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Fuego sobre la retirada italiana
El 1 de febrero de 1941, Derna había quedado atrás y la retirada italiana continuaba hacia el oeste por la costa de Cirenaica. Tras Bardia y Tobruk, la Operación Compass había dejado de avanzar de fortaleza en fortaleza: ahora se convertía en una persecución, con las columnas italianas intentando conservar la carretera hacia Bengasi y las fuerzas británicas y de la Commonwealth procurando no darles tiempo para reorganizarse.
Torpedos contra la presa del Tirso
El 31 de enero de 1941, el HMS Ark Royal abandonó Gibraltar y puso rumbo al Mediterráneo junto con el crucero de batalla HMS Renown, el acorazado HMS Malaya, el crucero HMS Sheffield y una escolta de destructores. La Fuerza H se internaba nuevamente hacia el este, en una salida cuyo desarrollo dependería tanto del estado del mar como de la oposición italiana.
Un buque Q torpedeado en el Atlántico
El 3 de febrero de 1941, el convoy OB-280 se dispersó en el Atlántico Norte. Los mercantes siguieron sus distintos rumbos y la formación compacta que hasta entonces había dificultado la aproximación de los submarinos dejó paso a grupos más pequeños, separados por el temporal y la oscuridad.
La fría y húmeda miseria del frente griego
A comienzos de febrero de 1941, el ejército griego conservaba sus posiciones dentro de la Albania ocupada por Italia, pero el invierno había reducido drásticamente su capacidad de maniobra. En la cresta del monte Trebesina, las ventiscas excepcionalmente intensas de finales de enero habían obligado a las unidades griegas a replegarse hacia las laderas orientales para mejorar sus condiciones de vida. Tropas alpinas italianas aprovecharon el movimiento y ocuparon la cresta.
Los cañones cierran la carretera
En los primeros días de febrero de 1941, la retirada italiana de Cirenaica había dejado de ser un repliegue ordenado. La 6.ª División Australiana avanzaba hacia Bengasi, mientras largas columnas del 10.º Ejército italiano descendían por la carretera costera en dirección a Agedabia y Trípoli. Si lograban bordear el golfo de Sirte y continuar hacia el oeste, aún podían escapar de la persecución británica.
El Wellington que aterrizó entre los alemanes
En la tarde del 6 de febrero de 1941, seis bombarderos Wellington del 311.º Escuadrón checoslovaco de la RAF despegaron de East Wretham para atacar las instalaciones portuarias de Boulogne-sur-Mer. Desde la costa ocupada, aquel puerto servía al esfuerzo militar alemán frente al canal de la Mancha y continuaba recibiendo la atención del Comando de Bombarderos británico.
Las banderas blancas de Beda Fomm
Dos días antes, una fuerza británica había atravesado el desierto y cerrado la carretera costera al sur de Beda Fomm, cortando la retirada del 10.º Ejército italiano hacia Trípoli. Los primeros vehículos italianos aparecieron poco después frente a una barrera levantada apresuradamente sobre la única vía de escape que les quedaba.
La última escapatoria de Bergonzoli
El 8 de febrero de 1941, el combate había cesado al sur de Bengasi. Durante tres días, las últimas columnas del 10.º Ejército italiano habían intentado abrirse paso por la carretera costera hacia Tripolitania. En Beda Fomm, el camino terminó entre carros destruidos, cañones abandonados y miles de hombres que salían de las rocas y las dunas con pañuelos blancos.
La noche en que Churchill interrumpió la película
Dos días después de la rendición masiva en Beda Fomm y de la captura del general Annibale Bergonzoli, la guerra contra Italia se extendió desde el desierto de Cirenaica hasta la costa de Liguria. La victoria británica en el norte de África parecía abrir una pausa tras meses de incertidumbre, pero aquella confianza todavía debía sostenerse con acciones visibles.
El primer salto británico sobre Italia
Apenas veinticuatro horas después de que Winston Churchill interrumpiera una película para dirigirse por radio al Imperio, la guerra contra Italia cambió de escenario y de método. En el norte de África, las fuerzas británicas acababan de desarticular al 10.º Ejército italiano. En la tarde del 10 de febrero de 1941, treinta y cinco hombres despegaron de Malta para probar una forma de combate que Gran Bretaña todavía no había empleado en una operación real.
