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Franco condiciona la entrada de España en la guerra

Adolf Hitler y Francisco Franco pasan ante una formación militar alemana en la estación fronteriza de Hendaya, el 23 de octubre de 1940. El encuentro no produjo el acuerdo necesario para convertir la proximidad política entre ambos regímenes en la participación militar española que Berlín buscaba. (Foto: Heinrich Hoffmann / Narodowe Archiwum Cyfrowe / German History in Documents and Images).

El 26 de febrero de 1941, España seguía fuera de la Segunda Guerra Mundial. Desde junio del año anterior, sin embargo, el régimen de Francisco Franco había abandonado la neutralidad formal para declararse no beligerante, una fórmula que expresaba su proximidad política al Eje sin convertir todavía esa afinidad en participación militar.

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La relación entre Madrid y Berlín se remontaba a mucho antes. Durante la Guerra Civil española, la Alemania de Hitler había proporcionado a Franco una ayuda militar decisiva, y la victoria de 1939 dejó al nuevo régimen estrechamente vinculado al Eje por afinidades ideológicas, compromisos políticos y una deuda que Berlín no había olvidado. España, sin embargo, no era un aliado formal de Alemania, y los intereses de ambos regímenes no siempre coincidían.

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La caída de Francia en junio de 1940 había dado a esa relación una nueva importancia estratégica. Gibraltar dominaba la entrada occidental al Mediterráneo y Hitler quería eliminar esa posición británica. Durante el otoño, la Operación Félix tomó forma como un plan para que fuerzas alemanas atravesaran la península ibérica, atacaran la fortaleza y cerraran el estrecho.

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El encuentro entre Hitler y Franco en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, no produjo el acuerdo necesario para llevar aquellos planes a la práctica. Las conversaciones continuaron durante el invierno, mientras Berlín intentaba convertir la proximidad política española en una colaboración militar más concreta y Madrid seguía defendiendo sus propios intereses en el Mediterráneo y el norte de África.

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A comienzos de febrero de 1941, la cuestión seguía abierta. El día 6, Hitler volvió a escribir a Franco. Ese mismo día, desde Madrid, el embajador alemán Eberhard von Stohrer envió a Berlín un telegrama con la máxima urgencia y marcado como estrictamente secreto:

Madrid, 6 de febrero de 1941

 

N.º 452 del 6.2.

URGENTÍSIMO

ESTRICTAMENTE SECRETO

 

Para el señor ministro de Asuntos Exteriores del Reich.

 

La situación interna de España ha continuado agravándose extraordinariamente durante las últimas tres semanas. Así lo muestran, de manera coincidente, los informes de los consulados alemanes, de agentes y otras informaciones.

 

Actualmente falta por completo el pan en muchas partes de España; la escasez de alimentos seguirá agravándose. Se esperan revueltas por hambre. Como consecuencia, y al mismo tiempo por el aumento del desempleo, se multiplican los casos de robos en las calles y bandolerismo. También el Ejército está, en parte, mal alimentado y mal vestido. De ahí el descontento en los cuarteles. Se teme que, aquí y allá, soldados hagan causa común con bandas comunistas, etc., y les proporcionen armas de esta manera.

 

El resentimiento de la población se explica también, de manera especial, por el encarcelamiento todavía de entre uno y dos millones de rojos de la Guerra Civil, mal alimentados y cuyas familias pasan hambre. Los casos cada vez más frecuentes de corrupción y la falta de solidaridad de una gran parte de los sectores españoles más acomodados aumentan la indignación.

 

Los militares endurecen su oposición al ministro de Asuntos Exteriores Serrano Suñer y, con ello, indirectamente al Generalísimo, que se mantiene invariablemente a su lado. El estado de ánimo en el Ejército ya no es uniforme.

 

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En mi último encuentro, el ministro español de Asuntos Exteriores se mostró mucho más preocupado que hasta ahora por la evolución de la situación interna. Además de la penuria económica, me describió especialmente la labor de agitación de los ingleses, que culpaban al Gobierno español de la hambruna y el desempleo y afirmaban que el Gobierno español había sacrificado al país en Hendaya al comprometerse a permitir el paso de tropas alemanas hacia Gibraltar y Portugal.

 

Por desgracia, la agitación inglesa ya muestra ciertos efectos dentro del Ejército. La situación es más grave de lo que cree Franco, que no concede especial importancia al estado de ánimo del país ni a la propaganda inglesa.

 

Señalé entonces al ministro que sus explicaciones no eran sino una prueba de la exactitud de la previsión contenida en nuestros “mensajes” de los últimos días acerca de la evolución posterior de las cosas en España, y que solo la entrada de España en la guerra aclararía y mejoraría de inmediato la situación; tras la entrada de nuestras tropas, los ingleses y sus innumerables agentes tendrían que abandonar el país y la tranquilidad estaría garantizada.

