Un buque Q torpedeado en el Atlántico

El vapor mercante Crispin antes de su requisición por el Almirantazgo y de su conversión en buque de abordaje oceánico. (Foto: Library of Contemporary History, Stuttgart / colección reproducida por uboat.net).
El 3 de febrero de 1941, el convoy OB-280 se dispersó en el Atlántico Norte. Los mercantes siguieron sus distintos rumbos y la formación compacta que hasta entonces había dificultado la aproximación de los submarinos dejó paso a grupos más pequeños, separados por el temporal y la oscuridad.
HMS Crispin había sido un carguero de la Booth Line antes de ser requisado por el Almirantazgo y convertido en un buque de abordaje oceánico. Conservaba la apariencia exterior de un mercante, pero llevaba armamento naval y antiaéreo oculto dentro de estructuras que simulaban carga sobre cubierta.
Su misión también dependía de aquel engaño. Los miembros de la Royal Navy debían ocultar las prendas que pudieran delatarlos, mientras el buque se rezagaba durante el día para tentar a los aviones alemanes que buscaban mercantes aislados. Su clasificación formal era la de buque armado de abordaje, pero George Frederick Woodley recordaría que, por la manera en que había sido armado y empleado, el Crispin funcionaba como un buque Q.
Tras la dispersión del convoy, otros buques continuaban en las proximidades, pero el Crispin se encontraba mucho más expuesto. En la oscuridad, el U-107, al mando del capitán de corbeta Günter Hessler y en su primera patrulla de guerra, consiguió adelantarse al grupo. La aproximación quedó registrada en términos de posición, distancia y solución de tiro:
3 de febrero de 1941
21:50
Se alcanzó una posición adelantada. Fuimos obligados a apartarnos varias veces porque el destructor de vanguardia se acercaba demasiado.
23:10
Se inició la aproximación al vapor que navegaba en cabeza, protegido por dos destructores adelantados, uno por babor y otro por estribor.
23:33 — Cuadrícula AL 0249
Disparo de torpedo desde el tubo I. Distancia: 1.800 metros. Profundidad: 3 metros. Ángulo de blanco: 85°. Velocidad: 7 nudos.
Impacto en la sala de máquinas. El vapor es un gran carguero, de unos 140 metros de eslora y unas 7.000 toneladas de registro bruto. Al principio quedó atravesado a la mar; después, proa a la mar. El vapor se asentó más profundamente en el agua.
23:40
Se oyó una detonación. El vapor ya no se ve. Los destructores comienzan a disparar proyectiles iluminantes. Sin embargo, el submarino no ha sido detectado. El horizonte está bien iluminado; ya no se ve nada más del convoy.
El fuego de proyectiles iluminantes continuó durante unas dos horas y obligó al submarino a alejarse.
El diario de guerra del U-107 no identificó por su nombre al buque alcanzado y sobrestimó su tonelaje. La entrada de las 23:33 corresponde a HMS Crispin, cuyo tonelaje era de 5.051 toneladas. Que el vapor desapareciera de la vista del submarino no significaba que ya se hubiera hundido.
Si deseas saber más, visita U-Boat Archive, sección “U-107 – 1st War Patrol”, con el diario de guerra original del submarino y su traducción al inglés de Jerry Mason, realizada con la colaboración de Andi Forster.
Desde el U-107, el ataque ocupó unas pocas líneas. Dentro del Crispin, el mismo impacto se convirtió en un destello, en una escora creciente y en una tripulación obligada a abandonar el buque. Décadas después, George Frederick Woodley, uno de los artilleros destinados a sus cañones Oerlikon, recordó tanto la misión encubierta del barco como las horas que siguieron al torpedeamiento:
Me sentí muy, muy decepcionado. Esperaba ir a un destructor nuevo o algo por el estilo. El capitán era irlandés y nos dio una charla antes de zarpar. Nos dijo que íbamos a dar caza a los Focke-Wulf Condor que entonces acosaban los convoyes en el Atlántico. Atacaban los convoyes escogiendo los buques más grandes o alguno que se quedara rezagado. Lo que haríamos sería rezagarnos durante el día y volver a unirnos por la noche, para protegernos de los U-boats.
