Escoltando un “tren de reasentamiento” a Belzec

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Judíos de Kolomea, en una imagen antes de la guerra.

Como sucede a menudo en muchas organizaciones, no menos en las militares, los registros de los eventos diarios son frecuentemente entregas rutinarias y estadísticas con muy pocos detalles. Sólo cuando las cosas van excepcionalmente bien o excepcionalmente mal tendemos a realizar un registro más completo.

Así fue con la SS. Se encuentran registros del movimiento de los trenes relacionados con el Holocausto y una variedad de estadísticas de judíos que querían aniquilar o ya habían asesinado. Es inusual que un informe oficial describa lo que sucedía diariamente.

El 10 de septiembre, el Schutzpolizei Zugwachtmeister Josef Jacklein recibió la orden para hacerse cargo de una escolta de guardias llevando un tren cargado de judíos “para deportación”-en realidad hacia el campo de exterminio de Belzec-. Él estaba tan frustrado con los acontecimientos que siguieron que presentó un informe muy extenso:

A las 20.50 [10 de septiembre de 1942], el tren partió de Kolomea puntualmente. Poco antes de su partida dividí mi escuadrón escolta, como se había planeado de antemano, poniendo a cinco hombres en la parte delantera y cinco hombres en la parte trasera del tren. Como el tren era, sin embargo, muy largo -cincuenta y un vagones con una carga total de 8,200 judíos- esta distribución de hombres resultó ser incorrecta y la próxima vez que nos detuvimos ordené a los guardias para que se colocaran a lo largo del tren.

Los guardias tuvieron que quedarse en la caseta del freno durante todo el viaje. Habíamos estado viajando sólo un corto tiempo cuando los judíos trataron de escapar de los vagones en ambos lados e incluso a través del techo. Algunos de ellos lograron hacerlo, por lo que, como resultado, cinco estaciones antes de Stanislau (Stanislav), llamé al jefe de estación en Stanislau y le pedí que tuviera listos clavos y tablas para que pudiéramos tapar temporalmente los vagones dañados, así como para que pusiera un poco de su Bahnschutz (guardias de vía) a mi disposición para proteger el tren.

Cuando el tren llegó a Stanislau, los trabajadores de la estación de Stanislau, así como los Bahnschutz estaban en la estación esperando nuestro tren. En cuanto el tren se detuvo el trabajo comenzó.

Una hora y media más tarde me ha parecido suficientemente reparado y ordené su salida.

Sin embargo, todo esto fue de muy poca ayuda, ya que sólo unas pocas estaciones más adelante, cuando el tren estaba detenido, observé que un número de orificios muy grandes se habían hecho y todo el alambre [de púas] en las ventanas de ventilación había sido arrancado.

Mientras el tren partía, pude determinar que en uno de los vagones alguien estaba usando un martillo y unos alicates. Cuando estos judíos fueron cuestionados en cuanto a por qué tenían estas herramientas en su poder, me informaron que se les había dicho que podrían ser de utilidad en su próximo lugar de trabajo. Inmediatamente les quité las herramientas.

Entonces ordené que se tapiara el tren en cada estación en la que se detenía, de lo contrario no habría sido posible continuar el viaje en absoluto.

 

A las 11.15 horas [11 de septiembre de 1942], el tren llegó a Lemberg. Como no había pelotón escolta de reemplazo, mi equipo tuvo que continuar vigilando el tren hasta Belzec.

Después de una breve parada en la estación de Lemberg, el tren se dirigió a la estación de cercanías de Kleparow, donde entregué nueve vagones al SS-Obersturmführer Schulze, que habían sido marcados con una ‘L’ y que habían sido designados para el campamento de trabajo obligatorio de Lemberg.

El SS-Obersturmführer Schulze cargó entonces alrededor de 1,000 judíos más y en torno de las 13.30 horas el transporte partió de nueva cuenta.

En Lemberg la máquina fue reemplazada y fue unida una máquina vieja, que no era lo suficientemente potente para el peso del tren. El conductor del tren nunca llegó a alcanzar la máxima velocidad con su máquina por lo que el tren, sobre todo cuando viajaba cuesta arriba, se movía tan lentamente que los judíos podían saltar sin riesgo alguno de lesiones.

 

Pedí al conductor del tren en numerosas ocasiones para que condujera más rápido, pero esto era imposible. Es particularmente lamentable que el tren se detuviera con frecuencia en campo abierto.

 

Para este momento, el escuadrón escolta había utilizado todas las municiones que habíamos traído con nosotros, así como un adicional de 200 balas que yo había obtenido de algunos soldados, por lo que tuvimos que utilizar piedras cuando el tren estaba en movimiento y bayonetas caladas cuando el tren estaba parado.

El pánico cada vez mayor entre los judíos, causado por el intenso calor, el hacinamiento en los vagones, el hedor de los cadáveres -cuando los vagones se descargaron había alrededor de 2,000 muertos en el tren- hizo el traslado casi imposible.

 

A las 18.45 horas el transporte llegó a Belzec y lo entregué al SS-Obersturmführer y jefe del campo a las 19.30 horas. Cerca de las 22.00 horas el transporte estaba descargado. Tenía que estar presente durante la descarga. No fui capaz de determinar el número de judíos que habían escapado.

Si deseas saber más, lee “The Good Old Days: The Holocaust as Seen by Its Perpetrators and Bystanders” [Los buenos viejos tiempos: el Holocausto visto por sus perpetradores y espectadores], de Ernst Klee, Willi Dressen, Volker Riess y Hugh Trevor-Roper; asimismo, visita Holocaust Education & Archive Research Team (H.E.A.R.T.)

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Sinagoga en la ciudad de Stanislau, en Polonia (actualmente parte de Ucrania)

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Judíos son forzados en vagones destinados al campo de exterminio de Belzec, en Lublin, Polonia, 1942.

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Los trenes tenían ventilación mínima y miles de personas murieron de deshidratación y agotamiento durante climas calurosos.