La noche del Sambek

Soldados de la Leibstandarte SS Adolf Hitler avanzan por Taganrog en llamas durante la ocupación alemana de la ciudad, en octubre de 1941. Meses después, la formación defendía posiciones al este de Taganrog, en el sector del Sambek. (Foto: Narodowe Archiwum Cyfrowe, 2-949 / Lex, Wydawnictwo Prasowe Kraków-Warszawa).
El 13 de enero de 1942, en el extremo meridional del frente oriental, el invierno había inmovilizado la guerra en torno a una línea de aldeas, terraplenes ferroviarios y ríos congelados. Tras la recuperación soviética de Rostov a finales de noviembre, las fuerzas alemanas se habían replegado hacia Taganrog. Al este de la ciudad, una parte del frente seguía el pequeño río Sambek hasta el mar de Azov.
La posición fortificada de Varenovka cerraba uno de los accesos hacia aquella línea. El 56.º Ejército soviético dispuso que dos batallones de la 347.ª División de Fusileros la tomaran mediante un ataque nocturno. Contarían con el apoyo de cincuenta piezas de artillería, un batallón del 8.º Regimiento de Morteros de la Guardia y un regimiento de aviación. El 1.er Batallón de la 16.ª Brigada de Fusileros permanecería como reserva para aprovechar cualquier ruptura.
El bombardeo debía comenzar a las 20:45. Quince minutos después, la infantería cruzaría el Sambek y avanzaría sobre Varenovka. Para la medianoche, según el plan, la aldea debía estar ocupada; al amanecer, consolidada.
Frente a ellos se extendía un sistema defensivo escaso de hombres, pero protegido por búnkeres, ametralladoras y posiciones distribuidas a lo largo de la ribera. El diario de guerra de la Leibstandarte SS Adolf Hitler registró el ataque dentro del sector defendido por el Regimiento de Infantería 360 reforzado:
13 de enero de 1942
21:00. A las 21:00, el enemigo atacó con una fuerza de una a dos compañías en el sector del batallón de la derecha del Regimiento de Infantería 360, pero fue rechazado antes de alcanzar el Sambek.
Taganrog fue bombardeado por baterías enemigas de largo alcance desde la orilla meridional del mar de Azov.
21:15. Disminuyó el fuego enemigo. Unas quince baterías habían sido localizadas mediante puestos de localización acústica y por destellos. La mayoría de las baterías detectadas disparaba desde el sector meridional. Entre las 18:00 y las 21:00, la artillería enemiga disparó alrededor de 800 proyectiles.
Después de las 21:15, solo hubo débil fuego enemigo de hostigamiento.
14 de enero de 1942
01:45. Nuevo bombardeo intenso de la artillería enemiga, principalmente de gran calibre, sobre Bessergenovka. Se emplearon nuevamente lanzacohetes de salvas.
02:15. Concentración de fuego propia sobre Primorka y sobre posiciones de baterías en la zona de Morskaya; después disminuyó la actividad de fuego enemiga. Las pérdidas propias fueron extraordinariamente escasas.
02:50. Ataque enemigo con fuerza de batallón contra el sector del Regimiento de Infantería 360 reforzado, que quedó detenido bajo un intenso fuego defensivo. El enemigo sufrió cuantiosas bajas.
05:00. Según declaraciones de prisioneros, atacaron elementos de dos regimientos de la 347.ª División de Fusileros y de la 16.ª Brigada de Fusileros.
Tras rechazarse el ataque volvió la calma. Durante la mañana del 14 de enero no se produjeron acontecimientos especiales.
Si deseas saber más, consulta el Kriegstagebuch Nr. 5 de la Leibstandarte SS Adolf Hitler, National Archives and Records Administration, RG 242, T354, rollo 611, expediente 38695/2.
En la columna meteorológica, el mismo diario consignó para el 13 de enero lluvias y una fuerte formación de hielo en las armas y los caminos. Durante la noche, las condiciones permanecieron sin cambios.
Herbert Maeger acababa de incorporarse a la 14.ª Compañía de la Leibstandarte. En sus memorias recordaba que, cuando llegó, la unidad reunía apenas veinte hombres de una plantilla autorizada de ciento veinte. Sus posiciones se ubicaban a unos dieciocho kilómetros al este de Taganrog, junto al Sambek. Los soviéticos ocupaban la ribera opuesta, a unos trescientos metros.
