Desesperación de la población rusa por el hambre

Un caballo canibalizado por la población en la Unión Soviética.

En diciembre de 1941, el frente oriental estaba cambiando constantemente, como las líneas de una playa. Cada una de las unidades alemanas había traído sus elementos tan lejos como les hubiera sido posible. Sin embargo, la contraofensiva soviética estaba logrando avanzar considerablemente.

 

La miseria que rodeaba a los alemanes después de que los soviéticos sistemáticamente destruyeran todo en su retirada, hacía que las condiciones fueran insalubres e inmundas. Leon Degrelle, el líder de la Legión Wallonie, una unidad belga de las SS paneuropeas en el sur de la Unión Soviética, da cuenta de las realidades en el frente ruso:

Los soviéticos se habían llevado o destruido todas las provisiones en la ciudad [Cherbinovka]. La gente comía lo que podía encontrar. Los platillos de elección eran residuos de animales muertos que yacían en el barro. La población peleaba por ellos violenta, amargamente.

 

Tuvimos que matar a un caballo incurable, verlo fue horrible, cubierto completamente con pústulas repugnantes. Ni siquiera tuvimos tiempo para ir a buscar una carreta para sacar el cadáver del animal de la ciudad. Veinte personas se habían lanzado sobre los restos abominables, rasgando la piel, agarrando la carne todavía humeante.

 

Al final, sólo quedaban los intestinos, todavía más repugnantes que el resto. Dos mujeres ancianas se habían lanzado al estómago y sobre los intestinos, cada una tirando en direcciones opuestas. La panza se reventó, cubriendo a las dos mujeres con un puré amarillo verdoso. La ganadora de la parte leonesa salió corriendo sin siquiera limpiarse su cara, apretando ferozmente su presa contra su pecho.

 

El alojamiento de nuestras tropas estaba en el mismo estado. Después de que regresamos de nuestras posiciones, nos apiñábamos en las escuelas construidas recientemente por el Estado: tres edificios largos, llamados modernos, exactamente en el estilo que todos habíamos visto desde Dniepropetrovsk. El primer soldado que intentó poner un clavo para colgar sus armas, abrió la pared en dos con un golpe de su martillo. El piso estaba construido de tablones desunidos por entre los cuales el aire se colaba. Bajo el piso improvisado no había nada, ya que el edificio sólo descansaba sobre pilotes.

 

Entre los tres edificios había un espacio abierto, tan lleno de barro que tuvimos que construir pasarelas con placas de madera, soportados por troncos pesados, que corrían de un edificio al otro. Alrededor de la escuela el olor de dióxido de carbono (sic) subía constantemente, induciendo dolores de cabeza y náuseas.

Si deseas saber más, lee “The Eastern Front: Memoirs of a Waffen SS Volunteer, 1941-1945” [El frente del Este: memorias de un voluntario de las Waffen SS, 1941-1945], de Leon Degrelle.

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