Hitler prorroga por decreto la Ley de Plenos Poderes

Joseph Goebbels pronuncia un discurso en el Sportpalast de Berlín durante una campaña del Kriegshilfswerk für das Deutsche Rote Kreuz, el 17 de abril de 1940.
El 10 de mayo de 1943, mientras el frente africano del Eje se acercaba a su colapso definitivo, Hitler firmó en Berlín un decreto que prorrogaba, sin debate público ni convocatoria del Reichstag, los poderes excepcionales derivados de la Ley de Plenos Poderes de 1933.
La fecha no era menor. Aquella ley, aprobada diez años antes bajo presión y violencia política, había dado al gobierno del Reich la capacidad de legislar sin el parlamento y de apartarse, en la práctica, del marco constitucional de la República de Weimar. En 1943, cuando su vigencia formal expiraba, Hitler ya no recurría ni siquiera a la apariencia de una sesión parlamentaria. Bastó su firma.
En los días previos, Hitler había sostenido varias conversaciones en la Cancillería del Reich —con Goebbels, Bormann, Ley, Frick, Funk, Rust, Frank y también con Rommel— sin mencionar públicamente su intención de prorrogar la Ley de Plenos Poderes. El decreto apareció únicamente en el Reichsgesetzblatt, la Gaceta de Leyes del Reich, bajo un título técnico y deliberadamente opaco: “Decreto del Führer sobre la legislación gubernamental”.
No era una simple formalidad administrativa. Era la dictadura que se prorrogaba a sí misma:
Cuartel General del Führer, 10 de mayo de 1943
Teniendo en cuenta que la ley del 24 de marzo de 1933 (Reichsgesetzblatt, I, p. 141) expira formalmente el 10 de mayo de 1943, dispongo lo siguiente:
El Gobierno del Reich continuará ejerciendo los poderes que le fueron conferidos en virtud de la ley del 24 de marzo de 1933.
Me reservo la obtención de una confirmación de estos poderes por parte del Gran Reichstag alemán.
Adolf Hitler
Cuartel General del Führer, 10 de mayo de 1943
Teniendo en cuenta que la ley del 24 de marzo de 1933 [Reichsgesetzblatt, I, p. 141] expira formalmente el 10 de mayo de 1943, dispongo lo siguiente:
El Gobierno del Reich continuará ejerciendo los poderes que le fueron conferidos en virtud de la ley del 24 de marzo de 1933.
Me reservo la obtención de una confirmación de estos poderes por parte del Gran Reichstag alemán.
Adolf Hitler
La última frase conservaba una máscara de legalidad. Hitler decía reservarse la posibilidad de obtener la confirmación del Gran Reichstag alemán, pero algunos historiadores advierten que no tenía intención real de volver a convocarlo. La fórmula servía para silenciar críticas potenciales, no para devolver al parlamento su papel efectivo.
Así, la ley que en 1933 había destruido desde dentro el sistema constitucional alemán quedaba prolongada por un acto unilateral. La dictadura, nacida bajo la apariencia de legalidad, prescindía incluso de esa vieja escenografía parlamentaria.
Ese mismo día, Hitler emitió también un llamamiento para el cuarto Kriegshilfswerk de la Cruz Roja Alemana. No se trataba de un testimonio personal, sino de una pieza de propaganda: una proclamación destinada a presentar el sufrimiento de la guerra como prueba de unidad nacional, sacrificio y obediencia:
Cuartel General del Führer, 10 de mayo de 1943
¡Pueblo alemán!
Ha pasado otro invierno que impuso duras batallas y pesadas cargas a nuestros soldados. Una vez más, corresponde a nuestros hombres del Este el mérito de haber superado una crisis que habría quebrado a cualquier otra fuerza armada del mundo. La patria no puede medir plenamente cuán grandes fueron las exigencias físicas y espirituales soportadas por nuestros soldados.
Sólo gracias a su heroísmo no se limitó finalmente el ataque enemigo, sino que éste fue obligado a retroceder mediante fuertes contraataques. También a la patria alemana se le exige mucho: trabajo, deber y disposición al sacrificio. Pero todos esos sacrificios palidecen frente a las privaciones y sufrimientos que nuestros soldados deben soportar por segunda vez en el Este.
Tales esfuerzos sólo son concebibles por amor al propio pueblo, que debe ser salvado, y a la propia tierra, que debe ser preservada de los horrores de la guerra. Son el pueblo alemán, sus mujeres y sus niños, por quienes nuestros hombres arriesgan una y otra vez la vida en todos los frentes de esta poderosa lucha.
También la patria alemana ha demostrado valor. La guerra ha llegado a sus ciudades, villas y aldeas. Sin embargo, sus privaciones y sacrificios no pueden compararse con las penurias sobrehumanas de quienes combaten en los distintos frentes, especialmente en el Este. Por ello, es deber de la patria —su deuda de honor— demostrarles que, pese a las dificultades que ella misma deba soportar, no olvida ni por un segundo a sus soldados del frente.
Sobre todo, no dejará de hacer cuanto sea necesario para curar las heridas de sus combatientes y para endurecer, en la práctica, la Volksgemeinschaft nacionalsocialista alemana mediante la activación de un espíritu común de sacrificio.
Por ello, llamo por cuarta vez al pueblo alemán a reafirmar sus vínculos comunes mediante su disposición al sacrificio en favor del Kriegshilfswerk de la Cruz Roja Alemana, ofreciendo así a nuestros soldados el agradecimiento que tanto merecen. Así como el alemán se superó a sí mismo como soldado durante este invierno, espero que la patria se supere a sí misma en el nuevo Kriegshilfswerk de la Cruz Roja.
Adolf Hitler
Si quieres saber más, lee “Hitler: Speeches and Proclamations, 1932-1945: The Chronicle of a Dictatorship, Volume IV” [Discursos y Proclamaciones de Hitler, 1932-1945: Crónica de una Dictadura, Volumen IV], editado por Max Domarus.
El lenguaje era cuidadosamente construido. La derrota se transformaba en sacrificio; el desgaste, en heroísmo; la obediencia, en comunidad. Nada en el llamamiento reflejaba la magnitud de la crisis militar que rodeaba al Reich en aquellos días.
Tras Stalingrado, el frente oriental seguía siendo una herida abierta; Túnez y Bizerta habían caído el 7 de mayo y, el 10 de mayo, Hitler había enviado un telegrama al general Hans-Jürgen von Arnim, comandante de las fuerzas germano-italianas en Túnez, para intentar mantener la imagen de una resistencia heroica. Pero el desenlace ya estaba prácticamente decidido; el telón final pronto caería en el teatro norafricano.
En apariencia, el 10 de mayo de 1943 fue una jornada de decretos administrativos y llamamientos patrióticos. En realidad, condensó dos rasgos esenciales del Tercer Reich en guerra: la conservación de una fachada legal para una dictadura ya plenamente personalista y el uso del sacrificio colectivo como lenguaje para ocultar el deterioro militar. Mientras el régimen prorrogaba sus propios poderes sin consultar al Reichstag, la propaganda pedía a la población nuevas muestras de entrega. La ley, la caridad y la guerra quedaban fundidas en una misma fórmula: obediencia, sacrificio y silencio. Mientras tanto, el mapa de la guerra comenzaba a cerrarse sobre Alemania.
Escenas del noticiario de propaganda alemán Die Deutsche Wochenschau, mostrando escenas en los diversos frentes ocupados por las fuerzas alemanas a principios de mayo de 1943:

Enfermeras de la Cruz Roja Alemana junto a dos soldados de la Wehrmacht.

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