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Desembarco aliado en la zona de Pachino, Sicilia, 10 de julio de 1943. La llegada de tropa

Desembarco aliado en la zona de Pachino, Sicilia, 10 de julio de 1943. La llegada de tropas, vehículos y suministros abrió la campaña terrestre que, diez días después, llevaría a los canadienses hacia Valguarnera, Leonforte y Assoro. (Biblioteca y Archivos de Canadá / Departamento de Defensa Nacional, PA-166751).

La campaña de Sicilia había dejado atrás la primera impresión de un avance rápido. Las playas del sur ya estaban lejos, los italianos se rendían con frecuencia, Palermo estaba a punto de caer en el sector estadounidense y el Eje empezaba a concentrar su resistencia en el terreno que mejor podía defender: las montañas, los pueblos altos, las carreteras estrechas y los pasos dominados desde arriba.

En el sector de la Octava Armada británica, la 1.ª División canadiense avanzaba hacia el interior de la isla en una guerra cada vez más física. El polvo, la sed y el calor se mezclaban con un enemigo que ya no se limitaba a ceder terreno. Las unidades alemanas aprovechaban cada altura, cada curva de carretera y cada barranco para retrasar el avance aliado hacia el noreste de Sicilia.

Assoro era una de esas alturas. El pueblo se alzaba sobre el valle del Dittaino, cerca de una antigua fortaleza normanda, con una vista amplia de los accesos que subían desde el sur. Por la carretera, cualquier ataque parecía condenado a convertirse en una subida lenta bajo fuego alemán. Por la pared más abrupta, la montaña parecía sencillamente imposible.

El Hastings and Prince Edward Regiment venía de combatir en Valguarnera y aún arrastraba el cansancio de los días anteriores. Su comandante, el teniente coronel Bruce Sutcliffe, salió a reconocer los accesos a Assoro junto con su oficial de inteligencia. Un cañón alemán de 88 mm convirtió ese reconocimiento en una pérdida repentina. El mando pasó entonces a Lord John Tweedsmuir, todavía joven, de voz suave, hijo del antiguo gobernador general de Canadá, y ahora responsable de resolver una operación que, desde el valle, parecía más propia de una leyenda que de un plan militar.

La decisión fue intentar lo que los alemanes consideraban improbable: avanzar de noche por terreno quebrado, cruzar barrancos y torrentes secos, llegar al pie de la pared y escalar hacia la cima antes del amanecer. Uno de los oficiales seleccionados para aquella compañía especial de asalto fue Farley Mowat, que años después recordaría no solo el plan, sino la mezcla de miedo, orgullo, agotamiento y extrañeza que acompañó la marcha… Ver Más

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