no identi

Fairey Swordfish del Escuadrón 821 alineados sobre la cubierta de vuelo del HMS Courageous, con un destructor no identificado siguiéndolo por la popa. La fotografía ilustra la aviación embarcada y la escolta antisubmarina británica en los años inmediatamente anteriores a la guerra, el mismo tipo de combinación táctica que el Courageous empleaba cuando fue torpedeado por el U-29 el 17 de septiembre de 1939. (Foto: Karl Stubley, R.A.F. Collection)

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