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El miedo a la victoria

Trabajadoras extranjeras obligadas a trabajar para la industria armamentística alemana en un alojamiento colectivo de Siemens en Berlín, enero de 1943.

Trabajadoras extranjeras obligadas a trabajar para la industria armamentística alemana, en un alojamiento colectivo de Siemens en Berlín, enero de 1943. Su presencia formaba parte de la economía de guerra que sostenía el esfuerzo militar alemán mientras la prensa y los noticiarios seguían presentando al público la imagen de una Alemania movilizada para la victoria. (Foto: Bundesarchiv, Bild 183-S68022 / CC BY-SA 3.0).

El 12 de enero de 1943, el 6.º Ejército continuaba atrapado en Stalingrado. El ultimátum soviético, rechazado pocos días antes, había dado paso a un nuevo asalto contra las fuerzas alemanas cercadas en Stalingrado. La ofensiva soviética, iniciada el 10 de enero, reducía progresivamente el perímetro defensivo y, dos días después, los combates seguían siendo extraordinariamente duros.

En Berlín, aquella guerra llegaba de otra manera: mediante partes oficiales, cartas, rumores, fotografías y noticiarios. La distancia hasta el Volga no impedía que el frente entrara en los hogares y las redacciones, pero sí permitía al aparato de propaganda controlar qué parte de aquella realidad llegaba al público y con qué lenguaje debía ser presentada.

Ursula von Kardorff trabajaba en la sección cultural del Deutsche Allgemeine Zeitung. Hermanos y amigos suyos combatían en los frentes, mientras ella trabajaba en un periódico sometido a las instrucciones y restricciones impuestas a la prensa del Reich. Para el número de Año Nuevo había tenido que preparar una página fotográfica dedicada a los soldados alemanes desplegados desde el Atlántico hasta el frente oriental.

Desde el 2 de enero de 1943, Kardorff llevaba un diario continuo. Bajo la fecha del 12 de enero aparece esta reflexión:

12 de enero de 1943

 

He vuelto a leer El corazón aventurero, de Jünger: “Como Odiseo entre Escila y Caribdis, navegamos entre guerras y guerras civiles, y quizá, como los peces, ni siquiera conozcamos el nombre del proceso en cuyas redes estamos atrapados”. Nos describe bien.

 

A veces me siento como una vela que arde por ambos extremos a la vez. Afuera, hermanos y amigos combaten por la victoria, ante la cual no puedo reprimir el horror. ¿Hitler como gobernante de Europa? La página fotográfica que tuve que preparar para nuestro número de Año Nuevo se titulaba “El soldado alemán de guardia”: en el invierno ruso, bajo el sol africano, en un U-Boot en el Atlántico, bajo las palmeras del sur de Francia, en el hielo de Finlandia. ¿Cómo puede sostenerse a la larga semejante extensión? Es desmesurada y desafía a las fuerzas de la retribución. “¿De qué le serviría al hombre ganar el mundo entero si con ello su alma sufriera daño?”

 

Pero ¿puede uno desear la derrota de su propio pueblo? ¿No es perverso? Por lo demás, algo completamente incomprensible para el burgués que se complace en el poder y la propiedad.

 

Ahora mismo estoy completamente embotada. ¿Es un remedio de la naturaleza? ¿O es un debilitamiento de esas fuerzas que, de ordinario, me hacen pensar sin cesar en Jürgen? Qué peligroso es este abandonarse al destino, este contar constantemente con lo peor.

La edición de Peter Hartl señala que las reflexiones sobre la guerra posteriores a la imagen de la vela no tienen correspondencia documental en las anotaciones originales conservadas. Hartl precisa, sin embargo, que esa ausencia no permite por sí sola juzgar su fiabilidad: Kardorff compuso Berliner Aufzeichnungen en 1947 a partir de diarios, calendarios y cartas, y en ocasiones hizo explícito lo que durante la guerra había consignado de manera más cautelosa o cifrada.

Si deseas saber más, lee Diary of a Nightmare, Berlin 1942-1945 [Diario de una pesadilla, Berlín 1942–1945], de Ursula von Kardorff. Para esta traducción se ha cotejado la edición alemana Berliner Aufzeichnungen 1942 bis 1945, reeditada y comentada por Peter Hartl utilizando los diarios originales.

En el mismo Berlín, la jornada quedó registrada desde el centro del aparato que controlaba la información del Reich. Joseph Goebbels pasó en su dictado del estado militar de la guerra a la forma de contarla, la movilización civil y el ánimo de la población:

En general puede constatarse que la discusión sobre la guerra se desarrolla ahora de formas mucho más abiertas que hasta el momento. Militarmente, la guerra ha entrado en una fase que, poco a poco, prohíbe todas las frases hechas. Los pueblos se enfrentan en una enemistad encarnizada y luchan por su vida.

