Ataque de aviones torpederos sobre el Convoy PQ18

El Convoy PQ18 en altamar. Una detonación bajo el agua hace erupción a un lado del HMS Ash

El Convoy PQ18 en altamar. Una detonación bajo el agua hace erupción a un lado del HMS Ashanti. El destructor HMS Eskimo se ve en primer plano. Los buques mercantes están en el fondo.

Después del desastre del Convoy PQ17 del 4 de julio de 1942, que fuera diezmado por bombarderos y submarinos alemanes después de que el convoy recibiera la orden para dispersarse, se produjo un retraso antes de que el próximo convoy ártico se organizara. Se brindaron mayores consideraciones para la defensa de la escolta del Convoy PQ18 y se convirtió en el primer convoy ártico en ir acompañado de un portaaviones escolta –el HMS Avenger-. Sin embargo, el convoy todavía tenía que pasar por el Cabo Norte y quedar al alcance de los bombarderos alemanes situados en el norte de Noruega. La Luftwaffe también había estado mejorando sus tácticas.

John Manners era el primer teniente en el HMS Eskimo:

El 12, aviones siguiéndonos localizaron el convoy. En su mayoría consistían en Blohm y Voss o hidroaviones Dornier, que podían verse rodeando el convoy apareciendo entre las nubes, pero fuera del rango de fuego. El Avenger envió sus Hurricanes para atacarlos, pero su armamento de ametralladoras era insuficiente para derribar a cualquiera de ellos. El hecho terrible era que un número de Hurricanes más modernos equipados con cañones, estaban siendo transportados en los buques mercantes. Los Hurricanes no fueron utilizados en el futuro para atacar estos aviones perseguidores que se convirtieron en parte de la escena diaria. En cualquier caso, no eran un peligro como una fuerza atacante.

Para este momento había una serie de submarinos enemigos en contacto con el convoy. Aunque el Avenger sólo tenía tres aviones antisubmarinos Swordfish, que fueron capaces de hostigar al enemigo obligándolos a sumergirse y de vez en cuando dejando caer cargas de profundidad sobre ellos. Se hicieron varios contactos ASDIC y se dejaron caer cargas de profundidad, que implicaba que los destructores en cuestión dejaran un espacio vacío en la pantalla de protección, mismo que debía ser cerrado.

Sin embargo, ellos sí reclamaron dos buques mercantes por la pérdida de un submarino. Luego vino el 13 de septiembre, cuando la Luftwaffe realmente entró en acción. Hubo alarmas continuas a partir de lo que hoy conocemos como un ataque de distracción por un número de bombarderos de alto nivel. Con condiciones de niebla y una gran cantidad de nubes bajas no tuvieron éxito. Más tarde, en un momento crucial, no había Hurricanes en el aire. Con tan pocos aviones era imposible dar cobertura aérea todo el tiempo.

De repente, se produjo uno de las escenas más terribles de la guerra. A lo largo de todo el horizonte había aviones que volaban justo por encima de las olas de punta a punta de las alas y por debajo de la cobertura del radar. Este era el ataque alemán “Peine de Oro”, en la que todos los aviones lanzaron dos torpedos cada uno al mismo tiempo. Los registros muestran que había cuarenta y dos aviones torpederos Heinkel y una cantidad de Junkers 88.

Todo estaba sucediendo; tan pronto como se les vio, el comodoro del convoy ordenó un viro de emergencia para peinar las huellas de los torpedos, pero lamentablemente las dos columnas de estribor no la cumplieron. Al igual que todos los demás, el Eskimo puso el timón al máximo viraje y aumentó la velocidad, lo que hizo el buque se inclinara y escorara. Estas maniobras frenéticas hacían imposible cualquier disparo preciso. Sin embargo, todos los buques dispararon con todo y el aire estaba lleno de balas.

El Eskimo estaba en la columna de estribor de la pantalla y este enjambre amenazador pasó a unos cuantos pies por encima de nosotros, mientras los aviones viajaban a unos 250 millas por hora [unos 400 kilómetros por hora], ya se habían ido antes de que uno pudiera decir “Jack Robinson”. No éramos su primer objetivo y poco después de que nos pasaran soltaron no menos que unos 110 torpedos.

En pocos segundos ocho buques fueron impactados, algunos se hundieron de inmediato y en un caso, hubo una gigantesca explosión enviando una columna de humo negro verticalmente hacia arriba y la nave desapareció por completo. El torrente de fuego que fue disparado contra los atacantes fue fenomenal, pero de acuerdo a los registros alemanes sólo cinco aviones fueron derribados, aunque muchos más que debieron haber sido dañados.

La situación era deprimente, se había perdido una quinta parte del convoy y nadie en el Eskimo vio ningún avión enemigo destruido. Dos nuevos ataques de bombarderos inconexos se llevaron a cabo y muchas bombas fueron lanzadas a través de las nubes, cayendo sin causar daño. Además de esto, siempre existía la amenaza de ataque de las naves enemigas de superficie estacionadas en Noruega, en particular, el Tirpitz. Vuelos de reconocimiento se organizaron para salir desde Inglaterra. Una pequeña fuerza de nuestros cruceros acechaba justo al oeste de Islandia y dos de nuestros acorazados y escoltas estaban en el mar, cerca de la isla Jan Mayen.

El acorazado de bolsillo enemigo Scheer y dos cruceros estaban movilizándose y se agregó a nuestras calamidades el que un Catalina del Comando Costero informara que el Tirpitz no estaba en su puesto de atraque habitual, cerca de Trondheim. Se supo que ella estaba realizando ejercicios en el fiordo, pero no íbamos a saber de esto. Ocho de nuestros submarinos habían estado estacionados en puntos estratégicos a lo largo de la costa noruega y uno disparó algunos torpedos al Scheer sin lograr ningún blanco. Mientras tanto, el Eskimo había recogido a un gran número de sobrevivientes del barco estadounidense hundido, el John Penn.

Si deseas leer el relato completo, visita WW2 Cruisers [Cruceros de la Segunda Guerra Mundial].

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Un vigía y artillero a bordo del HMS Eskimo en aguas del norte.

Marineros colocando una carga de profundidad en posición en una reja de lanzamiento de car

Marineros colocando una carga de profundidad en posición en una reja de lanzamiento de cargas de profundidad en la popa del destructor HMS Eskimo, el cual acaba de salir de puerto (posiblemente Hvalfjord) después de una cacería de un U-Boat alemán en el Atlántico.