Patrullaje australiano en Tobruk

Tropas australianas en una trinchera, vigilando el perímetro de Tobruk.

Las operaciones alrededor de Tobruk en el área de la frontera habían sido confinadas primordialmente a actividades de patrullaje y duelos de artillería. Las compañías motorizadas de infantería británicas intentaban avanzar en la zona costera, pero frecuentemente sus esfuerzos eran frustrados tanto por los propios campos minados británicos como los de los alemanes.

 

Rea Leakey, en aquel entonces con el rango de cabo, quien había estado realizando patrullajes en tierra de nadie en el perímetro de Tobruk, describe como se desarrollaban estas actividades:

Incluso en agosto las noches en el desierto son frías y estaba contento del calor que expedían lo cuerpos de mis compañeros. Ninguno de nosotros dormíamos mucho, porque estábamos tan estrechamente apiñados en la ceñida trinchera que era un caso de “cuando el padre dé vuelta todos damos vuelta”. No teníamos idea exactamente qué tan cerca estábamos de las posiciones enemigas, pero sentíamos que estábamos lo suficientemente a salvo ya que no escuchábamos ningún sonido y esperábamos por el amanecer con interés. Era, por lo tanto, no un poco molesto encontrarnos a menos de 300 yardas de una serie de trincheras y refugios que estaban totalmente atendidas. Sin embargo, no había nada que pudiéramos hacer al respecto, incluso los italianos no podían fallar vernos si empezábamos a arrastrarnos de regreso. No había nada más que recostarse perfectamente inmóviles durante las horas del día y esperar que nuestra lona camuflada nos pudiera ocultar.

 

 

La idea de colocarse cerca de las posiciones enemigas de día tomó impulso y pronto había una cantidad de guaridas de vigilancia permanente en tierra de nadie. La mayoría tenía líneas telefónicas vinculándolas con Tobruk. Me otorgaron el rango honorario de cabo primero y pasaba gran parte del día con dos soldados rasos en estos puestos. También me dieron la tarea de establecer nuevos puestos y fue en una de estas expediciones que casi soy capturado.

 

 

No lejos de mi montículo, podía ver el camino de circunvalación que el enemigo había construido alrededor del perímetro de Tobruk, el cual era ahora utilizado por sus vehículos en sus viajes de y hacia Bardia y la frontera. Era un camino muy transitado y normalmente estaba libre de interferencia de la guarnición de Tobruk, estando fuera de vista. Sin embargo, en este día, cualquier colección de vehículos que estaban viajando ya sea muy de cerca o que se detenían en el sector del camino que podíamos ver, recibió un duro tratamiento de la artillería de Tobruk. Todo el día mantuve suministrando a nuestra artillería con objetivos y estaba disfrutándolo a costa del enemigo. Casi no noté el calor, las moscas o incluso la ligera tormenta de polvo que voló por alrededor de una hora al mediodía. Estaban tan ocupado que no tuve tiempo para molestarme por comida o incluso una bebida.

 

Alrededor de las 3 de la tarde, uno de los australianos conmigo llamó mi atención hacia los tres hombres en la torre de vigilancia. Debió haber sido dolorosamente obvio para ellos que esta área, que normalmente nunca fue bombardeada, estaba ahora bajo vigilancia y que a su vez estaban buscando a su alrededor por los observadores. Tienen que haber examinado cada pedazo de matorral y cada piedra al norte de su torre y no encontraron nada. Luego buscaron al este y al oeste, pero aún sin resultado. Ahora podíamos verlos mirando hacia el sur y nos quedamos muy quietos. Uno de ellos señaló hacia donde nosotros estábamos y los hombres con los prismáticos se enfocaron en nosotros. A continuación, tres de ellos descendieron de su percha y corrieron al otro lado hacia la línea más cercana de trincheras. Telefoneé al oficial de artillería y le pedí que estuviera preparado para darnos un poco de apoyo cuando fuéramos atacados y él nos deseó suerte.

 

Los vimos el momento en que salieron de sus trincheras, debieron ser unos cincuenta de ellos. Se movilizaron a través del desierto en orden extendido y sus bayonetas brillaban en el sol de la tarde. Nuestros proyectiles cayeron cerca de ellos, pero allí venían y pronto tuve que decirle a la artillería que dejara de disparar al momento en que los proyectiles estaban empezando a caer cerca de nuestro montículo. Los dos soldados australianos estaban ansiosos por abrir fuego y tuve un momento difícil tratando de restringirlos. A continuación, el conjunto enemigo se dividió en cuatro grupos y rodearon el montículo. Nos quedamos muy quietos y esperamos. Cada vez se acercaban más y no había ningún sonido a excepción de la palabra aguda ocasional de orden dada por uno de sus oficiales.

Si deseas saber más, lee “Leakey’s Luck: A Tank Commander with Nine Lives” [La suerte de Leakey: un comandante de tanques con nueve vidas], de Rea Leakey y George Forty.

Una patrulla de combate del 2/13 batallón de infantería avanzando a través de “tierra de nadie”. Las tropas están siguiendo una cinta a través de un campo minado.

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