Tratamos con mucho cuidado las diferencias entre Inglaterra y Estados Unidos. No las exageramos, sino que nos limitamos a registrarlas, cumpliendo con el deber del cronista. No debemos inflar tanto las cosas que acabemos proporcionando material propagandístico a los círculos interesados de Inglaterra y Estados Unidos; por otra parte, tampoco podemos guardar silencio sobre acontecimientos tan importantes. Junto con Ribbentrop, doy una instrucción a nuestros servicios de propaganda y noticias sobre este problema extraordinariamente difícil.

Con Esser mantengo una larga conversación sobre los problemas de la dirección civil de la guerra. Todavía no se ha abierto del todo a las nuevas ideas sobre la totalización de la guerra; pero, mediante una prolongada labor de persuasión, poco a poco consigo prepararlo para ellas.

Por la noche me visita el gauleiter Lauterbacher, que puede comunicarme noticias satisfactorias de su distrito. En general, el estado de ánimo puede calificarse de estabilizado. El pueblo está, desde luego, muy preocupado por la situación en el Este, pero el ejemplo del invierno pasado ejerce aquí un efecto reconfortante y alentador. Se termina el nuevo noticiario. El Führer no formula ninguna objeción y puede salir sin modificaciones.

Si deseas saber más, consulta Die Tagebücher von Joseph Goebbels [Los diarios de Joseph Goebbels], Parte II, vol. 7, Januar–März 1943, editado por Elke Fröhlich para el Institut für Zeitgeschichte, entrada del 12 de enero de 1943.

El diario de Goebbels no constituye una medición neutral del estado de ánimo alemán. Su valor aquí reside precisamente en mostrar cómo el ministro de Propaganda percibía aquella preocupación y trataba de administrar la información desde el centro del régimen.

No eran voces equivalentes. Kardorff trabajaba dentro de una prensa sometida al control del régimen y se preguntaba si era posible temer la victoria por la que combatían sus propios hermanos y amigos. Goebbels dirigía el aparato encargado de moldear la percepción pública de esa misma guerra.

Sin embargo, las dos anotaciones del 12 de enero convergen en un punto revelador. Kardorff contemplaba la extensión del conflicto y se preguntaba cuánto tiempo podía sostenerse; Goebbels reconocía que la evolución militar comenzaba a dejar sin espacio a las viejas frases, mientras impartía instrucciones a los servicios de propaganda, discutía una movilización más profunda y admitía la preocupación por el frente oriental.

Stalingrado seguía a miles de kilómetros de Berlín. Pero aquel 12 de enero su presión ya atravesaba la distancia: entraba en la redacción de un periódico, en el dictado del ministro de Propaganda y en la reflexión de una periodista sobre el significado mismo de la victoria.

Die Deutsche Wochenschau Nr. 645, enero de 1943. El noticiario propagandístico alemán mostraba escenas de Ulm, la guerra submarina, Túnez y los combates en el frente oriental. El 12 de enero, Goebbels registró en su diario la preparación de una nueva edición del noticiario y su aprobación por Hitler.

Hombres identificados por el Bundesarchiv como soldados del Ejército Rojo combatiendo desde el techo de un edificio en Stalingrado, enero de 1943.

El Bundesarchiv identifica a estos hombres como soldados del Ejército Rojo combatiendo desde el techo de un edificio en Stalingrado, en enero de 1943. La imagen corresponde a las últimas semanas de la batalla, cuando las fuerzas soviéticas reducían progresivamente el perímetro defensivo alemán. (Foto: Bundesarchiv, Bild 183-E0406-0022-001 / CC BY-SA 3.0).

Ursula von Kardorff, retratada por su padre, el pintor Konrad von Kardorff, durante la déc

Ursula von Kardorff, retratada por su padre, el pintor Konrad von Kardorff, durante la década de 1920. Durante la guerra trabajó en la sección cultural del Deutsche Allgemeine Zeitung y conservó las anotaciones que después servirían de base para Berliner Aufzeichnungen 1942 bis 1945. (Obra: Konrad von Kardorff / dominio público).

Sala de mezclas de Die Deutsche Wochenschau, 1941.

Sala de mezclas de Die Deutsche Wochenschau, 1941. Las pistas de voz, música y efectos todavía corrían separadas antes de integrarse en la banda final del noticiario cinematográfico. El 12 de enero de 1943, Goebbels anotó que la nueva edición del noticiario había sido terminada y aprobada por Hitler sin cambios. (Foto: Bundesarchiv, Bild 183-2007-1026-500 / CC BY-SA 3.0).

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, durante una reunión con el secretario de Estado W

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, durante una reunión con el secretario de Estado Walter Funk en su despacho del ministerio; al fondo, Karl Hanke. Berlín, 1937. (Foto: Bundesarchiv, Bild 183-H29353 / CC BY-SA 3.0).

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