El buque hospital australiano Centaur es torpedeado
![El buque hospital australiano “Centaur” [Centauro] estaba claramente marcado y bien ilumin](https://static.wixstatic.com/media/4899d2_f3faf24d9a81427aaa53d7d963b5615e~mv2.jpg/v1/fill/w_584,h_431,al_c,q_80,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/El%20buque%20hospital%20australiano%20_Centaur%E2%80%9D%20%5BCentauro%5D%20estaba%20claramente%20marcado%20y%20bien%20ilumin.jpg)
El buque hospital australiano AHS Centaur estaba claramente marcado con franjas verdes, grandes cruces rojas y el número de registro 47 de la Cruz Roja. Navegaba iluminado cuando fue torpedeado frente a Queensland en la madrugada del 14 de mayo de 1943.
El 12 de mayo de 1943, el buque hospital australiano AHS Centaur zarpó de Sídney rumbo a Port Moresby, en Nueva Guinea, para embarcar heridos de las campañas de Buna y Gona. A bordo viajaban 75 tripulantes de la Marina Mercante, 64 miembros del personal médico, incluidas 12 enfermeras del Australian Army Nursing Service, y 149 hombres del 2/12th Field Ambulance, además de personal adjunto.
Nadie que lo hubiera visto habría dudado de que se trataba de un buque hospital. El Centaur navegaba con todas sus luces encendidas; a lo largo del casco llevaba franjas verdes interrumpidas por grandes cruces rojas, y en la proa aparecía el número 47, su registro ante la Cruz Roja Internacional. Ese número indicaba que, por canales diplomáticos, el enemigo había sido notificado de su condición de buque hospital.
A las 4:10 de la mañana del viernes 14 de mayo de 1943, el Centaur se encontraba al este del faro de Cape Moreton, frente a la isla Moreton, en la costa de Queensland. Un torpedo impactó en el costado de babor, cerca de los tanques de combustible. La explosión abrió el casco, incendió el combustible y convirtió el buque en una masa de fuego. El hundimiento fue tan rápido que no hubo tiempo para transmitir un mensaje de socorro.
Durante mucho tiempo no se pudo determinar con certeza absoluta qué submarino había perpetrado el ataque. Hoy, la responsabilidad más aceptada recae en el submarino japonés I-177, comandado por el teniente comandante Hajime Nakagawa. La historia oficial japonesa, publicada en 1979, reconoció esa responsabilidad, aunque en los juicios de posguerra el caso del Centaur no fue incluido formalmente entre los cargos contra Nakagawa.
De las 332 personas que habían zarpado de Sídney, sólo 64 sobrevivieron. El hundimiento del Centaur se convirtió en la peor pérdida australiana causada por un ataque submarino durante la guerra.
El marinero Matthew Morris acababa de terminar su guardia de medianoche a cuatro de la mañana cuando ocurrió la explosión:
Terminé la guardia de doce a cuatro y llamé a la guardia de cuatro a ocho para que bajara, incluido mi compañero. Yo estaba tomando una taza de té cuando se produjo aquella enorme explosión. El barco se sacudió y la claraboya cayó sobre nosotros.
En realidad, no sé cómo salí del comedor. Diría que había una docena de escalones hasta la cubierta, pero no recuerdo haberlos subido. Después fui arrastrado fuera de la parte trasera del barco y entonces me di cuenta de que estaba en el agua.
La hermana Ellen Savage dormía en su litera cuando el Centaur se deshizo a su alrededor. Fue la única enfermera que sobrevivió de las doce que iban a bordo. Herida, con las costillas, la nariz y el paladar fracturados, los tímpanos perforados y múltiples contusiones, logró salir a la superficie en medio de una mancha de aceite. Más tarde sería condecorada con la George Medal [Medalla Jorge] por su ejemplo durante las horas de supervivencia en las balsas:
Merle Morton y yo fuimos despertadas por dos explosiones terribles y prácticamente arrojadas fuera de la cama. Mentalmente registré que se trataba de una explosión de torpedo. En ese instante, el barco estaba en llamas.
Nos encontramos con el coronel Manson, nuestro oficial al mando, completamente vestido, incluso con su gorra y su chaleco salvavidas Mae West. Amablemente nos dijo:
—Eso es, chicas, salten ahora.