Bajamos por el Clyde y practicamos abrir y cerrar las cajas, porque cada cañón estaba encerrado dentro de una caja o cubierta. El mío estaba instalado a popa para que pareciera un cajón de transporte para un avión. Recibíamos desde el puente, por los auriculares, la demora y la distancia. Entonces sonaba un timbre, soltábamos un cierre y las cubiertas caían, controladas por contrapesos. Quedábamos ya en posición para abrir fuego.
…
El buque figuraba como buque armado de abordaje, pero se utilizaba como buque Q porque todos los cañones estaban ocultos. Nos advirtieron que no lleváramos uniforme en el mar ni prendas como la gorra de marinero, los cuellos y cosas así, porque podían reconocernos como miembros de la Royal Navy.
Nuestros botes también eran de la Marina, pero los camuflaron colocando una popa falsa para que parecieran botes salvavidas de la Marina Mercante. Teníamos dos. Eran cúteres de 32 pies, con doce remos y podían llevar unas treinta y dos personas.
…
Seguimos a un convoy hasta unas 700 millas al noroeste de Irlanda y luego cambiábamos de uno para encontrarnos con el que venía de Halifax. Fue entonces, cuando estábamos solos y éramos más vulnerables, cuando nos torpedearon.
Cuando el torpedo impactó, yo estaba en la caja de mi cañón. Sacudió el buque, hubo un destello intenso y supimos que estábamos en problemas.
Había alcanzado el centro del buque, junto a la sala de máquinas. Mató a un encargado de la maquinaria auxiliar, o fogonero, que estaba abajo, y también destrozó el camarote del encargado de la cantina. Su ayudante salió despedido de la litera y murió a causa de sus heridas, pero el encargado escapó.
No había mucho que pudiéramos hacer.
Nos reunimos en la cámara de oficiales y esperamos instrucciones. El buque estaba escorando.
En las bodegas habían cargado centenares de barriles vacíos, destinados a mantenerlo a flote en un desastre como aquel. Pero entró el agua y los barriles salieron flotando. El boquete estaba junto al límite entre la bodega y la sala de máquinas; los barriles simplemente se fueron y no sirvieron de nada.
La escora era tan pronunciada que no se pudo arriar el bote de babor. Mi puesto de abandono estaba en el cúter de estribor. Mi oficial de división se acercó y dijo:
—Adiós y buena suerte.
Yo le pregunté:
—¿Adónde va?
Respondió que tenía que llegar a la balsa de proa, en el castillo. Se despidió de nosotros, y esa fue la última vez que lo vimos. Quienes ya estaban en la balsa dijeron que saltó al agua para alcanzarla, pero nunca volvió a salir. No lo recogieron.
Había mar gruesa y el viento había levantado un temporal. El buque se balanceaba con fuerza. Bajamos el cúter de estribor. Había otro marinero, “Jumper” Cross, además de mí. Éramos marineros experimentados y sabíamos cómo arriar aquel bote.
Lo bajamos, descendimos por los cabos y soltamos el mecanismo de seguridad para separarlo. El bote cayó contra una ola cuando esta llegó. Todos empujamos para apartarlo del buque y nos alejamos.
Había cincuenta y dos hombres dentro de aquel bote, demasiados. Íbamos tres por remo y remábamos como si nos fuera la vida. Yo estaba en la proa, en el primer remo, porque era bastante pequeño. Tratábamos de mantener el bote de frente al viento, porque, si quedábamos atravesados, las olas rompientes nos habrían volcado.
Echamos un ancla de capa. Se colocaban las tablas del fondo al extremo de un cabo y se arrastraban por detrás; aquello tiraba de la popa y la mantenía alineada.
Un oficial que iba en el bote trató de animarnos:
—Todos los buques del Atlántico saben que el Crispin ha sido hundido, así que el rescate estará cerca.
No estábamos cerca de ningún convoy; cambiábamos de uno a otro. Estábamos mojados y helados, entre olas enormes. En un momento nos encontrábamos en lo alto y, al siguiente, en el seno. Fue una experiencia muy, muy aterradora y uno se preguntaba si saldría de allí.
