Mussolini disgustado con los alemanes

Adolf Hitler y Benito Mussolini se reúnen en una estación de tren en el paso Brenner, en los Alpes del Tirol, en la frontera con Italia y Austria. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop se ve al fondo saliendo del vagón en el fondo, el 2 de junio 1941.

Hitler y Mussolini se habían reunido en Brennero, en el Paso Brenner, en la frontera entre Austria e Italia, en los primeros días de junio. La reunión fue convocada de último minuto por Hitler para tratar diversos asuntos, pero no reveló al dictador italiano sus intenciones de atacar la Unión Soviética.

 

Los italianos cumplían un año de haber entrado en la guerra, pero el conflicto no estaba yendo en favor de los mediterráneos. Los reveses en el norte y este de África y Grecia habían obligado a los alemanes intervenir en estos teatros para auxiliar a su aliado.

 

El 10 de junio de 1941, el Conde Galeazzo Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores italiano, relató en su diario sobre el descontento del Duce:

Hitler y Mussolini se reunieron en diversas ocasiones en el Paso Brenner para tratar asuntos de índole político y militar. En la imagen, Mussolini, Hitler y el conde Galeazzo Ciano, en 1940.

¡Qué extraño aniversario de nuestra entrada en la guerra! Utilizando como pretexto el aumento de la intromisión alemana en Croacia, Mussolini pronunció contra Alemania los cargos más duros que he oído de él. Era el Mussolini agresivo y, por lo tanto, Mussolini en su mejor momento. ‘No tiene ninguna importancia’, dijo,’ que los alemanes reconozcan nuestros derechos en Croacia en papel, cuando en la práctica se llevan todo y nos dejan solamente un montoncito de huesos. Son perros sucios y te digo que esto no puede seguir así por mucho tiempo. Ni siquiera sé si la intriga alemana permitirá a Aimone [duque de Spoleto] ascender al trono croata. Además, he estado disgustado profundamente con los alemanes desde el momento en que List hizo un armisticio con Grecia sin nuestro conocimiento y los soldados de la división Casale, que son nativos de Forli y odian a Alemania; encontré en Ponte di Perati a un soldado alemán bloqueando la carretera y robándonos los frutos de la victoria. En lo personal, me he hartado de Hitler y su forma de actuar. Estas conferencias convocadas al sonido de una campana no son de mi agrado; se toca la campana cuando las personas llaman a su sirviente. Y, además, ¿qué tipo de conferencias son estas? Durante cinco horas estoy obligado a escuchar un monólogo que es bastante inútil y aburrido. Habló durante horas y horas de Hess, del Bismarck, de cosas más o menos relacionadas con la guerra, pero no propuso una agenda, no fue al fondo de ningún problema, o no tomó ninguna decisión. Mientras tanto, sigo construyendo fortificaciones en el Vallo Alpino. Algún día serán útiles. Por el momento, no hay nada que hacer. Hay que aullar con los lobos. Hoy en la Cámara, voy a halagar a los alemanes, pero mi corazón está lleno de amargura’.

 

El Duce me ha mostrado su discurso. Le sugerí que utilizara el pedal suave acerca de los turcos, que todavía están aliados con los ingleses y que podrían tener algunas sorpresas para nosotros en almacén, sobre todo porque la resistencia francesa en Siria parece estar diluyéndose.

 

La recepción que la Cámara dio el discurso no dio mucho de qué hablar y los primeros comentarios que nos llegaron no son del todo entusiastas. Pero, me pregunto, ¿podría el Duce haber actuado de manera diferente o mejor en la situación actual?

Si quieres saber más, lee “The Ciano Diaries 1939-1943” [Los Diarios de Ciano 1939-1943], editado por Hugh Gibson.

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