Algunos alemanes planean eliminar a Hitler

Ulrich von Hassell fue el embajador alemán en Dinamarca y en Roma. Fue ejecutado por los nazis por su participación en el complot para asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944.

El estancamiento del Grupo de Ejércitos Centro alemán en la Unión Soviética estaba poniendo en serias dudas la esperada victoria antes del invierno. La resistencia soviética y los estragos del clima sobre el avance y los suministros comenzaban a causar cuestionamientos de los altos mandos militares.

 

En la propia Alemania, parte de la población estaba comenzando a fatigarse de la guerra, las bajas considerables preocupaban a muchas familias. Algunos miembros opositores al nazismo estaban planificando destituir a Hitler y con ello llegar a un arreglo de paz con los británicos y acabar con la guerra y la persecución de los judíos.

 

Ulrich von Hassell, quien fuera embajador de los nazis en Roma hasta 1938 y que posteriormente tendría un rol importante en la conspiración contra Hitler, mantuvo un diario proporcionando comentarios personales sobre los eventos que estaban desenvolviéndose en la Alemania bajo el régimen nacionalsocialista. A principios de noviembre, bajo el contexto del fracaso para concluir la victoria sobre la Unión Soviética, von Hassell no vacila en cuestionar la conducción política de Hitler:

1 de noviembre de 1941, Ebenhausen

 

Al regresar de mi viaje al sureste, encontré la siguiente situación en Berlín: (1) Después de una certeza inicial en la victoria que siguió a los logros antes de Moscú, se generó una profunda decepción por la reactivación de la resistencia soviética en el centro, favorecida por el mal tiempo. El único consuelo es el progreso en el sur, hacia los campos petrolíferos. (2) Existe una creciente preocupación por la tensión en toda la maquinaria, así como las dificultades en las adquisiciones. (3) Hay un creciente reconocimiento de las condiciones insoportables desarrollándose en todos los países ocupados. (4) Hay una revulsión por parte de toda la gente decente por las medidas desvergonzadas contra los judíos y prisioneros rusos en el Este y en contra de judíos inofensivos y frecuentemente distinguidos en Berlín y otras ciudades grandes. (5) Hay una disposición creciendo lentamente por parte de los líderes militares para rechazar este negocio infame y vil.

 

 

Falkenhausen y el general Thomas han visitado a Brauchitsch e informan -el primero a Popitz, el segundo a Forster (¿Beck? ¿Halder?)- que él comprende que la bestialidad está rampante. Él está gradualmente despertando al hecho que una parte de la responsabilidad es suya. Si Hitler debe ser eliminado, él tomara acción. Esto al menos indica algún progreso. Falkenhausen, quien se opone al método del verdugo (incluso si él no fue capaz de impedir que uno de sus comandantes subordinados en Lille les disparara a rehenes), sólo escapó de ser echado por un pelo, pero parece haber sido salvado por Brauchitsch.

 

Cada día se hace más claro lo mucho que se han degenerado nuestros estándares espirituales y morales. En la mesa de Rheinbaben se mencionaron los fusilamientos de rehenes y gente muy razonable, como el almirante Groos, considera estas medidas como adecuadas. Hablé en contra de ello y dudé si alcanzaría el éxito sobre el que forzadamente insistía el Dr. Seeberg; como un viejo saboteador nacionalista de Renania, él debería saber que tales medidas no impresionan a los perpetradores. Añadí que los responsables eran nacionalistas, los rehenes eran judíos y comunistas. Groos no se inmutó; ¿qué otra cosa debería hacer uno?

 

 

Gritzbach, un amigo íntimo de Göring, llamó a Popitz. Estaba sorprendido por la expulsión de judíos de Berlín, incluyendo a un poseedor de la Pour-le-Mérite, varios caballeros Hohenzollern y numerosos condecorados con Cruces de Hierro. Escenas terribles tuvieron lugar en sus casas durante las horas tempranas. La población en parte estaba tan disgustada que los nazis encontraron necesario distribuir volantes explicando que los judíos eran los culpables de todo y cualquiera que simpatizara con ellos era un traidor al Volk [pueblo].

 

 

Los judíos fueron forzados a firmar una declaración señalando que habían evacuado sus hogares voluntariamente (a las dos de la mañana y bajo guardia de la policía), que habían participado en actividades comunistas y que estaban transfiriendo su propiedad al Estado.

Si deseas saber más, lee “The Ulrich von Hassell Diaries: The Story of Forces against Hitler inside Germany” [Los diarios de Ulrich von Hassell: la historia de las fuerzas contra Hitler dentro de Alemania], de Ulrich von Hassell.

Hitler en Venecia. A la derecha, entre otros personajes, se encuentra Ulrich von Hassell, quien contribuyó para el acercamiento entre Mussolini y Hitler en sus funciones como el embajador alemán en Roma.

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