Antes de cruzar a África
El 10.º Ejército italiano se había derrumbado en Cirenaica. La ofensiva británica había alcanzado El Agheila y lo que quedaba del dispositivo italiano se replegaba hacia Tripolitania. Para Roma y Berlín, el problema inmediato era impedir que la derrota se extendiera hasta Trípoli.
El avance que no llegó a Trípoli
El 12 de febrero de 1941, dos meses de la Operación Compass habían llevado al XIII Cuerpo de Richard O’Connor desde la frontera egipcia hasta el extremo occidental de Cirenaica. La campaña había costado a sus fuerzas 475 muertos, 1.225 heridos y 43 desaparecidos o prisioneros; a cambio, habían avanzado unos 800 kilómetros y capturado 130.000 prisioneros, 400 tanques y 1.290 cañones. Diez divisiones italianas de infantería habían quedado destruidas, además de importantes fuerzas blindadas.
A la deriva tras el ataque del Admiral Hipper
Al amanecer del 13 de febrero de 1941, el Admiral Hipper ya se alejaba hacia Brest. Detrás quedaba el convoy SLS 64, atacado la mañana anterior en el Atlántico, entre Madeira y las Azores. Siete mercantes se habían hundido; otros navegaban dañados o dispersos. En el mar seguían hombres aferrados a balsas, botes y restos.
El silencio de la calle Karmelicka
A mediados de febrero de 1941, el gueto de Varsovia llevaba casi tres meses sellado. Cientos de miles de judíos habían sido confinados en una pequeña fracción de la ciudad, sometidos a un hacinamiento extremo y a raciones oficiales insuficientes para sostener la vida.
Entre la diplomacia y la sospecha
A mediados de febrero de 1941, las relaciones entre Japón y Estados Unidos llevaban tiempo deteriorándose. Japón continuaba la guerra en China, había desplegado tropas en el norte de la Indochina francesa y desde septiembre estaba unido a Alemania e Italia por el Pacto Tripartito. Washington, mientras aumentaba su ayuda a China, había comenzado a restringir la exportación de determinados materiales estratégicos y observaba con creciente preocupación cualquier nuevo movimiento japonés hacia el sur.
El rostro público de la policía nazi
El 16 de febrero de 1941, con motivo del Día de la Policía Alemana, la policía del Reich realizó una amplia colecta en favor de la segunda campaña del Auxilio de Invierno de Guerra. En Berlín, la jornada culminó con un festival deportivo en la Deutschlandhalle, al que asistieron Heinrich Himmler, Reinhard Heydrich, Kurt Daluege y otros altos representantes del régimen. Recaudación, espectáculo deportivo y presencia uniformada coincidían así en una misma escena pública.
Convoyes en direcciones contrarias
A mediados de febrero de 1941, el mando británico en Oriente Medio comenzaba a repartir sus fuerzas entre compromisos cada vez más difíciles de conciliar. Cirenaica debía mantenerse con los medios considerados indispensables, mientras el siguiente esfuerzo británico comenzaba a orientarse hacia Grecia. La decisión implicaba relevar unidades, reorganizar formaciones y trasladar hacia Egipto hombres y material que pronto podían ser necesarios en los Balcanes.
Buna y la expulsión de los judíos de Oświęcim
A comienzos de 1941, Oświęcim se encontraba en medio de una transformación que había comenzado antes de que aparecieran las primeras instalaciones de una nueva fábrica. Incorporada al Reich tras la ocupación de Polonia y denominada Auschwitz por las autoridades alemanas, la ciudad y sus alrededores estaban sujetos a una política de germanización que contemplaba el desplazamiento de parte de la población polaca y judía.
La noche en que IJssalon Koco resistió
En febrero de 1941, nueve meses después del inicio de la ocupación alemana de los Países Bajos, la persecución de los judíos de Ámsterdam comenzaba a hacerse visible también en las calles. Miembros de la Weerbaarheidsafdeling, la WA del Movimiento Nacionalsocialista neerlandés, recorrían el barrio judío, provocaban enfrentamientos, destrozaban comercios y agredían a sus habitantes. La respuesta no siempre fue pasiva. Grupos de jóvenes judíos, apoyados en ocasiones por otros amsterdameses, comenzaron a organizarse para defenderse.
