top of page
Una vista familiar del campo de batalla en Kursk, ambas partes tuvieron enormes pérdidas e

El campo de batalla de Kursk concentró blindados, artillería, aviación e infantería en una de las mayores batallas terrestres de la guerra. En torno a Ponyri, la defensa soviética se apoyó en posiciones preparadas, fuego antitanque y una resistencia escalonada frente al avance alemán.

En el segundo día de la ofensiva alemana contra el saliente de Kursk, la batalla ya no era una maniobra limpia sobre el mapa. En el norte, el 9.º Ejército alemán de Walter Model empujaba contra una defensa soviética preparada durante semanas: trincheras, campos de tiro, minas, posiciones antitanque y reservas escalonadas detrás de la primera línea.

La zona de Ponyri se convirtió pronto en uno de los puntos en los que esa defensa se volvió más densa. No era solo un nombre en la línea férrea al norte de Kursk. Para los soldados que estaban allí, era una sucesión de campos, barrancos, posiciones camufladas, ruido, polvo y espera. La guerra de blindados, tantas veces contada desde la distancia de los mapas, dependía también de hombres escondidos en el centeno, aguantando hasta que los tanques entraran en el alcance de sus cañones.

Nikolai Litvin era uno de esos artilleros soviéticos. Su batería había sido enviada al sector de la 307.ª División de Fusileros y colocada bajo su mando provisional. La noche anterior, sus hombres habían ocupado una franja de terreno vulnerable a un ataque de tanques, entre dos barrancos paralelos al este de Ponyri. Camuflaron los cañones y esperaron.

Su recuerdo no presenta Kursk como una abstracción estratégica. Lo reduce a una distancia de trescientos metros, a una orden de abrir fuego, a una lata de comida, a una formación de Stukas y a una bomba que cae directamente sobre una zanja… Ver Más

bottom of page