 

El señor Serrano Suñer respondió literalmente: “Yo también soy de esa opinión”. Sin embargo, añadió: “Pero antes debemos recibir recursos para aliviar rápidamente, al menos en parte, la extrema penuria”.

 

En respuesta, señalé asimismo nuestra promesa en este sentido y las 100.000 t de grano que se encontraban en Lisboa y que ya estarían en camino si España nos hubiera dado una respuesta positiva.

 

…

Si deseas saber más, consulta el Politisches Archiv des Auswärtigen Amts, RZ 102/29741, Büro des Staatssekretärs, Spanien, Band 3, telegrama de Eberhard von Stohrer al ministro de Asuntos Exteriores del Reich, Madrid, 6 de febrero de 1941, n.º 452, imágenes 095–097.

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Durante las dos semanas siguientes, la cuestión española siguió pasando por Roma, Madrid y Berlín. Franco se reunió con Mussolini en Bordighera el 12 de febrero, mientras las autoridades alemanas valoraban hasta dónde podían llevar unas negociaciones que continuaban sin desembocar en una decisión práctica.

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El 22 de febrero, Joachim von Ribbentrop ordenó a Stohrer que no emprendiera más gestiones para conseguir la entrada de España en la guerra ni tomara nuevas iniciativas sobre esa cuestión. En adelante debía mantener ante el Gobierno español una actitud correcta y amistosa, pero fría y reservada.

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Y así se llegó al 26 de febrero, cuando Franco envió a Hitler una respuesta que, en buena medida, cerraba aquella etapa del intercambio diplomático entre Madrid y Berlín:

El Pardo, 26 de febrero de 1941

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Querido Führer:

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Su carta del día 6 me mueve a enviarle prontamente mi respuesta, pues considero necesario hacer algunas aclaraciones y confirmar mi lealtad.

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Considero, como usted mismo, que el destino de la historia nos ha unido a usted, a mí y al Duce de manera indisoluble. Nunca he necesitado que se me convenciera de ello y, como le he dicho más de una vez, nuestra Guerra Civil, desde su mismo comienzo y durante todo su curso, es prueba más que suficiente. Comparto también su opinión de que el hecho de que España se encuentre en ambas orillas del estrecho la obliga a una enemistad extrema con Inglaterra, que aspira a mantener su control.

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Hoy permanecemos donde siempre hemos estado, con resolución y la más firme convicción. No debe albergar duda alguna acerca de mi absoluta lealtad a este concepto político ni acerca de hacer realidad la unión de nuestros destinos nacionales con los de Alemania e Italia. Con la misma lealtad, le he expuesto desde el comienzo de estas negociaciones las condiciones de nuestra situación económica, únicas razones por las que hasta ahora no ha sido posible determinar la fecha de la participación de España.

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Teniendo presentes nuestras propias dificultades de posguerra, recordará que nunca he fijado un plazo demasiado breve para nuestra entrada en la guerra. Permítame, Führer, decirle que el tiempo transcurrido hasta este momento no se ha perdido por completo, pues hemos ido obteniendo, ciertamente no cantidades de grano suficientes para constituir reservas, pero sí lo necesario para una parte del pan indispensable para el sustento diario de la población, sin lo cual un número considerable de personas habría perecido de hambre.

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Además, debe reconocerse que, en lo relativo al suministro de alimentos, Alemania no ha hecho efectivas sus ofertas de ayuda hasta fechas muy recientes. Ahora empezamos a movernos en el terreno de los hechos concretos y, dentro de este ámbito, nada deseo más que acelerar las negociaciones cuanto sea posible. Con este fin, hace varios días le envié información sobre nuestras necesidades de alimentos y, en general, en los ámbitos económico y militar.

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Estos datos pueden ser objeto de nuevos exámenes, aclaraciones, verificaciones y consultas, con objeto de alcanzar rápidamente una solución que nos interesa por igual a ambos.

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Sin embargo, comprenderá que, en un momento en que el pueblo español padece un hambre extrema y soporta toda clase de privaciones y sacrificios, no es ciertamente oportuno que le pida nuevos sacrificios si mi llamamiento no va precedido de un alivio de esta situación. Ello podría permitirnos, al mismo tiempo, desarrollar previamente una propaganda inteligente sobre la constante amistad y el apoyo efectivo del pueblo alemán, capaz de reavivar en los españoles los sentimientos de sincera amistad y admiración que siempre han sentido por su nación.

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Mis observaciones sobre nuestro clima fueron simplemente una respuesta a sus sugerencias y no eran, de ninguna manera, un pretexto para aplazar indefinidamente aquello que, llegado el momento oportuno, será nuestro deber hacer.

