En Stalingrado, después de cincuenta días de combate continuo, los alemanes estaban preparando un asalto devastador -al menos eso era lo que se esperaba-. Con el ataque se buscaba expulsar al enemigo de todos los rincones, de sótanos y ruinas, de fábricas y de la ribera del río.

 

Entretanto, las posiciones soviéticas estaban siendo martilladas continuamente por la artillería, aunque los logros de estos ataques eran mínimos. Los defensores de Stalingrado se rehusaban a rendirse; cada día el combate era más sangriento y encarnizado, pero los alemanes estaban obstinados en tomar la ciudad ostentando el nombre Stalin.

 

El teniente Adelbert Holl, al frente de una unidad en la 94ª División de Infantería, estaba llevando un registro detallado de los sucesos ocurriendo en Stalingrado:

Asalto de artillería alemana en Stalingrado

Un observador de artillería en la Colina 107.5 observa la caída de las rondas de su batería. Esta colina - la más alta de Stalingrado – tenía forma de panal con las excavaciones y puestos de observación de innumerables observadores de artillería. Los cuidados eran necesarios porque el plan de fuego era muy intrincado. Los bombardeos se desplazaban de un blanco a otro. Cuando la infantería se trasladaba a otros puntos, la barrera de fuego cambiaba a una segunda línea y así sucesivamente.

10 de octubre de 1942

Hemos estado en nuestras posiciones por diez días completos. Era posible creer que este infierno en el centro de la parte norte de la ciudad, a unos 3 a 6 kilómetros de distancia, apenas nos preocupaba. Pensando sobre lo ocurrido en la última semana, tengo que admitir que muy poco ha sucedido en nuestro sector. Las salvas del Órgano de Stalin, mañana y tarde, en ocasiones con 12, en otras con 24 impactos, eran ya una característica regular. En respuesta, el puesto de mando enemigo que había señalado con precisión desde mi escondite elevado recibió un bombardeo de artillería -¡Kapow!- El teniente Weise, comandante de un pelotón de cañones pesados de infantería, me envió un observador de avanzada. Le informé sobre el objetivo. Weise estaba reacio a traer su ‘equipaje de 15 de centímetros’ -como se les apodaba a estos proyectiles de 15 cm- muy cerca de la línea del frente. Pensaba que el riesgo era muy grande, pero lo convencí de que sería efectivo. Previo a que él diera la orden de abrir fuego, mis hombres fueron informados. Con la aproximación estruendosa de los obuses pesados, ellos se refugiaron por completo en sus guaridas. Cuando sabías que un proyectil se aproximaba, su vuelo podía ser seguido a simple vista. Poco después de que el teniente Weise transmitiera la orden a sus emplazamientos por el teléfono de campo, las descargas podían escucharse, seguido unos momentos después por el rugido de los proyectiles. Eran visibles por una fracción de segundo y entonces, justo después de eso, se escuchaba el ‘bbuuuumm’ de la detonación. En ese mismo instante, esquirlas, fragmentos de madera y pedazos de escombros llovían a lo largo del área y sobre nuestras posiciones. Estábamos complacidos con el resultado y realizamos la misma operación un par de veces más, después de más sesiones informativas sobre los objetivos. Weise se había convencido que tal ejercicio era posible cuando nuestros propios hombres eran advertidos.

 

Mi mensajero del batallón, Marek, fue golpeado en el casco por una astilla mientras hacía su camino de vuelta a mi puesto de mando. Su casco estaba un poco abollado, pero Marek no sufrió lesión alguna, gracias a Dios. Los guardias en el frente estaban vigilando. No podían enviarse grupos de reconocimiento debido a las bajas fuerzas de combate.

 

El clima continuó siendo soleado y claro. El viento había llegado el 8 de octubre, pero al día siguiente estaba soleado y bien. El enemigo aún seguía viéndose como figuras fugaces, en la medida en que podía ser visto durante el día. Habían notado que también podíamos llevárnoslos individualmente. Como ya he dicho, los francotiradores eran temidos en ambos lados.

 

Visitaba mi escondite elevado cada vez que había una oportunidad.

Si deseas saber más, lee “An Infantryman in Stalingrad: From 24 September 1942 to 2 February 1943” [Un soldado de infantería en Stalingrado: del 24 de septiembre de 1942 al 2 de febrero de 1943], de Adelbert Holl.

Infantería alemana alistándose para el ataque en Stalingrado.

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