Las primeras palabras que iba a decir fueron:
—¿Tendré tiempo de volver por mi abrigo?
Estábamos sólo en pijama.
Él dijo:
—No.
Y con eso subió a cubierta y saltó. Yo lo seguí. El barco comenzaba a hundirse. Todo ocurrió en tres minutos.
Los sobrevivientes quedaron dispersos entre balsas, restos flotantes y fragmentos del buque. Pasaron 36 horas en el agua. Había muy poca comida y agua; muchos estaban apenas vestidos, algunos sufrían quemaduras graves y no había suministros médicos para atender a los heridos. Los tiburones rodeaban las balsas y, en ocasiones, las golpeaban con el hocico.
En medio de aquella espera, el sufrimiento no terminó con el hundimiento. Algunos hombres heridos murieron sobre las balsas, rodeados por otros sobrevivientes que apenas podían ayudarlos. Matthew Morris recordaría especialmente la muerte de un joven soldado, John Walder, y el pequeño acto de dignidad con que intentaron despedirlo en el mar:
Él murió junto a mí y sus quemaduras se quedaron pegadas a mi brazo. Le dije a la hermana Savage, que estaba casi frente a mí:
—Creo que este muchacho está muerto.
Ella me preguntó:
—¿Está seguro?
Le respondí:
—Estoy casi seguro.
Cuando ella lo palpó, dijo:
—Ha fallecido.
Le quité la placa de identificación. Se llamaba John Walder, soldado del Ejército de Nueva Gales del Sur. Le entregué la placa a la hermana Savage y ella me preguntó:
—¿Responderá el rosario?
Le dije:
—Sí, haré lo mejor que pueda.
Ella rezó el rosario; yo respondí y lo sepultamos en el mar.
La noticia provocó indignación inmediata: el primer ministro John Curtin describió el ataque como deliberado, cruel y bárbaro, mientras el general Douglas MacArthur, comandante supremo aliado en el Área del Pacífico Suroccidental, expresó su profunda repulsión con este mensaje:
No puedo expresar la repulsión que siento por este acto de crueldad innecesaria. Su salvajismo ilimitado representa la continuación de un intento calculado de crear un sentimiento de temor mediante la práctica de horrores diseñados para conmocionar a las sensibilidades normales.
Los excesos brutales de la campaña de Filipinas, la ejecución de nuestros aviadores capturados, la barbarie de Papúa son todos un patrón. El enemigo no entiende —aparentemente no puede entender— que nuestra fuerza invencible no reside tanto en el cuerpo como en el alma y que se eleva ante la adversidad.
La Cruz Roja no vacilará ante este vil ataque. Su luz de misericordia no hará más que brillar con mayor intensidad en nuestro camino a la victoria inevitable.
En la tarde del 15 de mayo, unas 32 horas después del hundimiento, el destructor estadounidense USS Mugford localizó a los sobrevivientes a unas 40 millas al este de Cape Moreton. El buque escoltaba al vapor británico Sussex cuando un vigía avistó un objeto en el agua; poco después, un Avro Anson de la RAAF señaló la presencia de sobrevivientes. Sólo entonces Australia supo que había sufrido su peor pérdida en un ataque submarino durante la guerra.
La investigación de posguerra no logró llevar a juicio a nadie por este hundimiento concreto, aunque la atribución al I-177 de Nakagawa se fortaleció con el tiempo. Nakagawa sería condenado como criminal de guerra de clase B por otros incidentes, entre ellos, ametrallar a sobrevivientes de buques mercantes británicos en el océano Índico, y cumpliría cuatro años de prisión.
Si deseas saber más, visita el Anzac Portal “The Sinking of the Centaur” [El hundimiento del Centaur].

La atrocidad se convirtió en un grito de indignación para muchos australianos. El hundimiento del AHS Centaur, un buque hospital claramente marcado e iluminado, fue considerado una violación brutal de las normas de guerra y de la protección debida al personal médico y a los heridos.

El submarino japonés I-176, de la misma clase general que el I-177. Después de la guerra, la atribución más aceptada identificó al I-177, comandado por Hajime Nakagawa, como el submarino que torpedeó al buque hospital Centaur el 14 de mayo de 1943.

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