El fin de las fuerzas del Eje en el Norte de África

Un tanque alemán Tiger I capturado, el 6 de mayo de 1943.

Ya desde mediados de abril de 1943, el Armeegruppe Afrika, al mando del general von Armin, y las fuerzas del Eje remanentes en Túnez habían sido expulsados hacia su línea final de defensa. Ante los ataques aliados, lo único que quedaba por hacer es concentrar las unidades disponibles y reorganizarlas en una sola fuerza combinada.

El hombre seleccionado para encabezar esta fuerza fue Josef Irkens, que fue nombrado Panzerführer Afrika y comandante absoluto de todos los tanques restantes en África. El esfuerzo resultó fútil, las divisiones británicas capturaron Djebel Bou Aoukaz por última vez el 5 de mayo.

 

Los postreros focos de resistencia estaban siendo avasallados por las fuerzas británicas y estadounidenses. Para el 10 de mayo, toda resistencia organizada de parte de las unidades del Eje había cesado. El 12 de mayo, von Armin solicitó términos de rendición para el Armeegruppe Afrika y los Afrika Korps, mientras que Mussolini promovía al general Messe al rango de mariscal de campo con la esperanza de que la lucha en África fuera prolongada, esto no sucedería.

 

Alan Moorehead, cronista británico que había relatado toda la campaña africana, todavía estaba allí al final. Él resumió el estado de ánimo de las fuerzas aliadas:

El hecho de que el propio von Arnim no pudo ser capaz de escapar era la prueba de la velocidad y la totalidad de nuestra victoria. Ninguna aeronave del Eje pudo despegar hacia un cielo lleno de aviones británicos y estadounidenses, ningún barco del Eje de cualquier tamaño pudo ser capaz de hacerse a la mar. Todos los generales del Eje, con sólo una excepción notable, habían sido capturados. Una tras otra, las famosas unidades, como la 10ª División Panzer, se rindieron en masa. Es dudoso si más de un millar de tropas enemigas pudieron escapar a Italia. Al final se tomaron un cuarto de millón de prisioneros.

En el sector sur, los neozelandeses y la 90ª División Ligera alemana terminaron su combate al fin. Estas dos divisiones eran la élite de los ejércitos británico y alemán. Durante dos años se habían mutilado entre sí a través del desierto. Habíamos matado a dos de los comandantes de la 90ª Ligera. La 90ª Ligera casi había matado a Freyberg. Habían tocado las puertas de Egipto el verano anterior y fueron los neozelandeses los que rompieron el corazón de la división alemana fuera de Mersa Matruh. Casi no hay un campo de batalla importante en el desierto donde no encuentres tumbas entremezcladas de los neozelandeses y los hombres de la 90ª Ligera. Y ahora, por fin, todo había terminado.

Ocho minutos para las ocho del 12 de mayo es el tiempo oficial dado para el cese de toda resistencia enemiga organizada en África.

Ningún incidente especial marcó ese momento. Esta tragedia de tres años y tres actos, simplemente terminó con todos los actores hacinados en el escenario, demasiado cansados como para estar exultantes o desafiantes o humillados o resentidos. Al final, el campo de batalla se despedazó y perdió todo patrón y diseño, y aquellos que habían combatido más duramente en ambos lados encontraron que no tenían nada qué decir, nada qué sentir más allá de un sentimiento envolvente de gratitud y descanso. La ira se calmó ante la rendición y, por primera vez, los soldados alemanes y aliados se quedaron mirando juntos el uno al otro con una curiosidad impasible y sin pasión.

 

La lucha había durado tanto tiempo. Había sido tan amarga. Había tantos muertos. No había nada más qué decir.

 

El último de los generales alemanes llegó a la pista de aterrizaje y fue capturado. Los últimos de los muchos miles de soldados enemigos marcharon penosamente a los campos de internamiento.

 

Y en nuestras filas los soldados se despojaron de sus uniformes, se lavaron y se quedaron dormidos en el sol.

 

Toda África era nuestra.

Si deseas saber más, lee “The Desert War: The Classic Trilogy on the North Africa Campaign, 1940-43” [La guerra del desierto: la trilogía clásica en la campaña de África del Norte, 1940-43], de Alan Moorehead.

 

El combate en Túnez había costado a las fuerzas del Eje más de 290,000 prisioneros, más de 50,000 muertos, 1,000 cañones, 250 tanques y 520 aeronaves junto con sus almacenes de suministros y municiones. En toda la campaña africana de más de dos años, el Eje perdió un total de más de 600,000 hombres: 250,000 alemanes y 350,000 italianos.

 

El teniente general Hans Cramer, el primer comandante del Regimiento Blindado 8 en África y correspondientemente el último comandante del Deutsches Afrika Korps, hizo una transmisión final de radio un poco desafiante:

Al OKH [Alto Mando del Ejército]. Municiones disparadas. Armas y equipo destruidos. De acuerdo con las órdenes recibidas, D.A.K. ha luchado hasta la condición de no poder combatir más. Los Deutsches Afrika Korps deben surgir nuevamente. Heia Safari, Cramer, General al mando.

Si deseas saber más, lee “Panzer Regiment 8 in World War II: Poland, France, North Africa” [Regimiento Panzer 8 en la Segunda Guerra Mundial: Polonia, Francia, África del Norte], de Kevin Fish.

Tropas alemanas se rinden a la tripulación de un tanque Stuart cerca de Frendj, el 6 de mayo de 1943.

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