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Durante la reciente conferencia de Bordighera di al mundo una prueba del carácter resuelto de mi actitud; aquella conferencia sirvió también de llamamiento al pueblo español, marcando la dirección en la que se hallan sus obligaciones nacionales y la preservación de su existencia como nación libre.

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Debo repetir a Vuestra Excelencia una observación: el cierre del estrecho de Gibraltar no solo es condición previa para la mejora inmediata de la situación de Italia, sino quizá también para el final de la guerra. Sin embargo, para que el cierre de Gibraltar pueda tener un valor decisivo, es necesario también que el canal de Suez sea cerrado al mismo tiempo.

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Si esta última circunstancia no llegara a producirse, nosotros, que hacemos la aportación efectiva de nuestro esfuerzo militar, tenemos el deber de decir sinceramente que la situación de España, en caso de una guerra excesivamente prolongada, se volvería entonces extremadamente difícil.

 

Usted habla de nuestras demandas y las compara con las suyas y con las de Italia. No creo que las demandas españolas puedan calificarse de excesivas, y menos aún si se considera el enorme sacrificio del pueblo español en una lucha que fue digno preludio de la presente. También en este punto falta en nuestro acuerdo la precisión necesaria.

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El protocolo de Hendaya —permítame expresarlo así— es, a este respecto, extremadamente vago, y Vuestra Excelencia recordará las condiciones —hoy tan cambiadas— en que se produjeron aquella vaguedad y falta de precisión. Los hechos, en su evolución lógica, han dejado hoy muy atrás las circunstancias que en octubre debían tenerse en cuenta ante la situación entonces existente, y el protocolo de aquel momento debe considerarse hoy superado.

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Estas son mis respuestas, querido Führer, a sus observaciones. Quiero disipar con ellas toda sombra de duda y declarar que estoy a su lado, por entero y decididamente a su disposición, unido a usted en un destino histórico común, del que apartarme significaría mi suicidio y el de la Causa que he dirigido y represento en España. No necesito confirmación alguna de mi fe en el triunfo de su Causa y repito que siempre seré un fiel seguidor de ella.

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Créame su sincero amigo, con mis cordiales saludos,

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F. Franco

Si deseas saber más, consulta The Avalon Project, sección The Spanish Government and the Axis: Documents [El Gobierno español y el Eje: documentos], Department of State Publication 2483, European Series 8, documento n.º 13, “Letter From General Franco to Hitler”, 26 de febrero de 1941. La versión española de esta caja es una traducción textual de la edición inglesa publicada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1946.

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Mantener a España fuera de la guerra, al menos por entonces, no dependió de una sola razón. El país apenas había comenzado a reconstruirse después de tres años de Guerra Civil, y la escasez de alimentos, las dificultades económicas, las deficiencias del transporte y la limitada capacidad de sus fuerzas armadas reducían el margen de decisión del régimen. La afinidad con el Eje podía ser profunda; asumir el coste de otra guerra era una cuestión distinta.

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Para Alemania, aquellas limitaciones tuvieron una consecuencia estratégica concreta. Sin el consentimiento español, la Operación Félix no podía desarrollarse como había sido concebida y la posibilidad de utilizar la península para atacar Gibraltar se fue alejando. Una de las opciones con las que Hitler había pretendido modificar el equilibrio en el Mediterráneo occidental quedaba así fuera de su alcance inmediato.

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Pero mantener la no beligerancia tampoco significaba romper con Berlín. Los vínculos nacidos durante la Guerra Civil, la cercanía ideológica y los intereses compartidos sobrevivieron a aquella negociación. En adelante podían buscarse formas de cooperación suficientemente estrechas para mantener la relación y, al mismo tiempo, suficientemente limitadas para evitar que España asumiera plenamente el coste de una guerra abierta.

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Franco había evitado que la guerra atravesara España, pero no que España siguiera caminando junto a Alemania.

Una fila de civiles espera para conseguir pan en Barcelona el 29 de enero de 1939_edited.j

Una fila de civiles espera para conseguir pan en Barcelona el 29 de enero de 1939, pocos días después de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad. La fotografía conserva una de las realidades materiales de la España que, dos años después, seguía afrontando graves problemas de abastecimiento. (Foto: fotógrafo anónimo / Associated Press Berliner Büro / Rijksmuseum, NG-2011-14).

Miembros de la Gibraltar Defence Force sirven un cañón antiaéreo de 3,7 pulgadas (94 mm) c

Miembros de la Gibraltar Defence Force sirven un cañón antiaéreo de 3,7 pulgadas (94 mm) con el Peñón al fondo durante la Segunda Guerra Mundial. La fortaleza británica en la entrada occidental del Mediterráneo era el objetivo central de la Operación Félix. (Foto: teniente Rooke, fotógrafo oficial del War Office / Imperial War Museums / War Office Second World War Official Collection, GM 4392).

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