Los griegos se repliegan a una posición defensiva

Después de revisar la información disponible sobre la situación militar general en los Balcanes, dije que, en el supuesto de que Yugoslavia se mantuviera neutral y no permitiera el paso de tropas alemanas a través de su territorio, había llegado a la conclusión de que, tomando en cuenta los escasos recursos de que disponemos, la defensa de Macedonia oriental y Tracia occidental no era aconsejable. Añadí que sólo las fuerzas suficientes debieran dejarse allí para dotar las fortificaciones, con el propósito de demorar el avance del enemigo. El resto de las divisiones griegas deberían ser retiradas a la posición Kaimaktsalan-Vermion-Olympus, no obstante el hecho de que un repliegue, a un punto muy alejado del frente búlgaro, de tropas reclutadas por completo localmente, de modo que para ellos la movilización conllevaba el abandono de sus hogares a los enemigos, sin duda iba a afectar la moral de los hombres. Los refuerzos británicos, al llegar a Grecia, también se movilizarían hacia las posiciones sobre la línea Kaimaktsalan-Vermion-Olympus.

 

Además he dicho que el retiro del material de guerra y suministros para Macedonia oriental y Tracia occidental, junto con la transferencia de las fuerzas griegas ubicadas allí a la línea Kaimaktsalan-Vermion-Olympus, en espera de la llegada de las tropas británicas, llevaría al menos 20 días. En consecuencia, el movimiento de material y los hombres tendría que ser llevado a cabo con la debida antelación, a fin de evitar el peligro del ataque enemigo encontrándonos todavía ocupados en esta operación.

 

Insistí, sin embargo, que antes de tomar una decisión tan seria que implicaría la evacuación de toda la región al este del Axios (Vardar) y el abandono de esta parte de nuestro territorio nacional, primero debiera ser completamente aclarada la actitud de Yugoslavia, por lo que propuse que el gobierno yugoslavo fuera informado de las decisiones que estábamos dispuestos a tomar, dependiendo de la política que ellos fueran a adoptar.

 

Mi sugerencia fue aceptada y se decidió que el Ministro de Relaciones Exteriores británico enviara un mensaje cifrado urgente al Ministro británico en Belgrado. Dependiendo de la naturaleza de la respuesta, las órdenes para la evacuación y la retirada serían emitidas o no, según fuera el caso. Esto fue acordado por todos y, al día siguiente, el señor Eden, el general Dill y el general Wavell salieron hacia Ankara. Tendrían que pasar a través de Atenas de nuevo en su camino de regreso.

 

Durante el periodo ocurrido entre la Conferencia de Tatoi del 22 de febrero y el regreso del señor Eden y los generales Dill y Wavell, en la noche del 2 de marzo, en repetidas ocasiones pregunté al mayor general Heywood, quien era el oficial de enlace del Estado Mayor Imperial con el Cuartel General griego, si se había recibido alguna respuesta del Ministro británico en Belgrado al cable urgente del Ministro de Relaciones Exteriores británico. En cada ocasión se me aseguró por el mayor general Heywood que tal respuesta no se había recibido. Estaba, por lo tanto, incapacitado para llegar a una conclusión para la cual carecía de los datos necesarios. No podía tomar una decisión de este tipo ni en realidad tampoco podía hacerlo cuando las bases necesarias para efectuarlo, que estaba dentro de la competencia exclusiva de aquellos responsables de la parte política, no se me habían otorgado.

Si quieres saber más, lee “The Battle of Greece, 1940-1941”, [La Batalla de Grecia, 1940-1941], de Alexandros Papagos.

El secretario de Estado británico para Asuntos Exteriores, el señor Anthony Eden (a la izquierda), fue recibido por multitudes entusiastas cuando visitó Atenas. Detrás de él está el Jefe del Estado Mayor griego, el general Papagos, y el Primer Ministro griego, Alexandros Koryzis (al centro).

El 22 de febrero de 1941, una delegación británica, que incluía a sir Anthony Eden, el general John Dill, el Jefe del Estado Mayor Imperial, el general Wavell, y a un representante del Almirante Cunningham, al mando de la Flota Mediterránea británica, llegó a Atenas para hablar con el rey griego Jorge II y su Primer Ministro, Alexandros Koryzis. En la reunión se acordó el envío de tropas británicas a Grecia tan pronto como fuera posible, sin embargo, hubo cuestionamientos sobre en cuanto a si las fuerzas griegas en la línea Metaxas debieran replegarse inmediatamente a una posición al lado de las fuerzas de la Commonwealth británica a lo largo de la Línea Haliacmón o si sólo debieran hacerse las preparaciones necesarias hasta que la posición del Gobierno yugoslavo hubiera sido aclarada.

 

El general del Estado Mayor griego, Alexandro Papagos, escribió en sus memorias de campaña sus consideraciones respecto del repliegue de las fuerzas griegas después de los logros contra las fuerzas italianas:

El mariscal de campo Alexandros Papagos era el Jefe del Ejército griego durante la campaña de Albania contra la Italia fascista, en 1940

El HMS Terror, un crucero de clase Erebus, fue sometido a ataques en picada por bombarderos alemanes Junkers Ju 88, el 22 de febrero 1941, tras salir de Benghazi. El navío fue gravemente dañado por bombas que casi dan en el blanco y luego fue abandonado por su tripulación. Aunque posteriormente fue remolcado, este se hundió frente a Derna, Libia.

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