Toneles de victoria sobre Singapur

Cazas Brewster Buffalo del Escuadrón N.º 453 de la Real Fuerza Aérea Australiana alineados en el aeródromo de Sembawang, Singapur, hacia noviembre de 1941. Cuatro escuadrones de la Commonwealth empleaban el Buffalo al inicio de la campaña de Malaya. (Foto: Australian War Memorial, 100117).
El 10 de enero de 1942, la retirada aliada por la península malaya continuaba acercando la guerra a Singapur. Las unidades británicas, indias y australianas retrocedían hacia el sur, mientras los aeródromos, carreteras y centros hospitalarios de la isla soportaban una presión cada vez mayor.
Singapur seguía siendo la principal base militar y naval británica en el sudeste asiático, además de ser el destino de numerosos heridos evacuados desde Malaya. Sin embargo, había dejado de ser una retaguardia segura. Las alarmas aéreas, los incendios y la llegada de víctimas se habían convertido en parte de la vida de una ciudad que durante años había confiado en la distancia, el mar y sus defensas.
En el aire, cuatro escuadrones de la Commonwealth combatían con cazas Brewster Buffalo: los números 21 y 453 de la Real Fuerza Aérea Australiana, el N.º 488 de la Real Fuerza Aérea Neozelandesa y el N.º 243 de la RAF, integrado en gran parte por pilotos neozelandeses. Los Buffalo tenían dificultades para alcanzar con rapidez la altura de combate y se enfrentaban a aparatos japoneses con mejores prestaciones.
Hasta aquella mañana, ninguno de los cuatro escuadrones tenía acreditado el derribo de un avión enemigo sobre Singapur. Pero desde tierra, la guerra aérea se medía de otra manera.
Marie Bentley trabajaba como enfermera civil en el Hospital General de Singapur. Más de cincuenta años después, recordó en una entrevista los bombardeos de enero en conjunto y la manera en que las salas, los corredores y cualquier espacio disponible fueron absorbidos por la emergencia:
Entonces, volvimos a nuestras tareas habituales: el turno nocturno, el de mañana y el de tarde. Algunas trabajábamos voluntariamente más horas de las acostumbradas; cuando nos correspondía el turno nocturno, algunas trabajaban desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana. Las salas se fueron llenando.
Recibíamos pacientes, especialmente de Chinatown, porque la mayoría vivía en viviendas muy precarias que habían sido bombardeadas. Aquellas casas improvisadas se desplomaban como castillos de naipes. Algunos quedaban sepultados bajo los escombros y no había tiempo para sacarlos de entre los montones de madera y ladrillos.
Más adelante, cuando los bombardeos sobre Singapur se intensificaron, también llegaron enfermeras evacuadas de Malaya —de Penang y Kuala Lumpur— y nos ayudaron en el trabajo. Ya no hubo tiempo para continuar la formación.
…
Todas las oficinas y los edificios disponibles fueron convertidos en hospitales o centros hospitalarios improvisados.
…
En enero los bombardeos eran incesantes, casi todos los días y casi todas las noches. Los muertos yacían en las calles y no había tiempo para enterrarlos. Los encontraban en las zanjas y en los caminos; las ambulancias recorrían la ciudad, los recogían y los llevaban a los hospitales.
En la sala donde trabajaba también recibíamos militares procedentes de los hospitales militares y de los hospitales improvisados. Yo tenía unos 150 pacientes.
…
Los corredores del Hospital General estaban abarrotados de personas tendidas en el suelo, sobre colchones y camillas. En mi sala había dos hileras de camas. Incluso utilizaban los corredores que conducían a los baños y a los almacenes, y entonces éramos muy pocos para atenderlos.
Si deseas saber más, visita el Australian War Memorial, entrevista “Ms Marie Bentley interviewed by Daniel Chew about her work as a nurse in Singapore during the Japanese occupation 1942–1945”, registro S01720.
El recuerdo de Bentley abarca enero en su conjunto y no permite situar cada una de esas escenas en un día determinado. La mañana del 10 de enero, la amenaza aérea tomó una forma distinta. La sala de operaciones siguió cuidadosamente la aproximación de un solitario Mitsubishi Ki-46 de reconocimiento del Ejército japonés y dirigió hacia él a dos Buffalo que ya habían alcanzado su altitud de patrulla.
Los pilotos eran los sargentos neozelandeses Bert Wipiti y Charlie Kronk, compañeros desde su formación y destinados juntos en el Escuadrón N.º 243, con base en Kallang.
Wipiti avistó el Ki-46 debajo de ellos, descendió sobre su cola y disparó una larga ráfaga. Los impactos alcanzaron el motor de babor y redujeron la velocidad del aparato. Kronk se aproximó entonces desde abajo. Posteriormente recordó la silueta del avión japonés directamente sobre su cabeza:
Me acerqué desde abajo y vi el gran cuerpo del avión, con sus grandes círculos rojos en el ala, justo sobre mi cabeza. Pensé: “No puedo destruir un aparato tan hermoso como este”.
Entonces apreté el botón de disparo y vacié contra él todo lo que llevaba. Seguí disparando hasta agotar toda mi munición.
Ardió durante todo el descenso hasta tierra, pero los japoneses parecían creer que podrían aterrizarlo. Justo cuando comenzaba a nivelarse, pareció prenderse por completo y una enorme llamarada se elevó mientras desaparecía entre las copas de los árboles.
El Ki-46 se estrelló en la selva del sur de Johore. Sus dos tripulantes murieron.
Desde el aeródromo, el sargento Vincent “Vin” Arthur, también piloto del Escuadrón N.º 243, registró en su diario el ataque, el descenso del aparato y el regreso de Wipiti y Kronk:
Esta mañana Wipiti y Kronk derribaron un bombardero pesado Tipo 97 del Ejército. Pasó sobre el aeródromo y avisamos a Operaciones, que enseguida puso a Wip y Charlie tras él.
Ambos muchachos lo atacaron simultáneamente: Wipiti apuntó al motor de babor y Kronk al piloto. Los dos agotaron toda su munición. Dispararon contra el avión durante todo el descenso, desde 9.000 pies hasta el nivel del suelo.
Cuando finalmente se estrelló contra una colina en Johore, el motor de babor ardía con furia. Cuando Wip y Charlie regresaron, ambos hicieron toneles de victoria. Me alegro de que el 243 se apuntara el primer derribo y no el 488.
Arthur lo identificó entonces como un bombardero pesado Tipo 97 del Ejército. La investigación posterior permitió establecer que se trataba de un Mitsubishi Ki-46 de reconocimiento. La identificación original permanece en el diario porque así fue registrada por el testigo aquel mismo día.
La última frase de Arthur también conservaba la rivalidad entre los escuadrones N.º 243 y N.º 488, ambos equipados con cazas Buffalonoso. Para el N.º 243, el derribo ofrecía algo que hasta entonces había faltado: una victoria confirmada sobre un enemigo que parecía llegar siempre con ventaja de altura, velocidad o número.
Aquella noche, el sargento Russ Reynolds anotó la reacción de los pilotos y los preparativos para visitar los restos al día siguiente:
Greenslade, Newman, Kronk, Wipiti y yo estamos sentados bajo la luz de la sala grande, comentando las actividades del día. El comandante de escuadrón Howell, el capitán de aviación Garden y Bonham acaban de marcharse.
El oficial al mando trajo una botella de whisky del Cuartel General del Lejano Oriente como regalo para los vencedores. Nosotros trajimos cerveza del comedor de la unidad, así que todos bebimos para celebrarlo.
Es lo mejor que podía habernos ocurrido, porque ahora los haremos caer uno tras otro, como cartas de una baraja.
…
Mañana el comandante de escuadrón Howell, Kronk y Wipiti irán en un camión al lugar del accidente para conseguir un “sol naciente” y un trozo del ala que puedan clavar sobre la barraca de dispersión. Le pediré a Bert que lleve mi cámara para tomar algunas fotografías.
Si deseas saber más, lee Buffaloes Over Singapore: RAF, RAAF, RNZAF and Dutch Brewster Fighters in Action over Malaya and the East Indies 1941–1942 [Los Buffalo sobre Singapur: cazas Brewster de la RAF, RAAF, RNZAF y neerlandeses en acción sobre Malaya y las Indias Orientales, 1941–1942], de Brian Cull, con Paul Sortehaug y Mark Haselden.
El derribo de un avión de reconocimiento no podía detener el avance japonés por Malaya ni aliviar la presión acumulada en los hospitales de Singapur. Para los hombres del Escuadrón N.º 243, sin embargo, demostraba que el enemigo podía ser alcanzado cuando los Buffalo conseguían colocarse en una posición favorable.
Los toneles sobre Kallang fueron la reacción inmediata de dos pilotos que llevaban semanas despegando frente a un adversario superior. Después llegaron la cerveza, el whisky y el deseo de recuperar un emblema de entre los restos.
Marie Bentley conservó otra medida de aquella guerra: 150 pacientes en una sola sala, corredores convertidos en enfermerías y ambulancias recorriendo las calles. En el recuerdo de aquel enero quedaron ambas imágenes: una victoria celebrada en el aeródromo y una ciudad que continuaba llenándose de heridos.

