El Repulse y el Prince of Wales son hundidos

Una fotografía japonesa retocada del HMS Prince of Wales (en la parte superior) y el HMS Repulse (más bajo) después de ser impactado por torpedos japoneses el 10 de diciembre de 1941, en Malaya. Un destructor británico se observa en primer plano. Los hundimientos fueron un terrible golpe para la Marina británica.

Desde principios de diciembre, mientras los transportes de tropas japonesas cruzaban el Mar de China Meridional desde Formosa, los británicos declararon un estado de emergencia en Malasia. El 2 de diciembre, el acorazado HMS Prince of Wales y el crucero HMS Repulse arribaron a Singapur junto con cuatro destructores, formando la Fuerza Z de la Marina Real.

 

Un tercer barco de guerra importante, el portaaviones HMS Indomitable, cuyos aviones, un escuadrón de nueve Hurricanes nuevos, que hubieran proporcionado cobertura aérea al acorazado y sus cohortes, no se encontraba con ellos; se había dañado en las Indias Occidentales, requiriendo veinticinco días para que las reparaciones fueran completadas.

 

El 10 de diciembre, ochenta y cuatro aviones torpederos japoneses avistaron por suerte al Prince of Wales y al Repulse y lanzaron un ataque sobre ellos. Cecil Brown, un periodista a bordo del HMS Repulse, describiría la escena de terror:

El torpedo impacta el barco a unas veinte yardas de distancia de mi posición. Se siente como si el barco se ha estrellado en el muelle. Soy lanzado cuatro pies a través de la cubierta, pero me mantengo de pie. Casi inmediatamente, al parecer, el barco se inclina. El mando grita desde el altavoz: “¡Inflen sus salvavidas!” Tomo el mío del estante. Es un asunto de sarga azul con una vejiga de goma dentro. Ato uno de los cordones alrededor de mi cintura y comienzo a traer el otro cordón alrededor del cuello.

 

Justo cuando empiezo a atarlo, la orden llega: “Todos los hombres posibles a estribor”. Pero un avión japonés invalida esa orden. Al instante hay otro estallido a estribor. Increíblemente rápido, el Repulse está inclinándose a babor y no he comenzado a inflar mi salvavidas. Termino de atar el cordón alrededor de mi cuello. Me cuelgo mi cámara fuera del salvavidas desinflado. Gallagher ya tiene su salvavidas puesto y está soplando en el tubo de goma para inflarlo. El esfuerzo hace que su rostro fuerte, blanco, se enrojezca más que de costumbre…

 

La voz del capitán Tennant se escucha por el altavoz del barco, una voz calmada: “Todos los hombres a la cubierta. Prepárense para abandonar la nave”. Hay una pausa por sólo un instante, luego: “Dios esté con ustedes”.

 

No hay alarma, no hay confusión, no hay pánico. Nosotros, en la cubierta de bandera, nos movemos hacia una escalinata que conduce al alcázar. Abrahams, el fotógrafo del Almirantazgo, Gallagher y yo estamos juntos. La frescura de todos es increíble. No hay empujones, pero tampoco hay pausa.

 

Un joven parece muy apresurado. Él intenta hacer su camino bordeando la línea en la parte alta de la escalinata para llegar abajo al alcázar más rápidamente. Un joven subteniente le da un golpecito en el hombro y le dice en voz baja: “Ya, ya, todos vamos por el mismo camino también”. El joven inmediatamente se controla…

 

El Repulse se está hundiendo. El Prince of Wales, impactado por un torpedo, todavía a media o tres cuartos de milla de distancia, está bajo en el agua, medio cubierto de humo, un destructor a su lado. Los bombarderos japoneses siguen volando alrededor como buitres, atacando todavía al Wales. Algunos de esos derribados, son manchas brillantes de naranja ardiente en el azul Mar de China Meridional. Los hombres están echando por la borda balsas, chalecos salvavidas, bancas, trozos de madera, cualquier cosa que flote.