Seguimos remando, muy cansados. Alguien empezó a cantar “Roll Out the Barrel”, pero nadie mostró demasiado entusiasmo y aquello se apagó pronto. Seguimos remando y esperando lo mejor.
Lo único que podíamos hacer era mantener la proa contra la mar, frente a las olas que venían. No seguíamos rumbo alguno. No podíamos hacerlo con el bote tan sobrecargado. Tuvimos suerte de seguir a flote.
Hacia las seis de la mañana divisamos una luz. También mostramos una luz blanca y vimos que era el HMS Harvester, un destructor. Se acercó, dio una vuelta para calmar el agua y darnos abrigo a sotavento y nos pusimos a su costado.
Subimos a bordo. Siempre recordaré el alivio que sentí cuando pisé aquel buque.
Nos trataron muy bien y cuidaron de nosotros durante cuatro días. Dejamos ir el bote y, a menudo, me he preguntado qué fue de él. Nos instalamos con ellos y formamos una dotación de artillería para ayudarlos en sus guardias.
Solo llevaba la ropa que tenía puesta durante la guardia: un chaquetón con capucha. No abrigaba mucho y, cuando se empapaba, todavía menos. La única manera de mantenernos calientes era seguir remando.
Woodley recordó el episodio décadas después. Los registros operacionales fijan el impacto a las 23:33 del 3 de febrero. HMS Crispin fue abandonado y permaneció a flote hasta hundirse al día siguiente. Murieron su comandante, cinco oficiales y catorce miembros de la marinería. Sobrevivieron 121 hombres: ocho fueron recogidos por el buque de rescate Copeland y los restantes por HMS Harvester.
Si deseas saber más, escucha a George Frederick Woodley en los reels 8 y 9 de la entrevista conservada por Imperial War Museums, catálogo 28460.
Mientras los supervivientes eran conducidos hacia Liverpool, la noticia del hundimiento llegó a Londres de forma todavía incompleta. La aproximación del submarino, el bote sobrecargado y las horas remando desaparecieron dentro de la prosa administrativa del resumen preparado para el Gabinete de Guerra:
El buque armado de abordaje HM Crispin, un buque antiaéreo especial, fue torpedeado y hundido por un U-Boat 400 millas al oeste de Bloody Foreland el 4 de febrero. Los buques de Su Majestad que se encontraban en las proximidades recogieron a la tripulación y es improbable que las bajas sean numerosas.
El resumen fue fechado el 6 de febrero y reunió bajo el día 4 tanto el torpedeamiento como el hundimiento. Su estimación sobre las bajas era todavía provisional: para entonces, veinte hombres del Crispin ya habían muerto.
Si deseas saber más, consulta The National Archives, documento CAB 66/14/48, Weekly Résumé (No. 75) of the Naval, Military and Air Situation, fechado el 6 de febrero de 1941.
En el diario alemán, HMS Crispin era un vapor de unas 7.000 toneladas observado desde 1.800 metros. En Londres, se convirtió en un buque antiaéreo especial cuya tripulación había sido recogida y cuyas bajas quizá no fueran numerosas. Para Woodley, fueron cincuenta y dos hombres dentro de un cúter construido para unos treinta y dos, sin rumbo posible y obligados a remar únicamente para no quedar atravesados ante las olas.
El Crispin no se hundió cuando desapareció de la vista del U-107. Permaneció a flote hasta el día siguiente. Pero para quienes se alejaban de él en la oscuridad, el Atlántico ya se había reducido a una proa contra la mar, doce remos y la espera de una luz blanca entre las olas.

El U-107 entra en Lorient en noviembre de 1941. Durante su primera patrulla de guerra, al mando de Günter Hessler, había torpedeado HMS Crispin la noche del 3 de febrero. (Foto: Bundesarchiv, Bild 101II-MW-3956-05A / Meisinger, PK-Marine West).

HMS Harvester en marcha en aguas costeras en 1942. El destructor recogió a la mayor parte de los supervivientes del Crispin durante la madrugada del 4 de febrero de 1941. (Foto: Imperial War Museums, FL 22661 / fotógrafo oficial de la Royal Navy, Ministry of Defence Foxhill Collection of Ship Photographs).

%20Large.png)







