El despojo convertido en trámite

Eva y Victor Klemperer durante una salida en su Opel de segunda mano, en 1936. (Foto: SLUB Dresden / Deutsche Fotothek; fotógrafo desconocido).
En febrero de 1941, la persecución de los judíos dentro del Reich llevaba años transformándose en una realidad cada vez más reglamentada. Después de los pogromos de noviembre de 1938, el régimen había acelerado su exclusión de la vida económica y sometido cada vez más aspectos de su existencia a prohibiciones, controles y decisiones administrativas.
La guerra había estrechado aún más ese espacio. Emigrar era cada vez más difícil, mientras dentro de Alemania continuaban la segregación, la pérdida de derechos y la desposesión. Muchas de aquellas medidas no iban acompañadas de una escena espectacular. Podían presentarse como una comunicación oficial, una disposición que había que cumplir o un procedimiento cuya autoridad parecía diluirse entre varias oficinas.
Victor Klemperer conocía ese proceso desde dentro. Había sido profesor de Romanística en la Technische Hochschule de Dresde; era protestante, pero las Leyes de Núremberg lo clasificaban como judío. Su esposa Eva estaba clasificada como “aria” por la legislación racial nazi. En 1940, ambos habían tenido que abandonar su casa y trasladarse a una de las viviendas destinadas a judíos de la ciudad. Klemperer siguió escribiendo.
El 20 de febrero, una carta recibida días antes seguía ocupando sus pensamientos y marcando sus recorridos por Dresde. En el diario dejó constancia de lo que aquella comunicación había puesto en marcha:
Desde el viernes por la mañana estoy alterado y completamente absorbido por una carta del municipio de Dölzschen: el coche debe venderse en el plazo de una semana. Fui a la Comunidad Judía; no sabían nada de ninguna disposición. A la Policía de Tráfico de Sachsenplatz: “no somos responsables”. Dos veces a la Schießgasse, a la prefectura del distrito, donde entregué mi permiso de conducir en 1938. La venta obligatoria llevaba un año en vigor; no tenían obligación alguna de mostrarme la disposición. Tras un fatigoso ir y venir, por fin localizaron el documento de matriculación del vehículo que yo había entregado entonces.
Por fortuna, se lo llevé al representante local de Opel en la Prager Straße. Un hombre de buen aspecto, de poco más de cuarenta años, que inspiraba confianza; resultó ser sobrino de mi antiguo colega Barkhausen —ingeniero de comunicaciones y antaño demócrata; ahora todavía conserva su puesto—. Creo que su consejo fue bueno; en cualquier caso, yo estaba demasiado abatido para hacer otra cosa.
Resultado: como se adeudan impuestos por el coche, no encontraríamos comprador que pagara más de lo que pagaría un desguace. Barkhausen tiene un amigo, comerciante de artículos de segunda mano, digno de confianza y de ideas decentes, que no se aprovechará de mi situación ni del hecho de que yo no sea ario. Acuerdo por teléfono: Meincke, el comerciante de la Schandauer Straße, se hará cargo de nuestro cacharro, como chatarra, por 170 marcos. Mañana por la mañana iremos juntos a Dölzschen; él se lo llevará remolcado. ¡Cuánto ir de un lado a otro y cuánto quedarse esperando, cuánta amargura extrema encierra esta anotación, qué robo y qué pérdida irreparable! ¿Cuándo volveré a tener un coche?
…
El siguiente golpe que cabe esperar es la confiscación de la máquina de escribir. Hay una manera de ponerla a salvo. Tendría que prestármela un propietario ario. Está la peculiar amiga de la señora Voss, la señora Paull. Su segundo matrimonio, con un comerciante judío, fue muy feliz; ahora atraviesa un proceso de divorcio muy desagradable con su tercer marido, un profesor ario. Le gustaría mucho ayudarme; tiene miedo a causa del proceso. Todo el mundo teme despertar la menor sospecha de mostrarse amistoso con los judíos; el miedo parece aumentar sin cesar.
Si deseas saber más, lee I Shall Bear Witness: The Diaries of Victor Klemperer 1933–41 [Quiero dar testimonio hasta el final: Diarios 1933–1941], de Victor Klemperer.
Lo ocurrido en Dresde no necesitaba adoptar la misma forma en otros lugares del Reich. Las restricciones sobre la propiedad y el dinero generaban sus propios expedientes, solicitudes y autorizaciones, en los que las consecuencias para quienes estaban sometidos a ellas podían quedar reducidas al lenguaje ordinario de la administración.
Ese mismo 20 de febrero, en Meiningen, Franz Heurich escribió a una oficina estatal dentro de ese entramado de controles. Su petición era muy particular y, para explicarla, tuvo que reconstruir por escrito varios años de relaciones laborales, deudas y decisiones administrativas:
En relación con la solicitud antes mencionada, de fecha 20 de febrero de 1941, para la liberación, conforme al § 59 de la Ley de Divisas, de sumas inmovilizadas por un importe de 4.800 RM.
El 31 de enero acudí personalmente a la Oficina de Divisas para averiguar si podía presentarse siquiera la presente solicitud. Se me informó de que existía la posibilidad de obtener una autorización y se dejó a mi criterio presentar la correspondiente solicitud. No pude presentarla hasta hoy porque no había podido ponerme antes en contacto con el solicitante.
…