 

Parado en el borde de la nave, veo a un hombre (el guardiamarina Peter Gillis, un australiano de dieciocho años de Sydney) lanzarse desde la torre de control de Defensa Aérea en la parte superior del mástil principal. Él se lanza 170 pies y comienza a nadar lejos. Los hombres saltan al mar desde las cuatro o cinco torres de control de defensa que segmentan el mástil principal como una serie de salientes. Un hombre se queda corto, se lanza, golpea el costado del Repulse, se rompe todos los huesos de su cuerpo y cae en el mar como un saco de cemento húmedo. Otro pierde su orientación y se lanza desde una de las torres directo hacia la chimenea.

 

Los hombres están corriendo a lo largo de la cubierta de la nave para llegar más lejos hacia la popa. El barco está más abajo en el agua por la popa y su salto por tanto será más corto. Doce Royal Marines corren demasiado lejos, saltan al agua y son absorbidos por la hélice. Los ejes del Repulse todavía están girando. Hay quinientas o seiscientas cabezas balanceándose en el agua. Los hombres están siendo arrastrados a popa porque el Repulse todavía está en movimiento y también hay una marea fuerte aquí.

 

A todo mi alrededor los hombres se lanzan por el lado. Me siento en el borde del Repulse y me quito los zapatos. Me gustan mucho esos zapatos. Un chino los hizo para mí hace unos días en Singapur. Son suaves, con una hebilla y se ajustan bien. Los pongo juntos cuidadosamente y los coloco como lo haces al pie de tu cama antes de ir a dormir. No tengo ninguna visión de lo que depara el futuro, ni pensamientos concretos de cómo salvarme a mí mismo. Es esencialmente sálvense quien pueda. Mientras me siento allí, de repente me viene la abrumadora, dogmática convicción, en realidad digo las palabras: “Cecil, nunca vas a salir de esto”.

 

Veo a un hombre saltar y caer directamente sobre otro hombre. Me digo a mí mismo: “Cuando salte, no quiero lastimar a nadie”. Abajo hay un desorden de petróleo y escombros y tampoco quiero saltar a eso. Siento que mi mente se entumece.

 

Miro al otro lado al Wales. Sus cañones están destellando y las llamas están siendo arrojadas a través del humo negro grisáceo. Mi mente no puede absorber lo que mis ojos ven. Es imposible creer que estos dos barcos hermosos, poderosos e invulnerables se estén hundiendo. Pero lo están. No hay duda de eso. Los hombres se deslizan por el casco del Repulse. Extendiéndose alrededor del borde de la nave, hay una protuberancia de tres pulgadas de acero. Los hombres llegaban a esa protuberancia y se lanzaban al espacio y hacia el agua. Me decía a mí mismo, “No quiero ir por ese camino. Eso debe lastimar sus espaldas de forma terrible”.

 

A unos ocho pies a mi izquierda hay un enorme agujero en el costado del Repulse. Es de unos treinta pies de ancho, con las placas torcidas y rasgadas. El casco del Repulse ha sido abierto como si un gigante hubiera desgarrado una lata. Veo a un oficial zambullirse por el lado, zambullirse en el agujero debajo de la línea, zambullirse de vuelta adentro de la nave. Me doy media vuelta para mirar hacia el ángulo disparatado de la cubierta del barco. El padre está al lado de uno de los cañones antiaéreos, administrando los últimos ritos a un artillero muriendo junto a su cañón. El padre parece totalmente despreocupado por el hecho de que el Repulse está hundiéndose en cualquier momento...

 

El salto es de unos veinte pies. El agua es cálida; no es agua, sino aceite espeso. Mi primera acción es mirar mi cronómetro. Se rompió a las 12:35, una hora y veinte minutos después de que la primera bomba japonesa descendiera desde 12,000 pies para estrellarse contra la cubierta de catapulta del Repulse.

En total, 840 oficiales y hombres se ahogaron; 1,285 sobrevivientes fueron rescatados del agua.

Si deseas saber más, lee “From Suez to Singapore” [De Suez a Singapur], de Cecil Brown.

Fotografía tomada desde un avión japonés durante el ataque inicial a gran altura. El HMS Repulse, en la parte inferior de la vista, acaba de ser impactado por una bomba y a su alrededor hay otras detonaciones de bombas que cayeron cerca. El HMS Prince of Wales, en la parte superior de la imagen, está generando una cantidad considerable de humo. La escritura japonesa en la parte inferior derecha señala que la fotografía fue reproducida por autorización del Ministerio de Marina.

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