El despojo convertido en trámite
En febrero de 1941, la persecución de los judíos dentro del Reich llevaba años transformándose en una realidad cada vez más reglamentada. Después de los pogromos de noviembre de 1938, el régimen había acelerado su exclusión de la vida económica y sometido cada vez más aspectos de su existencia a prohibiciones, controles y decisiones administrativas.
El Afrika Korps toma forma en Trípoli
En Trípoli, el 21 de febrero de 1941, la intervención alemana en el norte de África comenzaba a dejar de parecer una sucesión de desembarcos. Por el puerto, los aeródromos y las carreteras de Tripolitania continuaban llegando hombres, vehículos, suministros y personal de estado mayor destinados a sostener un frente que, apenas unas semanas antes, había estado exclusivamente en manos italianas.
La defensa de Grecia queda en suspenso
Durante casi cuatro meses, el grueso del Ejército griego había combatido a los italianos entre las montañas de Albania. A finales de febrero de 1941, sin embargo, la amenaza que condicionaba las decisiones de Atenas ya no procedía únicamente de aquel frente. Fuerzas alemanas se concentraban en Rumanía y la posibilidad de que entraran en Bulgaria planteaba un segundo peligro que Grecia difícilmente podía afrontar con los medios disponibles.
El convoy OB-288 queda solo
En febrero de 1941, la protección de los convoyes que salían de Gran Bretaña todavía terminaba mucho antes de que los mercantes hubieran atravesado el Atlántico. Los convoyes de la serie OB partían de Liverpool, recibían escolta durante la primera parte de la travesía y, más adelante, sus buques continuaban de forma independiente hacia destinos distintos. Ese sistema dejaba una larga franja de océano en la que cada mercante debía continuar por su cuenta, mientras los U-Boote operaban ya mucho más allá de las costas europeas.
Hitler promete no abandonar a Mussolini
Durante el invierno de 1940-1941, las victorias que habían convertido a Alemania en la potencia dominante del continente comenzaban a producir problemas distintos de los que Hitler había previsto. Gran Bretaña seguía en guerra, la invasión de las islas había quedado aplazada y, en el Mediterráneo, las campañas emprendidas por Mussolini habían abierto frentes cuyo desarrollo afectaba cada vez más a Berlín.
La Operación Abstención se pone en marcha
Entre el 25 y 28 de febrero de 1941, las fuerzas armadas italianas y británicas se enfrentaron en una batalla relativamente menor, sin embargo, de importancia estratégica, sobre la pequeña isla de Kastellorizo. El encuentro fue breve, pero su resultado definió el curso de la guerra, para ambos combatientes en esta región.
Franco y España no apremian entrar en la guerra
La relación entre Adolf Hitler y Francisco Franco, el dictador español, fue en más de una ocasión compleja, a veces un drama tragicómico rayando en el absurdo. Durante los meses previos a febrero de 1941, Hitler había estado insistiendo para que España permitiera el tránsito de tropas alemanas por suelo ibérico, fundamentalmente con el objetivo de neutralizar la base inglesa en Gibraltar en una operación que nunca se llevó a cabo –la Operación Félix-.
La situación británica en el Atlántico se recrudece
En 1941, el Primer Ministro australiano, Robert Menzies, fue a Londres para asegurar la posición de defensa de Australia. Su objetivo era abogar por refuerzos para la defensa de Australia en la guerra que se avecinaba con Japón; buscar ayuda para la rápida industrialización de la economía australiana que su gobierno había puesto en marcha, así como dar argumentos en favor de los intereses australianos en la estrategia global británica.
Batalla aérea sobre Albania
En febrero de 1941 el subteniente Raoul Francinetti estaba sirviendo en la 394ª Squadriglia, 160º Gruppo C. T. En ese tiempo, la unidad combatía en la campaña griega y estaba equipada con aviones Fiat CR.42.