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La marea de fuego sobre Ploiești
El 1 de agosto de 1943, la guerra aérea aliada llevó a los bombarderos estadounidenses hasta uno de los objetivos más codiciados y peligrosos del mapa europeo: las refinerías de Ploiești, en Rumanía. Allí no se buscaba una ciudad ni una estación ferroviaria, sino el combustible que sostenía una parte esencial de la maquinaria militar del Eje.
Treblinka arde en rebelión
Para comienzos de agosto de 1943, Treblinka II llevaba más de un año funcionando como uno de los centros de exterminio de Aktion Reinhard. La mayor parte de las víctimas llegaba en tren, era empujada hacia las cámaras de gas y desaparecía en una maquinaria diseñada para matar con rapidez, borrar rastros y dejar el menor número posible de testigos.
Hambre y retirada en Nueva Georgia
La guerra en el Pacífico no se decidía todavía en una gran capital ni en una batalla naval de resonancia, sino en una cadena de islas cubiertas de selva, barro y arrecifes. Después de Guadalcanal, los Aliados habían comenzado a avanzar hacia el noroeste a través de las Islas Salomón centrales. El objetivo principal era aislar Rabaul, la gran base japonesa en Nueva Bretaña, pero para llegar a ese cerco había que tomar antes aeródromos, fondeaderos, pasos marítimos y pequeñas posiciones que, vistas en un mapa, podían parecer secundarias.
El horror de Hamburgo resuena por Alemania
En la noche del 2 al 3 de agosto de 1943, la Operación Gomorra llegó a su último ataque sobre Hamburgo. La fuerza de bombarderos encontró tormentas eléctricas al aproximarse al objetivo; el marcado de blancos por la Fuerza Pathfinder perdió eficacia y el bombardeo resultó mucho más disperso que en las incursiones anteriores.
El náufrago Kennedy encuentra ayuda en las Salomón
En los primeros días de agosto de 1943, la campaña de las Salomón centrales no se libraba solo en desembarcos, bombardeos y avances sobre las islas. También dependía de una guerra nocturna de pasos estrechos, arrecifes mal señalados y patrullas pequeñas que trataban de impedir el movimiento japonés hacia Kolombangara.
La emboscada del Golfo de Vella
En la noche del 6 al 7 de agosto de 1943, la Armada Imperial Japonesa envió a los destructores Hagikaze, Arashi, Kawakaze y Shigure, con unos 900 a 950 soldados y suministros destinados a Vila, en Kolombangara. El aeródromo japonés de Munda había caído en manos estadounidenses el 5 de agosto y los mandos japoneses esperaban que Vila se convirtiera en el centro de su próxima línea defensiva.
El camino a Smolensk se abre bajo fuego
Tras el fracaso de la ofensiva alemana en Kursk, el Frente Oriental entró en una fase distinta. El ejército alemán todavía podía resistir con dureza, pero ya no podía imponer el ritmo de la guerra como en 1941 o 1942. Sus líneas seguían siendo profundas, sus defensas estaban trabajadas durante meses, y sus mandos sabían sacar provecho del terreno; pero la iniciativa estratégica empezaba a pasar, cada vez con más claridad, al Ejército Rojo.
El desembarco que llegó tarde
En la costa norte de Sicilia, el avance hacia Messina ya no tenía el aspecto de una ruptura limpia. A comienzos de agosto de 1943, la campaña se había comprimido entre el mar Tirreno, las montañas Caronie y una red de caminos que los alemanes sabían convertir en trampas: curvas, puentes volados, barrancos, minas, fuego de mortero y posiciones dominantes sobre los pasos obligados.
El U-664 sale a la superficie por última vez
Con los submarinos nodriza sometidos a una presión creciente y los encuentros de reabastecimiento en alta mar cada vez más peligrosos, el U-664 zarpó de Brest en julio de 1943 con una misión menos habitual para un U-Boot de combate: transferir combustible a otros submarinos alemanes y regresar después a Francia. En esa etapa de la Batalla del Atlántico, coordinar esos encuentros exigía comunicaciones, esperas en superficie y puntos de reunión que podían convertirse, en cuestión de minutos, en trampas.
