El 7 de mayo de 1942, el submarino alemán U-333 estaba a las afueras de la Florida, una vez más en patrulla bajo las órdenes de la Operación Drumbeat, el ataque continuo contra la navegación en la costa Este de los Estados Unidos, que había estado en marcha desde el comienzo del año.

Paulatinamente, las medidas de los Estados Unidos contra los submarinos alemanes se estaban convirtiendo más poderosas y mejor organizadas. Los segundos ‘tiempos felices’ que los submarinos habían disfrutado durante un largo período estaba comenzando a llegar a su fin.

Un encuentro con el USS Dallas casi acabó con el U-333. Su capitán Peter Cremer fue capaz de incluir ambos lados de la historia cuando escribió sus memorias durante la posguerra, utilizando los archivos navales de los Estados Unidos. Después de un ataque sostenido con cargas de profundidad por parte de dos navíos de la Guardia Costera, el PC 450, el PC 451, así como el destructor Vigilant, el U-333 había sido dañado y había perdido combustible. Posteriormente, el USS Dallas, se había movilizado listo para aniquilarlo:

El U-333 escapa de ataque feroz

El USS Dallas, un destructor de 1919 de la clase Clemson.

De hecho, nos habían lanzado cargas de profundidad persistentemente por 15 horas, como ellos habían confirmado. Nosotros mismos nos habíamos olvidado del tiempo. Bajo la cubierta, la noche el día eran lo mismo e igualmente peligrosos, pero de acuerdo con nuestro cronómetro, era ahora 7 de mayo.

 

Tuvimos que salir a la superficie. Mientras tanto, sin embargo, otro destructor había arribado a la escena de acción, el Dallas de la Escuela de Defensa Submarina en Key West. El destructor tenía órdenes de tomar parte en la cacería y acabar con el U-Boot, supuestamente dañado por el PC 451. Un avión de reconocimiento estaba cooperando, había encontrado nuestro rastro de aceite en las aguas cristalinas del Golfo y lanzó una bomba de humo para marcarlo. Dallas hizo un buen contacto de Asdic y ahora poderosamente se unía al ataque con cargas de profundidad, en un principio a tientas con lanzamientos solitarios y después continuando con series. Afortunadamente, no fueron mejores que los anteriores y, además, ya tenía aguas más profundas a mi alrededor. El Dallas cayó víctima de una ilusión cuando creyeron que habíamos salido a la superficie y todos los cañones fueron dirigidos hacia mi supuesta torre de mando, que entonces -según la bitácora del Dallas- resultó ser el ‘hervidero de las cargas de profundidad’ y se colapsaban en sí mismas.

 

El destructor informó que ‘el submarino maniobró a una velocidad bastante buena y con agilidad’ y ella siguió nuestra mancha de aceite que formaba un círculo y, finalmente, una gruesa línea recta, obteniendo del Dallas una serie más de cargas de profundidad. Después de varios ataques, el capitán pensó que estábamos en el fondo, incapaces de movernos. Trató de obtener una muestra de aceite, pero se dio por vencido, sin atreverse a parar el barco. Entonces su Asdic nos localizó a unos 3,000 metros por delante de la mancha de aceite. La corriente era de dos nudos y la profundidad era de 91 brazas o alrededor de 160 metros. Esto estaba más allá de la profundidad efectiva de sus cargas, cuya mayor parte explotaron a 120 metros a pesar de cualquier ajuste que realizaran. Cuando a las 1930 una carga de profundidad no explotó, el Dallas cesó sus ataques contra nosotros, circuló alrededor de la mancha de aceite, la cual había aumentado considerablemente y concluyó que el submarino había sido dañado aún más.

 

Tuvimos que salir a la superficie quisiéramos o no. Había demasiada agua en el bote. Los tanques de inmersión estaban anegados, estábamos flotando sólo con el tanque número 1. Las botellas de oxígeno estaban vacías, no podíamos obtener más aire y estábamos al final de nuestra fuerza física, encerrados en una jaula de acero, con el techo amenazando con ceder encima de nosotros en cualquier momento. Respirábamos con jadeos y tirones, bañados en sudor y no sólo por la alta temperatura del agua de la corriente del Golfo, que convirtió el interior del bote en un tubo sofocante. Así que ordené hidroplanos todos a superficie, motores a toda marcha. Dolorosamente el barco subió con sus tanques con fugas. El casco quedó completamente bajo el agua, sólo apareció la maltrecha torre de mando. La noche y la oscuridad habían llegado. El Dallas se encontraba a unos 2,000 metros y no se percató de nuestra presencia. Mostraba una silueta delgada y nos alejamos cautelosamente. Eran exactamente las 2200. Nos salvamos por un pelo.

 

Cinco minutos más tarde, a las 2205, el Dallas informó por radio al cuartel general: ‘submarino tocó fondo a noventa brazas... hicimos ocho ataques con un total de veinticinco cargas. Después del segundo ataque no se notó mayor movimiento del submarino, lo que indicaba probables resultados positivos. Se sugiere que un avión investigue el lugar mañana, para determinar si la mancha está todavía presente. El Dallas procediendo a Charleston’.

Si deseas saber más, lee “U-Boat Commander: A Periscope View of the Battle of the Atlantic” [Comandante de submarino: una perspectiva desde el periscopio de la Batalla del Atlántico], de Peter Cremer.

Una imagen única que muestra al capitán Peter 'Ali' Cremer (izquierda) y a su LI. Oblt. [Teniente Primero] (Ing) Spangenberg, a bordo del U-333.

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