Por la tarde del 27 de mayo, al destructor de la clase Hunt, el HMS Eridge, se le ordenó salir de su labor como escolta de convoy y unirse a la cacería de un submarino alemán, llevándose a cabo frente a las costas de Libia. Pronto, el HMS Eridge se convirtió en el único destructor al cual le quedaban cargas de profundidad.

 

Su comandante, Frank Gregory-Smith, ordenó al HMS Hero que se retirara para rearmarse. Los ánimos se calmaron mientras realizaban la paciente búsqueda. Fue después de la medianoche, en las primeras horas del día 28 de mayo, que el U-Boot fue detectado de nuevo. Ahora sería una mezcla de suerte y afinada toma de decisiones las que determinarían el resultado de la cacería:

Cacería de un U-Boot en el Mediterráneo

El destructor de la clase ‘Hunt’, el HMS Eridge, visto aquí navegando en 1941. Los diez destructores de esta clase fueron nombrados en honor a asociaciones de caza de zorros ubicados en diferentes partes de la Gran Bretaña.

Todas las armas fueron tripuladas en la dirección en la cual se esperaba que apareciera. Este estaba en el sector más oscuro, por lo que las siluetas de los destructores serían claramente recortadas contra la luna del cielo sureño. Como estábamos esperando que tratara de escapar en la superficie, mientras que luchaba con cañón y torpedos, sería imprescindible abrir fuego antes de que sus propias armas pudieran ser utilizadas. Todo el mundo estaba muy consciente de esto durante la emocionante, ansiosa espera, antes de que una mancha oscura gradualmente se materializara contra el fondo más oscuro.

 

El faro se iluminó de inmediato mostrando el U-Boat revolcarse suavemente en el ligero oleaje que se vertía sobre su casco y brillando con la luz de la luna. La velocidad se incrementó a quince nudos para contrarrestar un escape en la superficie y a los cañones se les dio la orden de abrir fuego. Pero fue un error utilizar el armamento principal, porque el resplandor de los cañones de cuatro pulgadas temporalmente cegó a todos en la cubierta superior. ‘Alto al fuego’ se ordenó rápidamente, pero para el momento en que se restauró la visión, el U-Boat se había desvanecido.

 

Las búsquedas por delante con el radar y el detector de submarinos fueron negativas, tampoco se escuchaban ruidos de hélices, a pesar de que uno en el puesto de observación pensó que había visto al U-Boat más adelante. Así que la velocidad tuvo que ser mantenida, mientras que los instrumentos trataban de verificar su reporte. Los resultados fueron una vez más negativos, los motores se detuvieron y, al mismo tiempo, Hurworth informó que se había perdido el contacto.

 

Ahora la iniciativa la tenía el U-Boat, que incluso podía cambiar su papel de presa a cazador. Ella también tenía una opción de varios cursos de acción adicionales, ya sea sumergida o en la superficie, y sus perspectivas de escape serían mucho mejores a menos que adivináramos lo que estaba haciendo.

 

Si ella se había adelantado, difícilmente correría el riesgo de acercarse a las proas de cualquiera de los destructores, por lo que nuestra velocidad habría sido suficiente para no perderla de vista. Pero no era así. Pero si se había quedado donde había salido a la superficie, el Eridge la habría pasado mientras que los de la cubierta superior estaban cegados. Ella tendría entonces la oportunidad de moverse en cualquier dirección entre Oriente y Occidente en un semicírculo hacia el sur y, estando a popa, no podía ser detectada por nuestro primitivo radar fijo.

 

Por otro lado, la luna estaba ahora en nuestro favor y los ruidos de la hélice debían ser audibles. Pero no fue ni vista ni oída. ¿Si se hubiera sumergido hacia nuestro paso, donde la turbulencia causada por las hélices haría las transmisiones de los detectores? Esto parece una conclusión razonable, por lo que ordené a ambos destructores revertir el curso y llevar a cabo una búsqueda en el sur. ¡Cuán invaluable hubiera sido el Hero en ese momento!

 

Luego siguieron unos interminables, ansiosos treinta minutos. Las transmisiones del detector fluían monótonamente, sin ningún eco correspondiente. Cada falta de respuesta parecía subrayar, con insistencia cada vez mayor, que se había sido seleccionado la acción equivocada. Si es así, el submarino se estaría alejando cada minuto que pasara y cualquier búsqueda alternativa sería inútil.

 

Así que seguimos adelante con obstinación, hasta que, justo cuando estábamos empezando a desesperarnos, el detector recibió el susurro de un eco a un rango extremo. Podría haber venido de un naufragio o de un cardumen de peces, pero a medida que el Eridge se acercaba, los ecos se hicieron tan claros que ya no cabía duda. ¡Era el U-Boat! Poco después, Hurworth informó que ella también había logrado hacer contacto.

 

El U-Boat se dirigió hacia el sur por aproximadamente una hora. Entonces, de repente, viró de regreso de nuevo en su trayecto y comenzó a zigzaguear en dirección norte. Pero las condiciones eran todavía tan buenas que el detector de submarinos no tuvo ninguna dificultad en mantenerse con ella. Nuestra principal preocupación seguía siendo la falta de cargas.

 

A las 0400, el U-568 apareció por última vez. Se acercó con cuidado y en silencio, sin ninguna queja. En un momento, el mar por delante estaba vacío; al siguiente estaba navegando lentamente en el suave oleaje. Un segundo más tarde fue capturado en la estela de luz de nuestro faro, el cual reveló a varios marineros saliendo a tumbos de la torre de mando. Podrían haber sido los miembros de la tripulación del cañón, por lo que se abrió fuego para disuadirlos.

Esta vez no repetimos nuestros errores. El Eridge mantuvo su baja velocidad, mientras que sólo sus cañones de corto alcance rastrillaron el casco del U-Boat, en el cual las trazadoras rebotaban describiendo patrones curiosos en el aire. Mientras que el Eridge llegó al lado, el patrón final de cinco cargas fue liberado. Estas se dispusieron poco profundas y detonaban con una poderosa explosión, empapando al U-Boat con un gran chorro de agua.

 

Los hombres estaban saltando al mar, por lo que el fuego fue detenido y el ballenero fue enviado con un grupo de abordaje, con la ligera esperanza de llegar a bordo para evitar que fuera echado a pique. Sin embargo, era evidente que el U-Boat estaba inundándose, así que el ballenero pronto asumió el papel más humanitario de salvar vidas. Si bien recuerdo, el Eridge solo recogió a toda la compañía del U-Boat que, al llegar a Turku, se dividió entre el Eridge, el Hurworth, y el Hero para continuar hacia el paso de Alejandría.

Si deseas saber más, lee “Red Tobruk: Memoirs of a World War II Destroyer Commander” [Tobruk rojo: memorias de un comandante de destructor de la Segunda Guerra Mundial], de Gregory Smith.

Miembros del equipo del cañón “Y” a bordo del destructor HMS Eridge, relajándose y divirtiéndose con improvisados instrumentos musicales. Una imagen que no ocurriría la noche del 27/28 de mayo 1942 mientras cazaban a un U-Boat.

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