Se emite la Orden de Severidad

El mariscal de campo Walther von Reichenau, comandante del 6º Ejército alemán, en el sector sur de la Unión Soviética, en septiembre de 1941.

En algunos de los informes de la situación operacional de los Einsatzgruppen había algunos indicios de tensiones que se habían desarrollado entre la Wehrmacht alemana y los Kommandos, concernientes a los prisioneros soviéticos.

 

En algunos casos, los comandantes se negaban a transferir a los Einsatzkommandos los judíos que eran considerados prisioneros de guerra, pero aquellos oficiales eran enjuiciados inmediatamente por Tribunales Militares por insubordinación.

 

Estas dificultades pronto serían superadas, dejando en claro que el Ejército alemán estaba obligada a “cooperar”. En ese mismo sentido, el 10 de octubre de 1941, el mariscal de campo Walter von Reichenau, comandante del 6º Ejército, emitió la orden relativa a la conducta de las tropas en los territorios del Este, que dictaba que los judíos deberían ser tratados como partisanos de facto, por tanto, dando carta blanca al exterminio de cualquier elemento sospechoso de actividades clandestinas de sabotaje e incluso de aquellos que, por omisión voluntaria o involuntaria, no proporcionaban informes sobre dichas acciones:

¡SECRETO!

 

Cuartel General, 10 de octubre de 1941

 

Mando del Ejército 6, Sec. Ia-A. 7

Asunto: Conducta de las tropas en los territorios orientales.

 

En relación con la conducta de las tropas hacia el sistema bolchevique, aún prevalecen ideas vagas en muchos casos. El objetivo más esencial de la guerra contra el sistema judío-bolchevique es una completa destrucción de sus medios de poder y la eliminación de la influencia asiática de la cultura europea. En este respecto, las tropas se enfrentan a tareas que exceden la rutina unilateral de ser soldado. El soldado en los territorios del Este no es simplemente un combatiente de acuerdo con las reglas del arte de la guerra, sino también un portador de ideología nacional despiadada y vengador de bestialidades que se han infligido sobre los alemanes y naciones relacionadas racialmente.

 

Por lo tanto, el soldado debe tener pleno conocimiento de la necesidad de una venganza severa pero justa sobre la judería subhumana. El Ejército tiene que apuntar a otro propósito, por ejemplo, la aniquilación de revueltas en zonas de influencia que, como demuestra la experiencia, siempre han sido causadas por judíos.

 

La lucha contra el enemigo detrás de la línea del frente todavía no ha tomado lo suficientemente en serio. Partisanos traidores, crueles y mujeres perversas todavía están siendo hechos prisioneros de guerra y, los combatientes guerrilleros, vestidos parcialmente en uniformes o ropa civil, así como vagabundos, aún están siendo tratados adecuadamente como soldados y enviados a campos de prisioneros de guerra. De hecho, oficiales rusos capturados hablan, incluso burlándose, acerca de los agentes soviéticos movilizándose abiertamente sobre las carreteras y muy a menudo comiendo de las cocinas de campaña alemanas. Tal actitud de las tropas sólo puede explicarse por total irreflexión, por lo que ahora es el momento que los comandantes aclaren el significado de la presente lucha.

 

La alimentación de nativos y prisioneros de guerra que no están trabajando para las fuerzas armadas de las cocinas del Ejército, es un acto humanitario igualmente malentendido como lo es dar cigarrillos y pan. Las cosas que la gente en casa ofrece con grandes sacrificios y las cosas que están siendo traídas al frente con grandes dificultades por el Mando, no deben darse al enemigo por el soldado ni siquiera si se originan de un botín de guerra. Es una parte importante de nuestros suministros.

 

Cuando se retiran, los soviéticos a menudo han prendido edificios en llamas. Las tropas deben estar interesadas en la extinción de los incendios sólo si es necesario para garantizar un número suficiente de alojamiento. De lo contrario, la desaparición de los símbolos de la antigua regencia bolchevique, incluso en la forma de edificios, es parte de la lucha de destrucción. Ni consideraciones históricas o artísticas son de importancia alguna en los territorios orientales. El mando emite las directivas necesarias para el aseguramiento de materias primas y fábricas, esenciales para la economía de guerra. El completo desarme de la población civil en la retaguardia de las tropas de combate es imprescindible, tomando en cuenta las largas y vulnerables líneas de comunicaciones. Siempre que sea posible, las armas y municiones capturadas deben ser almacenadas y protegidas. Si esto es imposible debido a la situación de la batalla, las armas y municiones deberán ser inutilizadas. Si partisanos aislados se encuentran utilizando armas de fuego en la parte trasera del ejército, deben tomarse medidas drásticas. Estas medidas serán extendidas a esa parte de la población masculina que estaba en condiciones de impedir o informar de los ataques. La indiferencia de numerosos elementos, aparentemente anti-soviéticos, que se origina a partir de una actitud de “espera y ve”, debe dar paso a una decisión clara para la colaboración activa. Si no es así, nadie puede quejarse de ser juzgado y tratado como un miembro del sistema soviético.

 

El temor a las contramedidas alemanas debe ser más fuerte que las amenazas de los restos errantes bolcheviques. Estando lejos de todas las consideraciones políticas del futuro, el soldado tiene que cumplir dos tareas:

 

1. La aniquilación completa de la falsa doctrina bolchevique del Estado soviético y sus fuerzas armadas.

 

2. El exterminio implacable de la traición y crueldad extranjera y por tanto la protección de las vidas del personal militar en Rusia.

 

Esta es la única forma de cumplir con nuestra tarea histórica de liberar al pueblo alemán de una vez para siempre del peligro asiático-judío.

 

Comandante en Jefe

von Reichenau

Mariscal de campo.

Si deseas saber más, lee “Nazi Conspiracy and Aggression (Volume VIII)” [Conspiración y agresión nazi (Volumen VIII)], de la Oficina del Jefe de Acusación de los Estados Unidos para el Enjuiciamiento de Crímenes del Eje.

La orden emitida por el mariscal de campo Reichenau aclaraba que no debía haber piedad por judíos que participaran en actividades de guerrilla y sabotaje, aunque fuera por simple sospecha.

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