Bombardeo en Clydebank

Esther, mi amiga de la escuela, pasó la tarde del día 13 de marzo de 1941 jugando en la calle conmigo y otros niños cerca de mi casa. Ella había venido conmigo a casa directamente desde la escuela. Todos tuvimos una diversión muy emocionante, corriendo y saltando; era un poco del sabor del verano por venir, como siempre lo hacíamos con todas nuestras actividades infantiles. Poco sabíamos que nuestros días de infancia habían terminado.

 

Recuerdo que era la más bella de las puestas de sol en el cielo a la distancia por el río Clyde por encima de la roca oscura de Dumbarton, donde se encuentra el antiguo castillo. El clima era tan templado que habíamos jugado mucho más tarde de lo usual. Entonces fui con Esther para verla partir en el autobús para su viaje corto a casa. Era demasiado tarde para caminar; normalmente caminaba parte del trecho con ella. El autobús arrancó. Una sonrisa, una despedida. ‘Te veo mañana’.

 

Por un descuido en su memoria, ella dejó su mochila y su máscara de gas en mi casa. Qué terrible hubiera sido si hubiera ocurrido un ataque con gas. Ella tendría su mochila en la mañana, así que todo estaría, por supuesto, bien; no íbamos a tener ningún ataque de gas, no íbamos a tener ninguna parte en la guerra. Mi mente de niña lo había arreglado todo.

 

Eran alrededor de las nueve cuando sonaron las sirenas. Estaba haciendo mis deberes escolares y quería terminarlos. Sería otra falsa alarma. Mi madre parecía más alarmada de lo que yo le había visto antes y todos nos precipitamos en el refugio Anderson -los reflectores ya estaban en el cielo, el estruendo de los cañones no tan lejos. Esto iba a ser una noche de pesadilla. Mamá, mis dos hermanas menores, mi pequeño hermano, nuestra vecina viuda y nuestro pequeño perro Maisie, todos aplastados tan pronto como nos metimos.

 

Estaba tan entumecida en la mañana cuando los bombardeos se habían acabado. Pero éramos todos muy afortunados de estar vivos. Mi padre estaba en el turno de noche en el otro lado del Clyde. Debió haber sido terrible para mamá tener toda la responsabilidad, pero no pensé en ello en aquel momento. Papá pasó la noche horrorizado mientras observaba con todos los demás hombres de la fábrica los aviones alemanes que venían en olas de ataques, dejando caer cientos de bombas sobre Clydebank. Había rumores de que toda la población había sido aniquilada, nos dijo cuando finalmente pudo llegar a casa a través de los escombros y los bloqueos de carreteras. Arregló para que nos mudáramos inmediatamente.

 

Meses después descubrí que Esther había muerto. Ella vivía en un edificio en la colina por encima de la fábrica Singer. Muchas de estos edificios sufrieron impactos directos y fueron arrasados, causando una terrible pérdida de vidas. El padre de Esther también había perdido la vida.

Una de las decenas de imágenes que mostraban el daño causado en Clydebank. Escocia, por los bombardeos ocurridos las noches del 13 y 14 de marzo de 1941.

En las noches del 13 y 14 de marzo de 1941, bombarderos alemanes atacaron las fábricas de municiones y astilleros de Clydeside. Hubo 260 bombarderos en la primera noche -oleadas de bombas de alto poder explosivo, bombas incendiarias y minas terrestres fueron lanzadas durante un período de nueve horas. Las calles fueron devastadas, los incendios ardían ferozmente y centenares de personas quedaron atrapadas en los edificios derrumbados.

 

Durante los dos días de bombardeos, 528 civiles murieron, más de 617 personas resultaron gravemente heridas y varias viviendas fueron completamente destruidas; 48,000 civiles perdieron sus hogares, muchos de ellos trabajadores de los astilleros y sus familias, viviendo en casas de huéspedes en el Clydebank.

 

Elizabeth Bailey era una niña cuando la noche del 13 de marzo de 1941, ella escribiría más tarde su testimonio de lo ocurrido:

El edificio de la derecha sigue en pie, que albergaba el Bar Mountblow en la esquina, en Clydebank, Escocia.

Si quieres saber más, lee “Untold Stories: Remembering Clydebank in Wartime”, [Historias sin contar: Recordando Clydebank en tiempo de guerra], de Liam Stewart.

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