La guerra estaba presentando nuevos retos para las relaciones de poder establecidas entre las naciones. Mientras que en Gran Bretaña hubo una conmoción por la pérdida de Singapur -un presagio de lo que eventualmente sería la pérdida del Imperio-, en Australia hubo una revelación mucho más apremiante: la existencia de una amenaza real de invasión de la propia Australia.

 

John Curtin, el primer ministro australiano, daba ahora indicaciones de un realineamiento de lealtades. Era una respuesta pragmática a la realidad de la situación – quién estaba en mejores condiciones para estar al lado de Australia-. Ahora, desde el norte de África, las tropas australianas de las 6ª y 7ª Divisiones eran retiradas para defender su patria, Curtin se negó a que las tropas australianas fueran desviadas para defender a Birmania.

 

La 9ª División continuaría distinguiéndose en la guerra del desierto -pero no participaría cuando la guerra regresó al continente europeo-. Miles de pilotos australianos de la Real Fuerza Aérea (RAF) y la Real Fuerza Aérea Australiana (RAAF) continuarían su lucha contra Alemania hasta el final.

 

En un discurso por la radio a los Estados Unidos, el 14 de marzo, Curtin lo dijo todo:

Australia se une con los Estados Unidos

El general Douglas MacArthur dijo que Curtin fue “uno de los más grandes estadistas en tiempos de guerra”. Su predecesor como Primer Ministro y líder electoral de la Coalición en 1943, Arthur Fadden del Partido del País, escribió: “no me importa quién lo sepa, pero en mi opinión no había ninguna figura pública australiana más importante durante mi vida que Curtin”. En la imagen, Curtin y MacArthur se preparan para la guerra en el Pacífico en 1942 -el general estadounidense recién llegaba a Australia después de su salida estrepitosa de Filipinas-.

Los hechos son cruelmente duros. Nosotras, las naciones aliadas, no estábamos preparadas. Japón, detrás de su muro de secretos, se ha preparado para la guerra en una escala de la que ni nosotros ni ustedes tenían conocimiento. Todas hemos cometido errores, todas hemos sido demasiado lentas, todas hemos mostrado debilidad -todas las naciones aliadas-. Este no es el momento de disputar acerca de quién es el que tiene más culpa. Ahora, nuestros ojos están abiertos.

 

El gobierno australiano ha luchado por su pueblo. Nunca consideramos al Pacífico como un segmento de la gran lucha. Nosotros no insistimos en que era el teatro principal de la guerra, pero nosotros sí dijimos y los eventos hasta la fecha, por desgracia, nos dieron la razón, que la pérdida del Pacífico puede ser desastrosa. Quién de nosotros, contemplando el futuro en ese día de diciembre del año pasado cuando Japón atacó como si fuera un asesino en Pearl Harbor, en Manila, en Wake y Guam, se hubiera aventurado a decir que en marzo el enemigo estaría montado a horcajadas en todo el Pacífico suroeste, excepto por los valientes hombres del general MacArthur [en Filipinas], Australia y Nueva Zelanda. Pero ese es el caso.

 

Y, al darnos cuenta muy rápidamente de que ese sería el caso, el gobierno de Australia buscó un reconocimiento pleno y adecuado de la parte que el Pacífico estaba jugando en la disposición general estratégica de las fuerzas combatientes del mundo. Fue por lo tanto natural que, dentro de los veinte días después del primer golpe traicionero de Japón, dije en nombre del gobierno de Australia que vimos a los Estados Unidos como el factor primordial al lado de las democracias del Pacífico.

 

No hay menosprecio de la Vieja Patria en esta perspectiva. Gran Bretaña ha luchado y ganado en el aire la tremenda Batalla de Inglaterra. Gran Bretaña ha peleado y, con su fuerte ayuda, ha ganado la igualmente vital Batalla del Atlántico. Ella tiene la obligación primordial de suministrar toda la ayuda posible a Rusia. Ella no puede, al mismo tiempo, darlo todo en el Pacífico. Nosotros los australianos, con Nueva Zelanda, representamos a Gran Bretaña aquí en el Pacífico -somos sus hijos- y en nosotros recae la responsabilidad. Les doy a ustedes mi palabra que no vamos a fallar. Ustedes, como ya he dicho, deben ser nuestro líder. Nos pondremos rodilla con rodilla con ustedes por cada onza de nuestro peso.

El discurso completo de Curtin puede ser leído y escuchado, en ABC Radio Archives.

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