Járkov queda al alcance
En sus memorias de mando, Iván Konev volvió al verano de 1943 como al momento en que la batalla de Kursk dejó de ser solamente una victoria defensiva. Para el comandante del Frente de la Estepa del Ejército Rojo, la operación no se concluía con la contención de las fuerzas alemanas ni con la recuperación de Bélgorod. El siguiente problema estaba ya delante de sus tropas: Járkov.
Liberator en llamas
En agosto de 1943, la Batalla del Atlántico ya no se decidía únicamente en torno a los grandes convoyes del norte. También se extendía hacia las rutas más largas y abiertas, frente a África occidental, donde los U-Boote buscaban espacios menos vigilados y los aviones de patrulla aliados intentaban cerrarles el mar desde el aire.
La Rollbahn bajo los Sturmovik
En el sur del frente oriental, la batalla de Kursk ya no se limitaba al saliente donde había comenzado en julio. En los primeros días de agosto, la iniciativa había pasado al Ejército Rojo, y la ofensiva soviética contra Belgorod y Járkov empezó a abrir grietas en el frente alemán que todavía no eran una retirada general, pero ya tampoco podían leerse como una defensa estable.
La defensa se endurece en Smolensk
A comienzos de agosto de 1943, el Ejército Rojo amplió su ofensiva hacia el sector central del Frente Oriental. El 7 de agosto comenzó la ofensiva de Smolensk, denominada Operación Suvórov, en la que el Frente Occidental y el Frente Kalinin recibieron la misión de atacar hacia Yártsevo, Smolensk y Roslavl. Moscú le dio una enorme importancia a esta operación: Stalin incluso realizó en agosto una de sus rarísimas visitas a una zona de frente, en el sector del Frente Occidental.
El regreso imposible del B-24 Shady Lady
En la tarde del 13 de agosto de 1943, una misión de B-24 Liberator estadounidenses del 380.º Grupo de Bombardeo —conocido como el Flying Circus [Circo Volador] y también como King of the Heavies— despegó desde el norte de Australia para atacar las refinerías japonesas de Balikpapan, en Borneo. El objetivo estaba tan lejos que la misión, de unos 4,300 kilómetros de ida y vuelta, fue considerada en aquel momento una de las más largas de la guerra.
El cerco de Trachili
En el verano de 1943, Creta llevaba más de dos años bajo ocupación alemana. La isla ya no era el escenario de los grandes lanzamientos paracaidistas de 1941, sino un territorio vigilado, castigado y atravesado por una guerra más pequeña en escala, pero no menos peligrosa: la de enlaces, escondites, guías, patrullas, represalias y partidas armadas en las montañas.
La última salida por Smolna
En agosto de 1943, el gueto de Białystok seguía existiendo sobre una promesa cada vez más frágil: la utilidad. Sus talleres, sus fábricas textiles, sus trabajadores obligados y sus encargos para la administración alemana habían sostenido durante meses la ilusión de que el trabajo podía retrasar la muerte. En una ciudad donde la destrucción de las comunidades judías vecinas ya había mostrado el verdadero significado de las deportaciones, esa esperanza no era simple ingenuidad: era una forma de respirar un día más.
La escolta breve hacia Regensburg
El 17 de agosto de 1943, la Octava Fuerza Aérea estadounidense lanzó una de sus operaciones más ambiciosas hasta entonces contra la industria alemana. El plan buscaba golpear dos centros distintos en una misma jornada: la fábrica Messerschmitt de Regensburg y las plantas de rodamientos de Schweinfurt.
El blanco secreto de Peenemünde
En la madrugada del 18 de agosto de 1943, la guerra aérea aliada alcanzó un lugar que, para la mayoría de las tripulaciones, no significaba nada hasta pocas horas antes del despegue. No era Berlín, no era Hamburgo, no era el Ruhr. Era un punto en la costa báltica alemana, entre Rostock y Stettin, en la isla de Usedom: Peenemünde.
La noche secreta de Lisboa
Italia acababa de perder Sicilia, pero aún no había salido de la guerra. La caída de Mussolini no había roto de inmediato la alianza con Alemania, y el gobierno de Pietro Badoglio seguía obligado a hablar hacia fuera como si la guerra continuara del mismo lado. Dentro del país, sin embargo, la situación era otra: los alemanes entraban, ocupaban posiciones, vigilaban ministerios, caminos, puertos y mandos militares.
