Los ‘katyushas’ rusos hacen su aparición

En el verano de 1941, el Ejército Rojo recibió una nueva arma formidable, el lanzacohetes “katyusha”. En la imagen, una descarga de cohetes.

A principios de julio, Stalin había designado al mariscal Semyon Timoshenko como comandante en jefe del Frente Occidental; como un experimentado comandante, Timoshenko estaba realizando esfuerzos herculinos para disminuir la velocidad del avance alemán.

 

Fueron tomadas medidas drásticas para restaurar la disciplina en las fuerzas soviéticas, se establecieron áreas de recuperación de tropas en retirada y las que se encontraban sin mando alguno, para reintegrarlas, reequiparlas y enviarlas de regreso al frente. Nuevos elementos eran incorporados para hacer frente a los números de rusos caídos o hechos prisioneros, pero en su mayoría eran enviados sin ningún entrenamiento militar.

 

El 14 de julio de1941, en el área de Orsha, se utilizaron por primera vez los katyushas [‘pequeña Katya’, cuyo nombre derivó de la canción rusa popular acerca de una joven extrañando a su amado ausente], los cuales fueron lanzados sobre posiciones alemanas; Timoshenko informó que el experimento fue un éxito y se ordenó la aceleración de la producción de esta arma.

 

Max Kuhnert, un miembro de un batallón de reconocimiento montado, relata su experiencia sobre uno de los ataques de estos mortales lanzacohetes rusos:

Soldados rusos junto a un camión lanzacohetes BM-13 “Katyusha”.

Una nueva amenaza de los rusos apareció en el horizonte y fue muy desagradable. Era un artilugio de cohetes en un camión capaz de disparar 40 a 46 cohetes de forma similar a una ametralladora y, después de dispararlos, desaparecía a una posición diferente muy rápidamente, por lo que no éramos capaces de alcanzarlo y destruirlo.

 

Aparentemente era un armazón sobre un camión; con cohetes asemejando a los tubos de un órgano, los cuales al encenderse partían como fuegos artificiales. Lo llamábamos el “órgano de Stalin”. Su calibre debe haber sido de alrededor de 10.5 mm, era muy potente y causó un gran daño. No teníamos defensa alguna contra este por el momento, tuvimos muchas bajas por el mismo.

 

Cuando nuestra compañía de regimiento finalmente nos alcanzó, tuve malas noticias, lo que me sacudió terriblemente; no había esperado que algo como esto pudiera suceder a nuestro pequeño grupo. Krones y Falk habían sido cortados en pedazos por esos cohetes terribles, la ráfaga completa debió haberles dado.

 

Cuando llegué al lugar alrededor de una hora más tarde, encontré sólo restos lamentables y sus caballos habían sido también desgarrados.

 

Los dos habían estado esperando órdenes del batallón y se habían desmontado, apoyados contra la pared de una casa, sosteniendo las riendas de sus caballos. Me dijeron que un minuto antes estaban riendo, bromeando y al siguiente habían desaparecido y la tierra estalló a su alrededor, incluso la pequeña casa de ladrillo fue aplanada. Uno sólo podía ver sus restos quemados.

 

Fue simplemente repugnante. Casi no pude soportar todo el desastre sanguinolento, la única cosa que pude hacer fue amontonarlos juntos lo mejor que pude. Fue una de las tareas más sombrías que tuve que realizar durante la guerra.

 

Puse lo que pude encontrar de ellos en mi lona de tienda de campaña. No había ninguna señal de sus discos de identidad, que debieron haber estado alrededor de sus cuellos y probablemente habían estado, pero no había cuellos, sólo restos carbonizados, un pie, un hueso o un brazo aquí y allá, pedazos de sus torsos estaban colgados de las vigas de madera, que todavía estaban ardiendo.

Si quieres saber más, lee “Will We See Tomorrow? A German Cavalryman at War, 1939-1942 [¿Veremos mañana? Un soldado de caballería alemana en la guerra, 1939-1942], de Max Kuhnert.

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