El 13 de abril de 1942, el piloto de la Real Fuerza Aérea (RAF), Denis Barnham, llegó a Glasgow y abordó el portaaviones estadounidense USS Wasp. Se había casado tan sólo unas cuantas semanas antes y se sintió afortunado que le hubieran concedido 48 horas de licencia antes de embarcarse. Su destino era Malta.

 

La Armada Real estaba tan escasa de buques que los británicos se habían visto obligados a buscar la ayuda de la Marina de los Estados Unidos. La situación en Malta era cada vez más desesperada. Mientras que el USS Wasp se alistaba para zarpar, Denis Barnham reflexionaba sobre su futuro:

Refuerzos aéreos rumbo a Malta

Un Spitfire Mk. Vc siendo cargado a bordo del USS Wasp (CV-7) en los muelles Rey Jorge V en Glasgow, Escocia, en abril de 1942, al inicio de la ‘Operación Calender’. Nótese algunos cazas F4F Wildcat estacionados en la cubierta, con sus alas plegadas -Wasp llevaba doce Wildcats durante las dos misiones que llevó a cabo con la Armada Real británica para aumentar las defensas cada vez más escasas en Malta (Operación Calender, en abril, y la Operación Bowery, en mayo de 1942).

Los alemanes han reunido una flota de bombardeo de quinientos aviones en los aeropuertos de Sicilia; durante meses han estado martillando y martillando a la pequeña isla. La fuerza de bombarderos de la RAF en la isla ha sido borrada. El número de aviones de combate sigue disminuyendo y están luchando contra pronósticos de cuarenta o cincuenta a uno. ¿Llegaremos a tiempo antes de la invasión alemana? ¿Serán suficientes los cincuenta Spitfires que estamos llevando?

 

Hace unos minutos me encontraba en la cubierta del hangar mirando nuestra carga de Spitfires. El hangar es una vasta caverna con vigas que se perdía en la distancia como el interior de una ballena; en ella nuestros cazas están sujetados en su posición, parásitos del leviatán. Es imposible atravesar la cubierta sin agacharse por debajo de alas y colas, todos encima uno dentro de otro. Las ruedas de los Spitfires se inmovilizan con bloques de madera, las puntas de sus alas atadas a la cubierta por medio de cuerdas y cables, pero hay más Spitfires suspendidos de las vigas del techo, colgados allí con lazos de lona -se balancean suavemente mientras que nuestro portaaviones se mece-. Mirando a estos aviones no podía dejar de preguntarme cuántos de ellos y, de hecho, cuántos de nuestros pilotos quedarían en una semana a partir de ahora.

 

Con el fin de entrar en el Mediterráneo sin ser vistos por los agentes del enemigo en las costas de España o el norte de África, nuestra flota pasará por el estrecho de Gibraltar en la oscuridad de la noche. Una vez dentro, la Marina, a quien le quedan muy pocos barcos pesados valiosos, no se atreve a llevarnos muy lejos -vamos a tener que despegar y volar cerca de setecientas millas a nuestro destino-. Espero que nos lleven lo suficientemente lejos: de la última formación que dejó un portaaviones de esta manera, sólo cuatro llegaron a la isla –otros nueve se quedaron sin combustible: las máquinas se perdieron y los pilotos se ahogaron-.

 

Incluso el despegue será una dura prueba; a fin de evitar un desastre similar, llevaremos noventa galones de combustible adicionales en grandes tanques de largo alcance unidos bajo el vientre de cada avión: pero surge un nuevo problema –el peso-. Se nos ha limitado llevar diez libras de equipaje personal a cada uno de nosotros, con el fin de mantener nuestras máquinas lo más ligeras posibles –pero los propios aviones, con un poderoso armamento adicional de cuatro cañones y cuatro ametralladoras, son inusualmente pesados-.

 

¿Será la cubierta lo suficientemente larga para nosotros despegar y tomar altura? Se veía muy corta cuando llegamos a bordo y ninguno de nosotros hemos despegado antes desde un portaaviones.

 

Por lo tanto, nos enfrentamos a un futuro como un pulpo que nos atrae continuamente hacia él. Como piloto de combate sé que tengo pocas posibilidades de salir con vida de una batalla así, por lo que es con dolor que miro hacia atrás con lo que he hecho con mi vida hasta ahora y con lo que yo esperaba que pudiera lograr.

Si deseas saber más, lee “Malta Spitfire Pilot: A Personal Account of Ten Weeks of War, April-June 1942” [As de Spitfire sobre Malta: un testimonio personal de diez semanas de guerra, abril-junio de 1942], de Denis Barnham.

Un Spitfire Mk. Vc a punto de iniciar su carrera de despegue. El avión que había despegado antes puede ser observado por encima del ala de estribor. El ascensor ya se encuentra descendiendo hacia el hangar para recoger el siguiente caza.

Un caza Spitfire Mk. Vc de la Real Fuerza Aérea británica despega del portaaviones USS Wasp (CV-7), después de una carrera de sólo 60 metros, en mayo de 1942. Probablemente tomada durante la segunda misión del Wasp para llevar aviones de refuerzo a Malta, durante la Operación Bowery.

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