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Antes del amanecer en Castelrosso

Comandos británicos desembarcan en Punta Megalos Niftis, en Castelrosso, el 25 de febrero de 1941, durante la Operación Abstention. Las balleneras llevaron a los hombres hasta la costa rocosa en las primeras horas del ataque. (Foto: autor no identificado / Greece Is, The Long History of Kastellorizo).

A finales de febrero de 1941, Gran Bretaña intentaba ampliar su capacidad de acción en el Mediterráneo oriental mientras sus recursos seguían repartidos entre el norte de África, Grecia, Malta y la protección de sus comunicaciones marítimas. En el Dodecaneso, todavía bajo soberanía italiana, la Royal Navy veía la posibilidad de establecer posiciones desde las que operar en un espacio dominado por Rodas y sus aeródromos.

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La idea formaba parte de Mandibles, el proyecto británico para actuar contra las islas italianas del archipiélago. Durante semanas, el almirante Andrew Cunningham había defendido esa posibilidad frente a otros planes que exigían fuerzas navales difíciles de sostener. A finales de enero, los británicos se decidieron por Mandibles, y a comienzos de febrero Cunningham recibió autorización para reanudar las operaciones contra las islas menores del Dodecaneso dentro de un proyecto cuyo horizonte era mucho más amplio.

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Castelrosso —la actual Kastellorizo— parecía reunir condiciones favorables. Situada a pocos kilómetros de la costa turca, podía servir como base avanzada para lanchas torpederas y como punto de apoyo para operaciones posteriores en el Dodecaneso. Su proximidad a Turquía añadía además una dimensión política en un momento en que Londres trataba de acercar a Ankara a la causa británica.

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La planificación de la Operación Abstention quedó en manos del contralmirante E. de F. Renouf, comandante del 3.er Escuadrón de Cruceros. El plan preveía que unos doscientos hombres del 50.º Commando de Oriente Medio ocuparan la isla y fueran relevados unas veinticuatro horas después por el 1.er Batallón de los Sherwood Foresters, entonces en Chipre. Renouf llegó a la bahía de Suda apenas un día antes de la salida, y la información disponible sobre la isla era limitada: material procedente en buena parte de fuentes francesas anteriores a la guerra, una carta náutica italiana y algunas postales.

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El 23 de febrero, los commandos embarcaron en los destructores HMS Decoy y HMS Hereward. En las primeras horas del 25, la fuerza se encontraba ya frente a Castelrosso. Entre aquellos hombres estaba el mayor Stephen M. Rose, segundo al mando del 50.º Commando de Oriente Medio:

Un submarino británico nos mostró una luz frente al extremo suroeste de la isla alrededor de las 02:30 y, después de una navegación muy cuidadosa entre pequeños islotes rocosos, llegamos al lugar de desembarco hacia las 03:30, a unas 200 yardas de la costa.

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Al principio todo marchó conforme al plan y la primera oleada partió, mientras la segunda permanecía preparada para desplazarse a popa desde el sollado. Las embarcaciones tardaban muchísimo en regresar y llevaban casi una hora fuera cuando escuchamos varias ráfagas de ametralladora y algunos disparos aislados. Todos pensamos que se trataba del primer encuentro con el puesto enemigo de Punta Niftis, cerca de donde debía realizarse el desembarco, y esperábamos que en cualquier momento los reflectores y las baterías costeras nos localizaran.

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Después de aquellos disparos se hizo el silencio, pero las embarcaciones seguían sin regresar. Entonces oímos más fuego, inequívocamente de una metralleta Thompson. Una ballenera se puso al costado, seguida por una segunda, pero al examinarlas en la penumbra vimos que seguían llenas de hombres de la primera oleada. El teniente Q. (R.N.R.), agregado al comando, dijo que toda la primera oleada, salvo aquellas dos embarcaciones, había sobrepasado el punto de desembarco, había remado directamente hasta el puerto de la población y había sido ametrallada por los centinelas.

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Al quedar separadas aquellas dos embarcaciones, decidieron regresar a los buques. Mientras tanto clareaba cada vez más y faltaba aproximadamente media hora para que amaneciera. Ambos destructores comenzaron a izar las embarcaciones con toda la rapidez posible, pues el desembarco había perdido ya el factor sorpresa y desde el buque del oficial naval superior se había dado la señal de retirada.