Maeger no anotó la fecha de la escena que recordó décadas después; sin embargo, la coincidencia entre su recuerdo y los documentos de la noche del 13 al 14 de enero es demasiado estrecha para ignorarla: el sector del Sambek, el ataque soviético nocturno, el cruce del río por elementos de dos compañías y una defensa sostenida por dos ametralladoras y unos pocos hombres con armas automáticas. Nada de ello permite identificar su combate con certeza absoluta, pero la convergencia de las fuentes hace muy probable que su relato pertenezca a aquella operación:
Era temprano por la noche. Mordisqueaba una rebanada de pan que acababa de tostar sobre la pequeña estufa. Afuera, Laban gritó de pronto para anunciar que había terminado su turno de guardia. Gottwald, que venía a relevarlo, tropezó con mis pies y abrió la cortina de lona de la entrada; de inmediato, una ráfaga de copos helados me barrió el rostro. Segundos después, Laban comenzó a entrar por la estrecha abertura.
En aquel momento se desató todo el infierno afuera. El tableteo de las ametralladoras competía con el repiqueteo más ligero de los subfusiles; entre ambos sonaban disparos aislados y las granadas de mano estallaban con explosiones sordas. Tomamos nuestras armas y salimos atropelladamente, conmigo a la cabeza. Me recibió un viento helado. Bajo el resplandor de las bengalas que estallaban, podía ver los copos de nieve avanzar horizontalmente hacia mi rostro.
Gottwald se colocó detrás del parapeto y disparó ráfagas cortas con la ametralladora, hacia la izquierda y la derecha, sobre la pendiente situada detrás de nosotros. Laban alimentaba la cinta directamente desde la caja de municiones. Dejé a un lado la carabina, saqué una caja llena del pequeño depósito que habíamos excavado en la prolongación de la trinchera y la empujé hacia Laban. Después tomé un par de granadas de mano y las lancé hacia la zona general de la refriega, confiando en la suerte.
Marinus me tocó la espalda y señaló hacia atrás. Comprendí de inmediato lo que quería y, después de volver a tomar la carabina, lo seguí hasta la posición antiaérea situada detrás del búnker. Llegamos justo a tiempo. El terreno entre nuestro búnker y el del vecino era irregular, con muchos pequeños montículos y depresiones desde donde, presumiblemente, había partido el primer fuego. Bajo la luz difusa de las bengalas, unas figuras fantasmales corrían hacia nosotros. Marinus alzó el subfusil y abrió fuego. Lancé un par de granadas de mano, oí un grito y después volvió la oscuridad.
Regresamos a la posición de ametralladora situada a nuestra derecha, desde donde continuaba un fuego violento, aunque en el terreno abierto y más arriba en la ladera no se distinguía nada que pudiera representar una amenaza. El tiroteo furioso continuó durante algunos minutos más en la noche iluminada por el magnesio de las bengalas. Después, el estruendo disminuyó hasta quedar reducido a breves ráfagas y algún disparo aislado.
En la pendiente situada debajo de la posición oímos unos gritos apagados, seguidos por varios sonidos metálicos, y luego volvió el silencio. Gottwald disparó su pistola de señales. Tras dos “plof” cercanos, tres bengalas derramaron su luz blanca sobre la nieve azotada por el viento. No vimos nada que pudiera ser el enemigo, pero esperamos unos minutos para asegurarnos de que la retirada rusa no fuera una finta. Volví a sentir el frío penetrante.
Marinus fue el primero en hablar:
—Deberíamos echar un vistazo. Siempre les dan vodka antes de empezar estos juegos.
Después se volvió hacia mí:
—Con un poco de suerte quizá encuentres algo caliente que ponerte. Vamos.
No tuvimos que caminar mucho. Apenas veinte metros delante de nuestra posición yacía un ruso muerto, con la chaqueta acolchada acribillada por las balas. Marinus le quitó el gorro de piel, le sacó las botas de fieltro y me las entregó. Agradecí que se encargara de hacerlo y me librara de aquella macabra tarea.
—Me equivocaba con lo del vodka —concluyó—. Solo llevaban semillas de girasol y majorka.
Esta última era un sucedáneo de tabaco elaborado con hierbas. Regresamos al búnker. Después de que Marinus informara del éxito parcial de nuestra rebusca, Laban dijo:
—Voy a echar un vistazo. “Schlips” necesita una chaqueta de verdad.
Bajó la pendiente hacia el río y regresó unos minutos después con una buena y cálida chaqueta acolchada, en excelente estado.
—Solo tenía un tiro en la cabeza —dijo lacónicamente—. Tienes de regalo unos piojos bolcheviques para acompañarla, así que ahora eres un auténtico “cerdo del frente” soviético.
Tenía sentimientos muy encontrados acerca de todo aquello, pero finalmente cedieron ante una especie de satisfacción por haber salido de aquello de una pieza y no tener que seguir pasando un frío tan espantoso.