En noviembre de 1938 tuvo lugar la acción contra los judíos y el 31 de diciembre de 1938 fue cerrada la empresa Heinemann. El proceso de arianización solo produjo lo suficiente para pagar a los proveedores, y yo no recibí ni un céntimo en pago de mi crédito, que había ascendido a 4.800 RM. El propietario de la empresa Heinemann había quedado así sin recursos y no podía satisfacer mi crédito.
Esta suma de 4.800 RM corresponde a salarios impagados. Es, por tanto, dinero por el que tuve que trabajar duramente, muy a menudo por las noches, y me resulta muy duro pensar que trabajé para nada. Se me podrá decir que debería haber exigido mi salario y haber hecho que me lo pagaran, pero, por otra parte, no podía prever que, a instancias del Estado, se producirían acontecimientos que me privarían del dinero ganado con tanto esfuerzo. La pérdida de estos 4.800 RM me afecta muy duramente, sobre todo en las circunstancias actuales. En 1939 me establecí por mi cuenta abriendo una papelería, porque, por falta de fondos, no pude llevar a cabo la arianización, pese a ser el principal candidato para ello, aunque solo fuera por razones morales, pues llevaba años trabajando para Heinemann, incluso desde antes de 1914. Como consecuencia de la guerra y del racionamiento que la acompaña, prácticamente no recibo suministros de papel, por lo que mi tienda, que había empezado bastante bien en 1939 y me habría proporcionado un medio de vida, ahora no produce lo suficiente para que pueda hacer frente a mis obligaciones. Esto se debe en parte a que mi esposa está gravemente enferma de diabetes y tengo gastos de 150 RM mensuales a causa de esta enfermedad.
Por ello, esos 4.800 RM me serían ahora de gran utilidad para sufragar [los gastos relacionados con] la enfermedad de mi esposa. Hace varios meses hablé de este asunto con el señor Hermann Israel Heimann, el solicitante. Conozco al señor Hermann Israel Heimann desde 1909. Como a lo largo de las décadas le he prestado muchos servicios, se ha ofrecido a resarcirme de la pérdida de los 4.800 RM. Conoce mi situación y, sobre todo, sabe de la enfermedad de mi esposa y de los considerables gastos que inevitablemente ocasiona. Por esta razón ha manifestado su disposición a pagar los 4.800 RM en cuestión.
En vista de lo anterior, ruego muy atentamente —puesto que la suma corresponde a salarios por trabajo realizado y me encuentro en una situación especialmente difícil, ya que, a diferencia de otros Volksgenossen, tengo considerables gastos inevitables por enfermedad— que tengan a bien aprobar la solicitud de pago de los 4.800 RM con cargo a la cuenta restringida de Hermann Israel Heimann.
Declaro expresamente por la presente que mi crédito es legítimo. El crédito puede acreditarse asimismo mediante el balance de la empresa Heinemann, que actualmente se encuentra en poder de la oficina fiscal local.
¡Heil Hitler!
Si deseas saber más, consulta el documento 156 en Die Verfolgung und Ermordung der europäischen Juden durch das nationalsozialistische Deutschland 1933–1945. Band 3: Deutsches Reich und Protektorat Böhmen und Mähren September 1939–September 1941 [La persecución y el asesinato de los judíos europeos por la Alemania nacionalsocialista, 1933–1945. Volumen 3: Reich alemán y Protectorado de Bohemia y Moravia, septiembre de 1939–septiembre de 1941], preparado por Andrea Löw. La solicitud de Heurich fue aprobada el 4 de marzo de 1941. El término nazi Volksgenossen se empleaba para quienes el régimen consideraba miembros de la comunidad nacional alemana.
Leídos retrospectivamente, ambos documentos permiten observar algo más que la pérdida de un automóvil o una reclamación económica. Para 1941, la persecución había penetrado en procedimientos que podían presentarse como actos ordinarios de administración: registrar, autorizar, restringir, transferir. No era necesario que cada medida pareciera excepcional. Su fuerza estaba también en la acumulación.
La guerra estaba ampliando las posibilidades del régimen y reduciendo, al mismo tiempo, los márgenes que todavía conservaban quienes habían sido definidos como judíos. Las decisiones sobre una propiedad o una cuenta formaban parte de una transformación más profunda: cada vez más aspectos de la existencia quedaban sujetos a decisiones tomadas por otros.
Nada de eso permite convertir febrero de 1941 en una simple antesala de acontecimientos que todavía no habían adquirido su forma definitiva. Pero sí permite reconocer un proceso que continuaba radicalizándose. Las ventanillas, los formularios y las autorizaciones no eran algo separado de la persecución: eran una de las maneras en que esta se estaba haciendo cotidiana.
En febrero de 1941, todavía podía parecer una cuestión de trámites. Muy pronto, la pregunta dejaría de limitarse a las cosas.

Eva y Victor Klemperer frente a su casa de Am Kirschberg 19, en Dölzschen, hacia 1936. (Foto: SLUB Dresden / Deutsche Fotothek; fotógrafo desconocido).

Interior de la Kennkarte de Victor Klemperer, fechada el 10 de marzo de 1939, con el segundo nombre impuesto “Israel” y la marca roja “J” que lo identificaba como judío. (Foto: SLUB Dresden / Deutsche Fotothek / Regine Richter).

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