Las fuerzas soviéticas avanzan hacia Járkov
Para el 20 de agosto de 1943, Járkov ya no era solo un nombre en las órdenes de los Estados Mayores. En torno a la ciudad, la presión soviética se había vuelto una realidad inmediata para las unidades alemanas que trataban de sostener posiciones cada vez más difíciles, bajo artillería, aviación y ataques de infantería que no daban respiro.
El forcejeo de Quebec
El 21 de agosto de 1943, la Conferencia de Quebec no fue solo una fotografía de unidad aliada. Detrás de Roosevelt, Churchill, Mackenzie King y los altos mandos había una discusión menos visible: cómo continuar la guerra contra Japón sin desordenar la estrategia global de los Aliados.
El tren de Hodonín
En la noche del 21 al 22 de agosto de 1943, mientras la guerra parecía medirse en frentes inmensos —Ucrania, el Mediterráneo, el Pacífico—, en Moravia una operación más silenciosa dejó casi vacío un campo entero.
Berlín bajo un cielo de bengalas
La noche del 23 al 24 de agosto de 1943, la guerra aérea sobre Europa entró en una fase más ambiciosa y peligrosa. Después de los ataques contra el Ruhr, Hamburgo y otros centros industriales alemanes, Bomber Command desplegó una gran fuerza hasta Berlín, la capital del Reich.
La caja de cerveza en Forum
En la Dinamarca ocupada, agosto de 1943 avanzaba con una tensión cada vez menos disimulada. La política de cooperación entre las autoridades danesas y la potencia ocupante seguía existiendo formalmente, pero en las calles, en las fábricas y en los círculos clandestinos el equilibrio se estaba quebrando. La guerra que durante años había parecido administrada por compromisos empezaba a hablar otro idioma: huelgas, sabotajes, requisas, rumores y nervios.
El frente después de Járkov
La guerra en el Este parecía moverse en dos planos distintos. En la mesa estratégica, la ofensiva soviética había cerrado una etapa con la recuperación de Járkov; en los caminos, las estaciones y las ciudades recién retomadas, esa misma noticia llegaba mezclada con polvo, ruinas, carteles, reparaciones urgentes y trenes que seguían empujando hombres hacia el frente.
El camino hacia el Dniéper
La caída de Járkov no cerró la campaña de verano en el frente oriental. La abrió hacia otra escala. Después de Kursk, el Ejército Rojo ya no buscaba solo recuperar una ciudad perdida ni corregir una línea de frente: empezaba a empujar a los alemanes hacia los grandes ríos de Ucrania.
La sombra de Treblinka
La cronología reciente había dejado señales muy distintas de una guerra que no se detenía: Járkov volvía a manos soviéticas y las ciudades alemanas seguían bajo la amenaza de los bombardeos aliados. Pero esos reveses no interrumpían la maquinaria nazi de persecución y exterminio. Por debajo del estruendo de los frentes, seguían funcionando los documentos, los trenes, los campos, las listas, los pasaportes dudosos y las esperas que casi siempre terminaban en muerte.
La flota que no se entregó
La caja de cerveza colocada en Forum no había sido un gesto aislado. En la Dinamarca ocupada, el sabotaje empezaba a convertirse en un lenguaje cada vez más visible: talleres, instalaciones, depósitos y espacios útiles para los alemanes podían arder, quedar inutilizados o desaparecer de la noche a la mañana. Lo que al principio había sido una ocupación administrada con cierta apariencia de continuidad institucional comenzaba a mostrar grietas cada vez más profundas.
Un Corsair solitario en Kahili
En el Pacífico Sur, la guerra aérea de agosto de 1943 no se decidía en grandes formaciones sobre capitales lejanas, sino sobre islas, aeródromos y rutas marítimas que cambiaban de valor con cada avance aliado. Vella Lavella, Munda, las Russell, Bougainville y Kahili formaban parte de un mismo espacio de combate: una geografía fragmentada en la que el dominio del cielo podía sostener una cabeza de playa, proteger bombarderos o impedir que la aviación japonesa siguiera castigando las posiciones recién conquistadas.
La isla Marcus ante los portaaviones rápidos
El primer combate de los portaaviones USS Essex (CV-9), USS Yorktown (CV-10) y USS Independence (CVL-22) tuvo lugar el 31 de agosto de 1943, cuando la Fuerza de Tarea 15 atacó la isla Marcus. La operación marcó el debut en combate de los portaaviones de las clases Essex e Independence, así como del nuevo caza F6F Hellcat.