Tribulaciones de una periodista alemana en Berlín

Una imagen de propaganda alemana de “trabajadores extranjeros huéspedes” en la fábrica Siemens, en enero de 1943, al parecer disfrutando de su tiempo libre. La realidad para la mayoría de estos trabajadores “invitados”, que estaban allí, por lo general, bajo coacción, rara vez era tan agradable.
Entre los alemanes comunes había un sentimiento creciente de que la guerra no estaba resultando como los nazis lo habían prometido. Mientras la extensión de la ocupación alemana en toda Europa alcanzaba su apogeo, aumentaba la inquietud ante las noticias del frente oriental y, en particular, de Stalingrado.
La máquina de propaganda nazi aún tenía que decidir cómo presentarle a la gente el desastre de Stalingrado, y esto quizá fue una de las tantas consideraciones para retrasar cualquier rendición potencial durante el mayor tiempo posible. En el país, el movimiento para poner la economía en pie de guerra total empezaba a tener un impacto en la vida cotidiana. Y en los cielos de Alemania, la presencia de los bombarderos empezó a ser repentinamente mucho más constante.
Como periodista en Berlín, Ursula von Kardorff estaba mejor informada que la mayoría de los alemanes. Muchos, si no es que la mayoría, estaban en su posición de tener parientes en el frente. Tales circunstancias matizarían la perspectiva de cualquiera sobre la guerra, estuviera o no de acuerdo con ella:
12 de enero de 1943
A veces me siento como una vela encendida en ambos extremos. En el frente, mis hermanos y mis amigos luchan por una victoria cuya sola posibilidad me llena de terror. ¡Pensar que Hitler sea el Amo de Europa!
El suplemento fotográfico que teníamos que lanzar para nuestra edición de Año Nuevo fue titulado “El soldado alemán vigila” —en el invierno ruso, bajo el sol africano, en submarinos del Atlántico, bajo las palmeras del sur de Francia, en el hielo de Finlandia—. ¿Cómo podemos mantener un frente tan amplio durante tanto tiempo? Está más allá de todo sentido y de toda razón. Parece que estamos pidiendo venganza. “¿De qué servirá a un hombre si ganase todo el mundo y perdiese su alma?”
Pero supongo que debe haber algún tipo de perversión al esperar que su propio país sea derrotado. De todos modos, es algo totalmente fuera del alcance de la comprensión de los ciudadanos dignos que se glorifican en su poder y posesiones.
Klaus llegó ayer de Münsingen y les pedí a algunas personas que se reunieran con él. Las sirenas sonaron al principio y, al finalizar la alerta, entramos en un estado de alegría un poco siniestro. Papá, que regresaba de un servicio en memoria de E. R. Weiss, había pasado por casas en llamas en su camino de regreso y estaba preocupado por nosotros.
Pero por alguna razón, estaba rebosante de vitalidad y alegría. Era realmente terrible sentirse así… sentir que el espesor de un muro podía apartar todos los horrores, como si no tuvieran nada que ver conmigo en absoluto.
Si deseas saber más, lee “Diary of a Nightmare, Berlin 1942-1945” [Diario de una pesadilla, Berlín 1942-1945], de Ursula von Kardorff.
Este noticiario oficial del régimen nazi de enero de 1943 muestra las fuerzas alemanas en los distintos frentes de Europa.

Ante la creciente fuerza aliada, Hitler ahora empezó a colocar su fe en una serie de súper armas como el tanque Tiger [Tigre], visto aquí en Túnez.

Una imagen alemana de un voluntario ruso a en la Wehrmacht.

Toda Europa estaba ahora rodeada por la guerra. Algunos optaron por ponerse del lado de los nazis, incluyendo estos cosacos rusos.









