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Comienza la batalla de Attu

El destructor USS Pruitt y lanchas de desembarco del USS Heywood avanzan hacia la Bahía Ma

El destructor USS Pruitt y las lanchas de desembarco del USS Heywood avanzan hacia Massacre Bay, en Attu, en las islas Aleutianas, territorio de Alaska, el 11 de mayo de 1943. La niebla dificultó la localización de las playas y retrasó el desembarco estadounidense.

En junio de 1942, mientras la atención mundial se concentraba en Midway, fuerzas japonesas ocuparon Kiska y Attu, en las islas Aleutianas. Por primera vez desde la Guerra de 1812, territorio estadounidense quedaba en manos de una fuerza extranjera. Attu no era sólo una posición remota en el mapa: formaba parte de una cadena de islas que podía afectar las rutas del Pacífico Norte y que, en la imaginación estratégica de la época, abría la posibilidad de futuras operaciones contra Alaska o incluso contra el continente norteamericano.

La ocupación japonesa también tuvo una dimensión humana. Los habitantes Unangax̂ de Attu fueron capturados y enviados como prisioneros a Otaru, en Hokkaidō, Japón, donde muchos murieron por hambre, enfermedad y privaciones. Cuando los sobrevivientes regresaron después de la guerra, no se les permitió volver a su aldea de Attu, que quedó abandonada para siempre.

 

El 11 de mayo de 1943, Estados Unidos lanzó la operación para recuperar Attu. La fuerza principal pertenecía a la 7ª División de Infantería, que hasta poco antes se había estado preparando para un destino muy diferente: el norte de África. En cambio, sus soldados fueron enviados al extremo occidental de las Aleutianas, a una isla de montañas, tundra, nieve, niebla, viento y lodo helado.

 

Los japoneses, bajo el mando del coronel Yasuyo Yamasaki, no defendieron las playas con fuerza. Se retiraron hacia posiciones elevadas y fortificadas en el interior, desde donde obligarían a los estadounidenses a combatir cuesta arriba, en un terreno miserable y bajo un clima que pronto se convertiría en otro enemigo. La batalla duraría casi tres semanas y terminaría con una carga final japonesa el 29 de mayo, pero el primer obstáculo para los hombres que desembarcaban fue más simple y más desconcertante: encontrar la playa en medio de una niebla cerrada.

 

El mayor William S. Jones, entonces soldado de la 7ª División de Infantería, recordaría así las primeras horas del desembarco en Massacre Bay:

Era temprano en la mañana del 11 de mayo de 1943 cuando yo, junto con mis compañeros de la 7ª División de Infantería del Ejército de los Estados Unidos, descendí de los transportes de tropas para dirigirnos hacia nuestro destino: la playa de Massacre Bay, en la isla de Attu.

Debíamos llegar a la playa a las 8:40 de la mañana, pero nos retrasó una niebla espesa que cubría toda la zona. El radar todavía estaba en sus comienzos y pocos buques lo tenían, de modo que localizar la playa resultaba casi imposible.

 

Después de dar vueltas durante horas en nuestras lanchas Higgins, el oficial de control de la Marina finalmente localizó una pequeña fragata que contaba con un radar básico. Con él pudo identificar la dirección de la playa. La información fue transmitida al oficial de control, quien señaló el rumbo a la fuerza de desembarco. Entonces nos pusimos en marcha.

Una lancha Higgins mide aproximadamente treinta pies de largo y el timonel la gobierna desde la popa. Una vez que el oficial de control da la señal para avanzar hacia la playa, el timonel empuja el acelerador y la embarcación se lanza a toda velocidad.

Aproximadamente en el centro de Massacre Bay, en Attu, sobresalía del agua una gran formación rocosa, del tamaño de dos automóviles, que se elevaba unos cinco o seis pies sobre la superficie. Aquel día la niebla era extremadamente densa. A unos ocho pies a la izquierda de nuestra lancha avanzaba otra embarcación de desembarco, que se estrelló contra la roca mientras nosotros pasábamos a toda velocidad.

En medio de la niebla, el timonel soltó la rampa delantera después del impacto, al mismo tiempo que la lancha retrocedía flotando. La inercia lanzó hacia adelante a varios soldados que iban de pie y los arrojó fuera de la embarcación. Fueron nuestras primeras bajas de la batalla de Attu.

Si deseas saber más, visita American Veterans Center, “The Battle of Attu” [La batalla de Attu], por el mayor William S. Jones.

Attu sería una batalla distinta de las imágenes más conocidas del Pacífico. No hubo playas tropicales, palmeras ni calor sofocante, sino niebla, tundra, nieve, barro, viento helado y montañas ocupadas por defensores japoneses atrincherados. La batalla costó a Estados Unidos 549 muertos, 1,148 heridos y más de 2,100 evacuados por enfermedad o lesiones no causadas directamente por combate, muchas relacionadas con el frío y las condiciones extremas.

 

La recuperación de Attu tuvo valor militar y simbólico: significó expulsar a las fuerzas japonesas de territorio estadounidense ocupado. Pero también dejó una historia menos visible: la de los habitantes Unangax̂ de Attu, deportados por los japoneses a Hokkaidō y luego impedidos de regresar a su propia isla. La batalla terminó, pero Attu, como aldea, no volvió a existir.

La siguiente película presenta imágenes del asalto anfibio en Attu y de otras historias y muestra también el hundimiento de un submarino alemán y el final de la campaña en Túnez, en el norte de África.

También está disponible el documental a color de 43 minutos de la Campaña de las Aleutianas, dirigido por John Huston:

Attu, una de las islas Aleutianas. Soldados lanzan sus proyectiles de mortero desde una tr

Soldados estadounidenses disparan morteros desde una posición en una colina de Attu, durante la campaña de las Aleutianas. Tras el desembarco, los japoneses evitaron una defensa fuerte en la playa y se replegaron a posiciones elevadas, obligando a los estadounidenses a combatir cuesta arriba, en niebla, frío, lodo y terreno montañoso.

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