La persecución de los italianos hacia el oeste en Libia continuaba. La principal fuerza italiana estaba retrocediendo por la carretera costera y acababa de pasar por el puerto de Derna.

 

George Clifton era un oficial neozelandés en busca de abastecimientos de agua en el desierto. Él describió cómo alcanzó a los elementos frontales de la 7ª División Blindada que empujaban al ejército italiano a través de la carretera costera. Al final del día se encontró con una unidad de tanques y cañones de 25 libras que estaban enfrentándose con la retaguardia italiana:

Acosando a los italianos con fuego de artillería

Un cañón Bofors de 40mm siendo utilizado contra las defensas de Derna, el 1 de febrero 1941.

Infantería avanzando a las afueras de la fortaleza en Derna, Libia, 1 de febrero 1941.

Los jorobados tractores quads, arrastrando sus veinticincos, se salieron de la carretera a un wadi [cauce] poco profundo. Mientras pasábamos, los cuatro cañones entraron fácilmente en la acción y -¡bam!- La primera salva salió aullando por encima. Segundos más tarde llegó el estallido sordo.

 

Dejando nuestros vehículos a cubierto, caminé hasta el carro del líder de escuadrón, casco abajo en la cresta. Detrás de él, un camión comando estaba aparcado -por sus marcas era el del artillero-. Otro proyectil rugió otra vez.

Estando parado a su lado, pude oír una voz débil que venía a través del teléfono, dando rápidos comentarios que eran invaluables.

“Ese casi dio en el blanco. Amartillen a esa vieja perra otras doscientas. Cambio”.

“OKAY. Rojo. Doscientas más. Cambio”. “Tres proyectiles M Trece fallidos, no estaba seguro qué diablos hacer. Hay tíos con motocicletas y Emma Gees [ametralladoras] más adelante a lo largo del cauce. ¡Oh, buen tiro! Justo en medio de ellos. Cambio”.

“OKAY. Rojo. Vamos a lanzar unos pocos más. Véanlos llegar. Cambio”. “Los tanques siguen pululando en los alrededores. Un camión Breda viene llegando ahora. Díganle a Bill que saque su dedo por el amor de Mike”. ¡Bam! Allá va una salva de tropa, que se convirtió en detonaciones sordas de la nada. “¡Vaya, vaya! Eso es bueno. Arriba doscientos. Derecha doscientos. Están tronando al cauce de al lado. Cambio”.

“OKAY. Rojo. Arriba dos. Derecha dos. Bill les está dando cinco rondas de disparos. Intenten en la próxima con las motocicletas. Cambio”. ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! Alaridos casi continuos por encima; ellos estaban disparando sus veinte proyectiles al más puro estilo de artillero de caballería.

Rojo se comunicó de nuevo. “Bien hecho. Eso apuró a los tanques. ¡Oh, buena puntería! El Breda quedó puteado y la tripulación está escapando. Su camión está quemándose. Ahora intentaremos con los comerciantes de la pista de carreras. Derecha cuatrocientas. Cambio”. Y allí va de nuevo.

El líder del escuadrón se quitó los auriculares y se arrastró hacia afuera por la parte posterior de su torreta. Unos ojos azules brillantes y dientes blancos se mostraron a través de la máscara de polvo y la barba cenicienta, coronado con una boina muy vieja, en algún momento negra; unos pantalones de pana y jersey igual de viejos; un par de binoculares y un trapo sudado alrededor de su cuello; las manos cubiertas con vendas polvorientas que ocultaban las llagas inevitables del desierto; el completo comandante de la Séptima Blindada.

Infantería avanzando a las afueras de la fortaleza en Derna, Libia, 1 de febrero 1941.

Si quieres saber más lee The Happy Hunted, de George Clifton.

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