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La fosa seguía creciendo

Una joven judía del gueto de Łódź escribe una última carta antes de ser deportada a Chełmn

Una joven judía del gueto de Łódź escribe una última carta antes de ser deportada a Chełmno en 1942. La fotografía fue tomada por Mendel Grossman. (Foto: United States Holocaust Memorial Museum).

El 9 de enero de 1942, el centro de exterminio de Chełmno nad Nerem llevaba apenas un mes en funcionamiento. En aquella región de Polonia anexionada al Reich e incorporada al Warthegau, las SS y la policía alemana habían comenzado las operaciones de asesinato el 8 de diciembre de 1941. El lugar, llamado Kulmhof por los ocupantes, se convirtió en el primer centro fijo creado por la Alemania nazi para matar en masa mediante gas.

Chełmno estaba dividido entre dos espacios separados por unos cuatro kilómetros. En la casa señorial del pueblo, las víctimas eran recibidas con la mentira de que serían bañadas, desinfectadas y trasladadas para trabajar. Después de obligarlas a desnudarse, los alemanes las conducían por el sótano hasta la caja cerrada de un camión. Los gases del motor eran desviados hacia el interior.

Cuando el vehículo llegaba al bosque de Rzuchów, los ocupantes ya habían muerto asfixiados. Allí, otros prisioneros judíos eran obligados a abrir las puertas, descargar los cadáveres y enterrarlos en grandes fosas. La proximidad de las comunidades deportadas hacía que algunos de aquellos hombres reconocieran entre los muertos a familiares, vecinos y conocidos.

A comienzos de enero, los camiones transportaban también a los Roma que habían sido deportados desde Austria al sector separado del gueto de Łódź. Centenares habían muerto allí de hambre y tifus; los aproximadamente 4.300 que aún seguían con vida fueron enviados a Chełmno. Al mismo tiempo continuaban llegando víctimas judías procedentes de las pequeñas poblaciones del Warthegau.

El trabajo del bosque recaía sobre una cuadrilla de sepultureros forzados. Cada jornada, ocho de ellos eran apartados para descargar los cadáveres. Al finalizar el día, los alemanes solían asesinar a varios de esos hombres —y en ocasiones a los ocho— sobre la misma fosa. Quienes sobrevivían regresaban al sótano de la casa señorial, donde esperaban la mañana siguiente y la llegada de quienes ocuparían el lugar de los muertos.

Szlama Ber Winer, nacido en Izbica Kujawska en 1911, había sido deportado a Chełmno pocos días antes. Obligado a trabajar en el Waldkommando, conservó los nombres, las edades y los detalles de lo que presenció. Su entrada correspondiente al viernes 9 de enero comenzó con las dimensiones de la fosa:

Viernes, 9 de enero de 1942

La fosa medía aproximadamente 1,5 metros de ancho en el fondo, cinco metros en la parte superior y cinco metros de profundidad. Las fosas comunes se extendían a gran distancia. Si un árbol se interponía, lo talaban.

Entre “los ocho” de hoy estaban Abraham Zalinski, de 32 años; Zalman Jakubowski, de 55; y el ya mencionado Gershon Praschker, todos de Izbica. Los asesinaron, como de costumbre.

Al regresar al patio del palacio de Kulmhof, nos llevamos la desagradable sorpresa de encontrar un nuevo transporte. Probablemente se trataba de un nuevo grupo de sepultureros: dieciséis hombres de Izbica y dieciséis de Bugaj. Entre los de Izbica estaban: 1. Moshe Lesek, de 40 años; 2. Avigdor Palanski, de 20; 3. Steier, de 35; 4. Knoll, de 45; 5. Izchak Preiss, de 45; 6. Jehuda Lutzinski, de 51; 7. Kalman Radzewski, de 32; 8. Menachem Archijowski, de 40.

Entre los procedentes de Bugaj estaba mi amigo y camarada Haim Reuben Izbizki, de 35 años.

Veinte de los antiguos sepultureros, junto con cinco de los nuevos, fuimos conducidos a otra habitación del sótano. Era algo más pequeña que la anterior. Allí encontramos ropa de cama, ropa interior, pantalones y trajes, además de alimentos —pan, manteca y azúcar—. Todo pertenecía a los nuevos sepultureros.

