El 27 de febrero, una fuerza de tarea combinada de navíos EBHA -estadounidense, británica, holandesa y australiana- (o ABDA por sus siglas en inglés) había sufrido graves daños al tratar de atacar a la flota de invasión japonesa en dirección a Java, conocida en la actualidad como la primera batalla del Mar de Java.

 

La flota se retiró al Puerto de Tanjung Priok, en las Indias Orientales Holandesas. Grupos separados de buques zarparon el 28 de febrero, el USS Houston y el HMAS Perth se encontraron con la flota japonesa de nueva cuenta y fueron hundidos en las primeras horas del 1º de marzo, en la batalla de Estrecho de Sunda.

 

El crucero HMS Exeter, famoso en Gran Bretaña por el papel desempeñado en la batalla del Río de la Plata en 1939, había sufrido graves daños. El 28 sepultó a sus 14 muertos en el mar y se marchó con los destructores HMS Encounter y el USS Pope. Entre Java y Borneo se encontraron con ocho buques de guerra japoneses - cuatro cruceros pesados y cuatro destructores- iniciando de esa manera la segunda batalla del Mar de Java.

 

El capitán George Cooper se encontraba a bordo del HMS Exeter:

Batalla final en el Mar de Java

Una fotografía aérea capturada de los japoneses mostrando al HMS Exeter hundiéndose en la segunda batalla del Mar de Java.

Por alguna razón inexplicable, el cuartel general consideró que nuestras mejores oportunidades de escape se encontraban hacia el oeste del estrecho de Sunda, aunque las posibilidades de realizar esto con éxito eran muy remotas en aguas tan cerradas. Hubiera parecido más congruente alejarse hacia el este, en dirección a Australia, ya que una persecución en esta trayectoria habría alejado al enemigo de sus bases de abastecimiento de combustible, algo que no podía permitirse fácilmente.

 

A la mañana siguiente, el domingo 1º de marzo de 1942, a las 7:30, avistamos los mástiles de dos cruceros pesados japoneses que viraron hacia el sur hasta que se perdieron de vista, cuando reanudamos nuestro rumbo hacia el oeste. A las 9:30, se les avistó de nuevo a estribor con un destructor grande y, poco después, dos cruceros más pequeños con cinco destructores aparecieron en la banda de babor. Tomamos rumbo hacia el este con nuestros destructores de escolta, el británico Encounter y el Pope norteamericano, para poner al enemigo en la popa.

 

Durante dos horas tuvimos un combate con ellos en persecución. En muchas ocasiones se montaron a horcajadas sobre nosotros, pero nunca nos dieron, hasta que, a las 11:30, un proyectil penetró el cuarto de calderas. Fue un tiro entre un millón, ya que cortó la única tubería principal de vapor que nos quedaba.

 

El barco se quedó estático en todos los departamentos. Los motores principales se detuvieron por falta de vapor. Los dínamos se paralizaron. Las torretas estaban inmóviles en diferentes direcciones. El timón falló. El interior se llenó de humo mientras el combustible que salía del cuarto de calderas delantero estalló en llamas. No había nada que pudiéramos hacer excepto hundirla.

 

Así que abrimos las válvulas de los compartimientos. A las entradas del condensador se les permitió que inundaran la sala de máquinas y las puertas herméticas, que generalmente se mantienen cerradas, se abrieron. Estaba desarrollándose un gran infierno allá abajo mientras se propagaba el fuego. La nave empezó a ladearse un poco a babor, vertiendo humo negro de sus chimeneas. Pensé que ella se veía desafiante, como un ciervo macho en la bahía. Los hombres estaban cortando las balsas Carley y los flotanets [redes con corcho flotantes], echando madera por la borda, volcando botes.

 

Los japoneses empezaban a dar en el blanco mientras la distancia se acortaba. La superestructura anterior se incendió y el zumbido de los proyectiles sonaba como la Cabalgata de las Valkirias. Ella se encontraba cada vez más por debajo del agua y más escorada. El interior había sido completamente evacuado, nadie podía vivir allá abajo. En la parte inferior de la escalera que conducía al piso superior había un montón de gente, todos muy calmados. El navío casi se detuvo por completo y los hombres salían a cuentagotas. A medida que se iban, se alejaban por la popa. Luego subí por la borda y me tiré al agua.

 

Un poco más tarde un destructor, acercándose por la viga de estribor, disparó un torpedo. Fue un buen tiro que dio justo en el centro del buque. La querida vieja se estremeció un poco. Ella parecía sacudirse de proa a popa. Debió haber tenido una muy poca flotabilidad positiva restante, ya que se justamente se inclinó a estribor hasta que sus chimeneas y mástiles estaban horizontales. Luego, lanzándose a sí misma en un acto final de desafío, desapareció en un remolino de agua, humo y vapor.

 

Nunca antes había visto un buque hundirse de día. Había visto doce barcos hundirse en un convoy en el Atlántico en una noche salvaje en octubre de 1940. Vi como uno de ellos se rompía por la mitad, las dos mitades en posición vertical en el aire y observar como desaparecían en veinte segundos. Pero la oscuridad me había librado de tener la vista más terrible para cualquier marinero, la estacada final de un buque por debajo de las olas cuando el océano inunda el interior y se lo lleva para siempre.

 

Así que nunca olvidaré la escena del Exeter al irse. No parecía real. Habíamos vivido en ese barco durante un año. Tuvimos nuestros camarotes y comedores ahí, todas nuestras pertenencias privadas y tesoros, memorias de casa, libros, fotografías. Recuerdo haber lanzado mis grandes binoculares Barr y Stroud en la cubierta antes de saltar por la borda. Qué desperdicio, pensé, sin embargo, una bagatela en comparación con la pérdida de un magnífico crucero de 8 pulgadas con una calificación que incluía al Graf Spee frente al Río de la Plata.

 

De todos modos, todos le dimos tres hurras mientras se marchaba. Se podían escuchar los gritos débiles ondulando sobre el agua.

 

El HMS Encounter fue hundido un poco más tarde después del desplome del HMS Exeter y, aproximadamente una hora después, el USS Pope también fue abatido al ser atacado por bombarderos en picada.

 

Para el anochecer del 1º de marzo de 1942, los sobrevivientes de las tres naves, esparcidas entre sí a kilómetros de distancia, se aferraban a los restos de sus buques en las aguas del mar de Java.

Si deseas saber más, lee “Never Forget, Nor Forgive” [Nunca olvidar ni perdonar], de George T. Cooper.

 

Britain at War tiene el reporte completo de la acción realizada por el comandante del HMS Exeter, el capitán O. L. Gordon, escrita en 1945, cuando estaba siendo repatriado a bordo de USS Gosper después de haber sido liberado de un campo de prisioneros de guerra.

El destructor USS Pope (DD-225), de la clase Clemson, de la Marina de los Estados Unidos en enero de 1942, hundido por aviones en picada japoneses el 1 de marzo de 1942, cerca de los Estrechos de Sunda, en las Indias Orientales holandesas (hoy Indonesia).

El HMS Exeter repeliendo ataques de aviones enemigos en enero de 1942, durante la batalla de los Estrechos de Bangka.

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