Si deseas saber más, lee Lost Honour, Betrayed Loyalty: The Memoir of a Waffen-SS Soldier on the Eastern Front [Honor perdido, lealtad traicionada: la memoria de un soldado de las Waffen SS en el Frente del Este], de Herbert Maeger.
El diario alemán redujo la noche a horas, fuerzas aproximadas y resultados. Cuatro días después, el mando del 56.º Ejército soviético la reconstruyó desde el otro lado. La orden n.º 024 no describía una retirada ordenada, sino el derrumbe de una operación que, sobre el papel, contaba con medios suficientes.
Por la orden de combate n.º 03 se encomendó a la 347.ª División de Fusileros la misión de “tomar Varenovka y consolidarla firmemente para la mañana del 14 de enero de 1942 mediante un ataque nocturno sorpresa de dos batallones de fusileros, apoyados por cincuenta piezas de artillería, un batallón del 8.º Regimiento de Morteros de la Guardia y un regimiento de aviación”.
Para participar en la operación fueron designados el 2.º Batallón del 1175.º Regimiento de Fusileros y el 3.er Batallón del 1177.º Regimiento de Fusileros. La preparación inmediata de los batallones y la ejecución de la operación se encomendaron al mando y al Estado Mayor de la 347.ª División de Fusileros. El 1.er Batallón de la 16.ª Brigada de Fusileros, designado para participar en la operación, constituía mi reserva.
A pesar de que se habían asignado fuerzas plenamente suficientes, la operación no tuvo éxito; mi orden de combate no fue cumplida.
…
El fuego de artillería destinado a destruir y suprimir el sistema defensivo enemigo, ejecutado de acuerdo con el plan, fue tan potente que, cuando algunas subunidades pasaron al ataque, al enemigo solo le quedaban en actividad dos ametralladoras y varios hombres con subfusiles; la artillería enemiga había sido silenciada.
…
Durante la noche se efectuaron dos ataques. El primero, a las 21:00 del 13 de enero de 1942, fracasó porque el 2.º Batallón del 1175.º Regimiento de Fusileros no fue levantado para el ataque y permaneció en la ribera oriental del Sambek, mientras que el 3.er Batallón del 1177.º Regimiento de Fusileros llegó tarde al comienzo del ataque y no apareció hasta las 24:00 del 13 de enero.
El segundo ataque tuvo lugar a las 03:00 del 14 de enero de 1942. Solo cruzaron el río Sambek la 5.ª Compañía del 2.º Batallón del 1175.º Regimiento de Fusileros y la 8.ª Compañía del 3.er Batallón del 1177.º Regimiento de Fusileros. Las demás subunidades se desbandaron antes de comenzar el ataque y abandonaron el campo de batalla por propia iniciativa.
Las compañías de ametralladoras de ambos batallones perdieron el contacto con las compañías de fusileros a las que apoyaban y abrieron fuego “según su propio criterio”.
Si deseas saber más, consulta el Sbornik boevykh dokumentov Velikoi Otechestvennoi voiny, volumen 25, orden n.º 024 del 56.º Ejército del Frente Sur, 17 de enero de 1942.
El plan soviético había previsto que Varenovka quedara ocupada antes de la medianoche. Al amanecer del 14 de enero, la posición seguía en manos alemanas. El primer ataque apenas había llegado al río; durante el segundo, solo dos compañías consiguieron cruzarlo.
El diario alemán registró el fracaso y las bajas del enemigo. La orden soviética buscó responsables entre los mandos y las unidades que se habían desbandado. Entre ambos documentos, la memoria de Maeger conservó otra escala de la misma guerra: los pocos metros iluminados por una bengala, el tableteo de dos ametralladoras y el abrigo retirado de un muerto porque el frío seguía siendo tan inmediato como el enemigo.
La línea del Sambek no se movió aquella noche. Bajo la lluvia y el hielo, sin embargo, ambos lados habían comprobado cuánto podía costar el siguiente intento.

Tres soldados alemanes en una posición cubierta de nieve en Kholm, enero de 1942. La indumentaria y el terreno helado muestran las condiciones invernales descritas por Herbert Maeger en sus memorias del frente oriental. (Foto: Bundesarchiv, Bild 101I-004-3633-25A / Richard Muck, Propagandakompanie 501).

Soldados soviéticos con subfusiles y capas blancas de camuflaje corren al ataque durante los combates por Staritsa, en el frente de Kalinin, febrero de 1942. En el Sambek, dos compañías soviéticas consiguieron cruzar el río durante el segundo ataque de la noche del 13 al 14 de enero. (Foto: RIA Novosti, imagen 301 / Maksimov, archivo RIA Novosti).

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