Oímos voces en la habitación contigua. Golpeé la pared y grité hacia un punto donde faltaba un ladrillo y pasaba el aire. Pregunté si H. R. Izbizki estaba allí. Se acercó a la pared. Le pregunté si al menos su madre y su hermana habían escapado. El guardia interrumpió nuestra conversación.

Después, los recién llegados nos comunicaron algunas noticias políticas. Dijeron que los rusos ya habían recuperado Smolensk y Kiev y que avanzaban hacia nosotros. Deseábamos que, con la ayuda de Dios, llegaran y destruyeran aquel lugar terrible.

Aquel día se enterraron entre siete y ocho transportes. Al principio eran gitanos, como el día anterior, pero los dos últimos contenían víctimas judías.

Eran personas jóvenes y mayores, con maletas y mochilas. Llevaban una estrella judía colocada en la parte delantera y trasera de la ropa. Supusimos que eran internos enfermos de algún campo, de quienes los nazis querían deshacerse de aquel modo. Fueron enterrados con sus pertenencias. Aquellos hechos nos sacudieron hasta lo más profundo, porque hasta entonces habíamos conservado la esperanza de que los judíos internados en los campos sobrevivieran a aquellos tiempos terribles.

Si deseas saber más, visita el Jewish Historical Institute, sección “This is probably the last letter I’m writing to you…”, y Jewish Virtual Library, sección “Escapee from Chelmno Documents Atrocities”.

Winer logró escapar de Chełmno y llegó al gueto de Varsovia. En febrero de 1942, Hersz y Bluma Wasser, integrantes de Oneg Shabbat, consignaron por escrito su testimonio. Para proteger su identidad, en el documento aparece bajo el nombre de Jakub Grojnowski. Su relato se convirtió en una de las fuentes principales del informe “Los acontecimientos de Chełmno”, fechado el 25 de marzo de 1942.

El viernes 9 de enero quedó registrado con medidas, nombres y edades. Winer anotó quiénes fueron enviados a morir sobre la fosa y quiénes acababan de llegar para sustituirlos. Incluso en el sótano, donde los hombres apenas podían comunicarse a través del hueco dejado por un ladrillo, intentó averiguar si la madre y la hermana de su amigo seguían con vida.

La rutina del centro ya estaba definida. Los camiones llegaban al bosque, las fosas se prolongaban y los sepultureros eran asesinados y reemplazados. Si un árbol se interponía, era talado. Nada debía detener el crecimiento de la fosa.

Los responsables de Chełmno pretendían que cada transporte terminara en la desaparición de sus víctimas. Winer hizo lo contrario. Conservó los nombres de Abraham Zalinski, Zalman Jakubowski, Gershon Praschker, Haim Reuben Izbizki y los demás hombres que encontró aquel día. El documento fue ocultado con la primera parte del Archivo Ringelblum y recuperado después de la guerra. La fosa siguió creciendo, pero quienes fueron conducidos hasta ella no desaparecieron por completo del registro.

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Szlama Ber Winer, nacido en 1911 en Izbica Kujawska. Tras escapar de Chełmno, relató lo que había presenciado a integrantes de Oneg Shabbat en el gueto de Varsovia. Su declaración se conserva en el Archivo Ringelblum. (Foto: Jewish Historical Institute, Archivo Ringelblum, ARG I 1115/91).

Judíos del gueto de Łódź cargan sus pertenencias durante una deportación hacia Chełmno..jp

Judíos del gueto de Łódź cargan sus pertenencias durante una deportación hacia Chełmno. La imagen ayuda a visualizar a las víctimas que, como recordó Winer, llegaban con maletas y mochilas. (Foto: United States Holocaust Memorial Museum).

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Bluma y Hersz Wasser, integrantes de Oneg Shabbat. En febrero de 1942 ayudaron a recoger y preservar el testimonio de Szlama Ber Winer, que quedó incorporado al Archivo Ringelblum. (Foto: Jewish Historical Institute).

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