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La moral se quiebra bajo la nieve

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Günther von Kluge, a la izquierda, junto a Hitler durante una visita a las tropas alemanas en Francia, hacia 1940. Desde diciembre de 1941, Kluge estaba al mando del Grupo de Ejércitos Centro y trataba de obtener margen para acortar el frente, mientras Hitler insistía en defender cada palmo de terreno ante la contraofensiva soviética. (Foto: Bundesarchiv, Bild 146-1973-023-19 / CC BY-SA 3.0).

Después de que el coronel general Erich Hoepner fuera destituido por ordenar una retirada sin autorización, la crisis del Grupo de Ejércitos Centro continuaba extendiéndose. La contraofensiva soviética había abierto peligrosas penetraciones al oeste de Rzhev y alrededor de Sujínichi, mientras los ejércitos alemanes trataban de mantener un frente demasiado amplio con fuerzas cada vez más difíciles de mover.

El 11 de enero de 1942, Franz Halder pasó todo el día junto a Hitler y el mariscal de campo Günther von Kluge. Kluge buscaba margen para acortar la línea y reunir sus fuerzas; Hitler seguía aferrado a la orden de defender cada palmo de terreno. Halder regresó de la reunión a la una de la madrugada, mientras la situación al oeste de Rzhev y en la penetración de Sujínichi se volvía más peligrosa.

El parte del Alto Mando del Ejército mostraba lo que aquella disputa significaba sobre el terreno. Tropas soviéticas habían irrumpido en la retaguardia del 4.º Ejército y ocupado la estación de Pesóchnaya. Un ataque alemán previsto desde la zona de Subovo tuvo que aplazarse por la nieve y la fuerte ventisca; otro, al norte de Medyn, quedó detenido entre acumulaciones de casi metro y medio y el fuego defensivo soviético.

En las posiciones, la crisis se reducía a órdenes de resistir, caminos cerrados y fuerzas enemigas que aparecían detrás del frente. El teniente Kurt Grumann, de la 87.ª División de Infantería, escribió ese mismo día:

Mantenerse firmes —o morir—. No habrá retirada para nuestro regimiento, eso es seguro. Ahora los rusos están enviando unidades de esquiadores detrás de nuestras posiciones.

Un viento fuerte arrastra ventisqueros sobre los caminos y nos vemos reducidos a utilizar nuestros fusiles como palas. Debemos mantener abierta nuestra ruta de abastecimiento, cueste lo que cueste.

¿Quién habría imaginado que nuestra moral caería tan bajo? ¿Qué demonios nos está pasando?

Si deseas saber más, lee The Retreat: Hitler’s First Defeat [La retirada: la primera derrota de Hitler], de Michael Jones.

En Gridino, la resistencia alemana no había cesado, pero cada jornada exigía más de hombres ya exhaustos. Al terminar el 10 de enero, el médico militar Heinrich Haape estaba enfermo y agotado:

Me dolía la garganta, tenía fiebre y me sentía completamente agotado. Pero apenas había ocasión de descansar, porque al día siguiente los soviéticos comenzaron a lanzar contra el pueblo proyectiles de sus “Ratsch-Bumm” y de cañones anticarro, disparando a tiro directo. El puesto de socorro fue alcanzado; un proyectil estalló en los establos.

Los soviéticos atacaron de nuevo y tomaron el granero. Esta vez prestaron especial atención al puesto de socorro, y las balas de fusil atravesaron silbando las ventanas y entraron en la habitación. Nuestras reservas contraatacaron y el granero del koljós volvió a quedar en nuestras manos.

Lo incendiamos durante la noche: era demasiado difícil de sostener y resultaba más útil para los rusos que para nosotros. A la luz del incendio, con el termómetro rozando los −50 °C, colgamos las mantas al aire libre durante quince minutos. Para los piojos, el frío significó una matanza; cientos cayeron muertos de las mantas sobre la nieve.

Aquella noche no hubo ataques.

Si deseas saber más, lee Moscow Tram Stop: A Doctor's Experiences with the German Spearhead in Russia [Última parada Moscú: experiencias de un médico con la vanguardia alemana en Rusia], de Heinrich Haape.

El mismo 11 de enero, la presión soviética avanzaba por otros caminos. El teniente Vladimir Goncharov marchaba con el 33.er Ejército hacia la carretera Moscú-Roslavl, en el flanco derecho de su ejército. Esa noche escribió:

Nos encontramos en el flanco derecho de nuestro ejército, avanzando campo a través por nieve profunda. La temperatura está por debajo de los −30 °C.

Pero esta noche —por primera vez en semanas— estamos alojados en dependencias caldeadas y escribo esto junto a una estufa. Las casas del pueblo están llenas y nuestros soldados también están en los graneros y sótanos. La patrulla de reconocimiento duerme plácidamente a mi alrededor.

Para nosotros, un baño, algo de tabaco, un poco de té y una estufa caliente son placeres indescriptibles.

Si deseas saber más, lee The Retreat: Hitler’s First Defeat [La retirada: la primera derrota de Hitler], de Michael Jones.

Halder regresó a la una de la madrugada sin haber obtenido una decisión distinta. En el frente, la orden de mantener el terreno se medía en caminos cubiertos por ventisqueros, graneros tomados y retomados, puestos de socorro bajo fuego y hombres que ya preguntaban qué les estaba ocurriendo.

 

Para Goncharov, el día terminó junto a una estufa. En esa diferencia se percibía el movimiento de la campaña: el Ejército Rojo avanzaba, mientras el Grupo de Ejércitos Centro todavía combatía, pero perdía movilidad, espacio y confianza. La retirada alemana ante Moscú continuaba, incluso donde las órdenes prohibían ceder un solo paso.

Soldados alemanes liberan de la nieve un Panzer IV Ausf. D con camuflaje blanco en la Unión Soviética, en diciembre de 1941. A la derecha, un corresponsal de guerra filma la operación. La inmovilización de vehículos se había convertido en una amenaza constante para las comunicaciones del Grupo de Ejércitos Centro. (Foto: Bundesarchiv, Bild 101I-215-0354-14 / Gebauer / CC BY-SA 3.0).

Soldados soviéticos de esquí marchan hacia el combate durante la batalla de Moscú. La imagen procede del documental Moscow Strikes Back, filmado durante la campaña invernal y estrenado en 1942. (Fotograma de Moscow Strikes Back, dirigido por Ilya Kopalin / dominio público).

Soldados soviéticos con capas de camuflaje blanco ocupan la linde de un bosque en la región de Moscú, en diciembre de 1941. La nieve que paralizaba a los vehículos alemanes también ofrecía cobertura a las unidades soviéticas que sostenían la contraofensiva. (Foto: RIA Novosti archive, imagen 284 / Oleg Knorring / CC BY-SA 3.0).

Soldados alemanes evacúan a un herido ante Moscú, en noviembre de 1941, con varias casas a

Soldados alemanes evacuan a un herido ante Moscú, en noviembre de 1941, con varias casas ardiendo al fondo. El invierno convirtió la retirada y la atención de los heridos en una lucha contra el fuego enemigo, la nieve y la distancia. (Foto: Bundesarchiv, Bild 146-2008-0317 / CC BY-SA 3.0).

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