Voluntarios de las Precauciones contra Ataques Aéreos combaten incendios provocados por bombas japonesas en los muelles de Singapur, el 2 de enero de 1942. Los servicios civiles de emergencia trabajaban entre incendios, edificios dañados y una afluencia creciente de víctimas hacia los hospitales. (Foto: Australian War Memorial, 012450 / National Archives of Singapore, 2006-000485-AWM).

Alumnos pilotos del curso 11C de la RNZAF en mayo de 1941. Bert Wipiti aparece primero, por la izquierda, en la fila delantera, y Charlie Kronk, tercero. Meses después volverían a reunirse en el Escuadrón N.º 243 de la RAF en Singapur. (Foto: Air Force Museum of New Zealand, 2013/278.8).

Cazas Brewster Buffalo del Escuadrón N.º 453 de la Real Fuerza Aérea Australiana alineados en el aeródromo de Sembawang, Singapur, hacia octubre de 1941. El personal de tierra aparece junto a los aparatos. (Foto: Australian War Memorial, SUK14764).

Integrantes del Escuadrón N.º 243 posan junto a una sección de la cola del Mitsubishi Ki-46 derribado por Bert Wipiti y Charlie Kronk el 10 de enero de 1942. Charlie Kronk, con chaleco salvavidas, aparece inmediatamente a la izquierda del fragmento. (Foto publicada en The Weekly News, 11 de febrero de 1942; reproducción: Air Force Museum of New Zealand, MUS24228).

%20Large.png)







