Los griegos capitulan

El SS-Obergruppenführer Sepp Dietrich, al mando de la Leibstandarte SS Adolf Hitler, discute con oficiales del Estado Mayor griego los términos de la rendición en Grecia. Los griegos resistieron la invasión alemana a pesar de las abrumadoras probabilidades en contra de ellos. Hitler, en un inusual signo de respeto, ordenó que ningún soldado griego sería tomado prisionero de guerra y que los oficiales podrían conservar sus armas cortas.

El ejército griego había sucumbido ante las fuerzas alemanas e italianas, pero eso solo aumentó el resentimiento helénico sobre los países del Eje, particularmente Italia, quienes deseaban, ante la insistencia de Mussolini, humillar a los griegos. No obstante la capitulación del ejército griego, los australianos y neozelandeses continuaban combatiendo, aunque ya con fuerzas inferiores.

 

En preparación para los combates finales, los alemanes habían detenido su avance en Janina para reagruparse y realizar un ataque decisivo en el área de las Termópilas; mientras tanto los bombardeos sobre el puerto de Pireo continuaban, así como en los aeródromos aliados en la zona de Atenas.

 

Sin embargo, Franz Halder, Jefe del Alto Mando del ejército alemán, no estaba preocupado por la campaña en Grecia, sino por el teatro norafricano. El 23 de abril de 1941, registró en su diario de guerra:

Un tanque alemán Panzerkampfwagen III avanzando en los Balcanes, en abril de 1941.

Negociaciones con los italianos y griegos se prolongaron hasta el mediodía. Por la tarde por fin la capitulación fue firmada. Antes, sin embargo, la radio italiana lanzó reportes de la capitulación como un hecho consumado, causando molestia en la OKW [Oberkommando der Wehrmacht].

 

Nuestras tropas se acercan al Paso de las Termópilas vía Lamía, y ataca a Euboea desde el área de Vólos. En el Paso de las Termópilas, el enemigo aún resiste, pero aparentemente con elementos de retaguardia débiles. A los tanques abandonados en el área de Lamía los británicos les prendieron fuego.

 

Hasta el mediodía, hay un continuo ir y venir sobre si debiéramos mover el cuartel general. Finalmente fue alcanzada una decisión cuando declaro que yo iré.

 

La razón de mi insistencia es la situación en el norte de África. Me está preocupando y la información pertinente sólo está disponible en Zeppelin. Rommel no nos ha enviado un solo informe claro en todos estos días, pero tengo el presentimiento de que las cosas están hechas un desastre. Los reportes de oficiales llegando de su teatro, así como una carta personal, muestran que Rommel no está de ninguna manera a la altura de su tarea operacional. A lo largo del día corre por entre sus unidades ampliamente dispersas y organiza ataques de reconocimiento en las que malgasta sus fuerzas. Nadie tiene un panorama claro de sus disposiciones y poder de ataque. Sólo resulta certero que sus tropas están ampliamente dispersas y que su eficiencia de ataque está deteriorada considerablemente. Las acometidas poco sistemáticas de las débiles fuerzas blindadas han sido costosas. Aparte de esto, sus vehículos están en condiciones pobres por la acción de la arena del desierto. Muchos de los motores de sus tanques necesitan ser remplazados. El transporte aéreo no puede satisfacer las demandas insensatas de Rommel, primordialmente por la falta de combustible, los aviones aterrizando en el norte de África no encuentran combustible para su viaje de regreso. En vista de todo esto, es esencial aclarar la situación en el norte de África sin demora. Después de cavilar sobre el asunto, declino volar allá. No sería bueno para mí ir allí simplemente con fines de investigación de los hechos. Si voy, quiero tener la autoridad para dar órdenes. ObdH [Oberfehlshaber des Heeres, comandante en jefe del Ejército, Walther von Brauchitsch] tiene objeciones particulares al respecto y pretende dificultades con el Alto Mando italiano. Las razones reales, por supuesto, son otras, pero quizá sea mejor despachar al general mayor Paulus. Tiene buenas relaciones personales con Rommel desde hace mucho tiempo, cuando sirvieron juntos, y quizá sea el único hombre con suficiente influencia personal para detener a este soldado que sea ha vuelto loco de atar. Representantes del Sec. Op., Sec. Org., Cuar. Gen., asi como el capitán Loyke y Sottman de la marina, le acompañaran.

Si quieres saber más, lee “The Halder War Diary 1939-1942” [El diario de guerra de Halder 1939-1942], editado por Charles Burdick y Hans-Adolf Jacobsen.

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