Zhukov llega a Leningrado

Cañones antiaéreos resguardando el cielo de Leningrado, frente a la catedral de San Isaac. El largo sitio de Leningrado duraría casi 900 días.

Las fuerzas alemanas del Grupo de Ejércitos Norte habían capturado Shlisselburg en las orillas del lago Ladoga. Todas las comunicaciones terrestres con Leningrado estaban ahora cortadas. La ciudad de Leningrado estaba ahora completamente rodeada por las tropas alemanas y finlandesas.

 

Los rusos estaban siendo muy superados en el aire, pero sus pilotos estaban luchando ferozmente contra los enjambres de Stukas, que atacaban a los barcos rusos pesados en los puertos de Kronstadt y Leningrado.

 

A pesar de esto, los alemanes no tendrán una victoria fácil. Durante tres semanas han sufrido contraataques suicidas rusos. Sus hombres y máquinas están gastados combatiendo tanto a rusos como al lodo causado por la lluvia incesante. Aunado a esto, Hitler prefiere someter la ciudad a un largo asedio por artillería y bombardeos y así evitar que el ejército alemán tenga la necesidad de alimentar a la población durante el invierno.

 

Ante la desesperada situación en Leningrado, el general Zhukov había recibido su nuevo mando para organizar la defensa de la ciudad:

Hasta las horas de la madrugada del 11 de septiembre, conversamos sobre la situación y qué medidas adicionales podrían ser tomadas para proteger Leningrado. Tomando parte en estas conversaciones estaban Zhdanov, Voroshilov, el almirante Isakov, el Jefe del Estado Mayor del Frente y los jefes de algunos de los brazos del servicio.

 

Conocía la ciudad y sus alrededores porque había estudiado aquí algunos años antes en cursos de superación de comandantes de caballería. Ha cambiado mucho desde entonces, pero tenía una buena idea de la zona de batalla.

 

El día de nuestra llegada la situación se volvió todavía más tensa. Los ataques nazis en puntos defendidos por el 42º Ejército fueron particularmente feroces. Los tanques enemigos penetraron hacia Uritsk, pero nuestra artillería antitanque hizo que regresaran. Con apoyo de tanques, aviones y artillería y a pesar de las fuertes pérdidas, la infantería alemana estaba atacando persistentemente las Colinas Pulkovo y los poblados de Pushkin y Kolpino. En el feroz combate, el comandante del 42º Ejército utilizó todas sus reservas.

 

El maltrecho 55º Ejército bajo el mando del general I. G. Lazarev estaba a cargo de las aproximaciones del sureste a Leningrado. Era muy obvio que no tenía la fuerza suficiente. En Kolpino, las líneas de batalla corrían cerca de la Planta Izhorsky, que estaba suministrando una importante orden militar. En respuesta al llamamiento de la rama del partido de la planta, sus comunistas y komsomoles tomaron las armas y formaron un batallón de trabajadores. En este punto, los intentos nazis de chocar contra la ciudad fueron rechazados. La gente de la Planta Izhorsky se mantuvo firme hasta la muerte.

 

Me enteré de la aguda escasez de cañones antitanque a todo lo largo del frente. Decidimos compensarla utilizando cañones antiaéreos que podían penetrar blindaje. Algunos de los cañones antiaéreos fueron inmediatamente removidos de las plazas de la ciudad y calles y colocados en los puntos más peligrosos.

 

 

La Planta Kirov, que hacía los tanques pesados KV (director de la planta I. M. Zaltsman) fue transformada en un centro importante de defensa. Muchos de sus trabajadores se habían unido a los opolcheniye, el ejército de voluntarios del pueblo. Sus lugares fueron tomados por niños y niñas, mujeres y ancianos. El grueso de la fuerza de trabajo tomó alojamiento en la oficina de la planta y otros lugares de la fábrica. La gente no abandonó los terrenos de la planta por días enteros. A las ventanas de las tiendas que daban hacia el frente les fueron colocados postigos con placas de blindaje y sacos de arena debido a la proximidad a las líneas de batalla. La producción no se detenía durante los ataques aéreos y de artillería. Los turnos en descanso apagaban los fuegos causados por las bombas incendiarias y el personal médico brindaba atención a los heridos.

 

Los nazis habían elaborado un cuidadoso esquema para llevar a cabo los ataques de artillería y bombardeo de los objetivos clave -fábricas, establecimientos educativos, estaciones de ferrocarril, hospitales y centros comerciales-.

 

Las calles más transitadas eran los objetivos favoritos de los nazis. El prisionero de guerra Lowno Rudolf del 240º Regimiento de Artillería, 170ª División de Infantería, testificó más tarde que Leningrado era bombardeado en la mañana de las 8 a las 9, luego de 11 a 12, por la tarde de 5 a 6 y por la noche del 8 a 10 y el fuego de artillería estaba destinado a acabar con los habitantes de la ciudad, para destruir las fábricas y otros edificios vitales y para afectar la moral de los leningradenses.

Si deseas saber más, lee “Marshal of Victory: The Autobiography of General Georgy Zhukov” [Mariscal de la victoria: la autobiografía del general Georgy Zhukov], editado por Geoffrey Roberts.

Enfermeras ayudan a personas heridas durante un bombardeo alemán en Leningrado, el 10 de septiembre 1941.

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