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Las embarcaciones fueron regresando una por una al doblar la punta y parecían avanzar con una lentitud desesperante. Pensábamos que quizá no podríamos esperar a las dos últimas, pues ya casi había amanecido. Por fin aparecieron con solo sus tripulaciones a bordo, lo que nos desconcertó; pero al mismo tiempo recibimos un mensaje del oficial naval superior indicando que el desembarco debía continuar conforme al plan.

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La primera oleada remó hacia tierra a plena luz del día, seguida por la segunda. No hubo oposición en la playa de desembarco, aunque se escuchaban disparos intermitentes en la población, aproximadamente a una milla de distancia.

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Justo cuando comenzaba a amanecer apareció el HMS Ladybird por el estrecho entre la isla y la costa turca. Entró directamente en el puerto y abrió fuego con su pom-pom múltiple y su cañón de 6 pulgadas contra el fuerte Paleocastro, adonde se había replegado la guarnición italiana.

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Una compañía ocupó los edificios importantes de la población, donde hubo pocos combates, aparte de abatir a uno o dos centinelas. Fueron ocupados el cuartel de los Carabinieri, la estación de radio, la casa del gobernador y las oficinas. Otra compañía atacó el fuerte, apoyada por el fuego de cobertura del Ladybird. La media compañía restante subió a las alturas situadas en el flanco del fuerte para impedir que el enemigo escapara hacia las colinas del centro de la isla.

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El fuerte cayó alrededor de las 10:00 y la pequeña guarnición italiana combatió con gran valentía. Eran unos cincuenta hombres armados, no todos soldados. Había guardias de aduanas, policías, infantes de marina y algunos aviadores y soldados. Había dos oficiales.

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Poco después del amanecer aparecieron cuatro cazas C.R.42, seguidos más tarde por algunos bombarderos trimotores S.81 o S.79. Bombardearon las laderas que conducían al fuerte y alcanzaron al Ladybird, que tuvo que retirarse inmediatamente y volver a embarcar a los infantes de marina que había desembarcado. Los bombardeos y ametrallamientos continuaron durante todo el día. Aunque resultaban muy aterradores, no causaron bajas.

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Aunque el desembarco había sido un embrollo, el ataque inicial había tenido éxito y habíamos tomado la isla con pocas bajas y muy poca oposición.

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Reunimos a los prisioneros, atendimos a todos los heridos, establecimos el control militar de la isla y enterramos a los muertos.

Si deseas saber más, busca The Middle East Commandos, de Charles Messenger. En su Apéndice II se reproduce el informe de Stephen M. Rose sobre el desembarco en Castelrosso, fechado en Heraclión el 3 de marzo de 1941.

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Para los hombres que habían desembarcado aquella mañana, la tarea inmediata tenía unos límites comprensibles: llegar a tierra, cumplir las órdenes recibidas y sostener lo que hubieran podido ocupar. Más allá de ese horizonte, su posición dependía de una estructura mucho mayor que ninguno de ellos podía controlar desde la isla.

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Ahí estaba una de las tensiones humanas de aquellas primeras operaciones de comandos británicos en el Mediterráneo. La iniciativa individual podía resolver una dificultad inmediata, pero una fuerza pequeña no podía crear por sí sola las condiciones que necesitaba para permanecer. El valor personal seguía siendo decisivo, aunque no pudiera sustituir a los buques, los relevos y las decisiones de las que dependía desde fuera.

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Rose no presenta una jornada impecable. El miedo, el desconcierto y los errores conviven con la disciplina necesaria para seguir actuando. Esa mezcla deja poco espacio para una épica sin fisuras: haber cumplido lo que estaba al alcance no significaba haber dejado atrás la vulnerabilidad que acompañaba a la misión. En Castelrosso, tomar tierra fue apenas la primera forma de quedar expuestos.

El HMS Ladybird, cañonero de la clase Insect_edited.jpg

El HMS Ladybird, cañonero de la clase Insect. Durante el desembarco del 25 de febrero de 1941 entró en el puerto de Castelrosso y proporcionó fuego de apoyo a los commandos que avanzaban hacia el fuerte Paleocastro. (Foto: capitán G. Keating / Imperial War Museums / War Office Second World War Official Collection, E 1538).

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Vista del puerto y la población de Castelrosso hacia 1933, durante el periodo de administración italiana. La fotografía muestra la densidad urbana que todavía rodeaba el puerto antes de las destrucciones sufridas durante la guerra. (Foto: Touring Club Italiano / reproducida en Nicholas G. Pappas y Nicholas G. Bogiatzis, An Island in Time: Castellorizo in Photographs 1890–1948).

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