“Justicia” sumaria en el gueto de Lódz

Graves pecados se han cometido en el gueto. El pecado más grande ha sido que la gente educada en un espíritu de decencia civilizada se ha tornado, después de vivir tan solo un año y medio bajo las condiciones inhumanas del gueto, en bestias depredadoras. De la noche a la mañana han perdido cualquier sentido de ética y vergüenza que alguna vez tuvieron. Mientras muchos estaban muriendo de hambre, mientras muchos buscaban entre montones de basura por desperdicios comestibles, comiéndoselos allí mismo, había algunos que robaban y despojaban a cada oportunidad y quienes se atragantaban y devoraban.

 

El 15 de marzo de 1941 se colocó el siguiente anuncio en el gueto: ‘Les hago saber que se ha establecido una Corte Sumaria y que esta Corte entrara en sesión el 16 de marzo de 1941. La tarea de la Corte es la de procesar todo tipo de crimen en contra de los intereses vitales de la población del gueto.

 

‘La Corte Sumaria es enteramente independiente de la Corte General.

 

‘Los casos serán escuchados por dos paneles, cada uno consistente de un juez y dos jurados los cuales yo nombraré.

 

‘El juicio ante la Corte no será precedido por investigaciones formales. El fiscal y el abogado defensor están excluidos de los procesos.

 

‘Los jueces pronunciaran sentencia basados en sus propias conclusiones’.

 

Dura lex sed lex [del latín: Ley severa, pero ley].

 

Mientras hombres y mujeres se asían a vagones de excremento y basura y arrastraban sus cargas, que apestaban por kilómetros, por catorce horas al día, aquellos que ocupaban altos cargos en la administración del gueto buscaban qué más hurtar y cómo ocultar sus robos.

 

Evidentemente que tales pecados tenían que ser erradicados, incluso recurriendo a una Corte Sumaria.

 

No era obvio, sin embargo, el hecho de que al momento en que la Corte echaba su red en el pantano, para poder ‘procesar todo tipo de crimen en contra de los intereses vitales del gueto’, solo los peces más pequeños eran atrapados, mientras que los gordos lucios malolientes nadaban sin ser capturados.

 

 

Pecados que eran juzgados ante la Corte Sumaria:

 

Un sastre, que utilizaba la máquina de coser y herramientas que eran suyas antes de la guerra, puso un par de tijeras en su bolsillo para tenerlas a la mano y por un olvido las dejó allí. Cuando dejaba el taller, fueron encontradas en el cateo. Fue enviado a la Corte Sumaria. Su destino y el de su familia estaban sellados.

 

Un sastre que olvidaba poner una hebra de hilo en la mesa era un perpetrador.

 

Un sastre que utilizó un retazo de tela para para parchar sus propios pantalones era un criminal.

 

Un carpintero que cortó un pedazo de madera para arreglar la mesa de su casa era un ladrón.

 

Pecados que no eran juzgados en la Corte Sumaria:

 

Los gerentes de las tiendas que llevaban a casa lo mejor de la hortaliza, encubriendo la evidencia pesando de menos las raciones de los compradores.

 

Practicantes de favoritismo que tomaban sobornos gordos para asegurar posiciones lucrativas para los haraganes, mientras que muchas personas con buenas manos y buenas mentes no podían conseguir trabajo y se morían de hambre.

 

 

Gedalye había sido un sastre desde joven. Llego al gueto cundo le fueron dados diez minutos para dejar su apartamento en la ciudad. Trajo a su esposa, sus cuatro hijos, un dedal y una cinta de medir.

 

Cuando las sastrerías del gueto comenzaron a abrir, Gedalye tuvo que esperar varios meses hasta todos los que tenían conexiones con los gerentes de los talleres o instructores les habían dado empleo, incluso si nunca habían tomado una aguja en sus vidas. Sólo entonces fue que Gedalye fue admitido en la sastrería, y comenzó ganando dos o tres marcos por diez o doce horas de trabajo al día.

 

Gedalye trabajaba y él estaba contento. Estaba contento porque trabajaba con sus manos, a diferencia de decenas de miles de personas del gueto.

 

Gedalye estaba feliz con su trabajo y sus ganancias magras, hasta que un día, el hombre que pone sus manos en los bolsillos de los trabajadores, cateándolos antes de irse a casa, encontró una hebra de hilo en Gedalye.

 

Esta hebra ni siquiera estaba escondida. Estaba colgando de su hombro, para que pudiera encontrarla cuando la necesitara. Sólo que esta vez, se puso su saco y se olvidó de la hebra colgando de su hombro hasta su camisa.

 

Por este pecado, Gedalye fue puesto en la cárcel y la Corte Sumaria lo sentenció a tres meses de trabajo forzado, prohibiéndole permanentemente poder trabajar en el gueto y privando a su familia de bienestar.

 

Y así la corte pronunció la condena de Gedalye. Dura lex sed lex.

Un policía judío y un soldado alemán dirigen el tránsito peatonal a través de la calle principal que divide las dos partes del gueto de Lódź. Más tarde, una pasarela de madera fue construida sobre la calle para permitir que la ruta del tranvía permaneciera en el sector ario. El signo alemán en la entrada al gueto señala, "Zona residencial judía, entrada prohibida".

En 1940, los nazis forzaron a los 200,000 judíos de Lódz, en Polonia, un centro textil con la segunda mayor población judía en Europa, a un gueto sellado y gobernado de forma autónoma, creando un enorme campo de trabajo para el esfuerzo de guerra alemán.

 

Pronto se convertiría en una comunidad internacional única, ya que a los judíos polacos se les unieron más de 20,000 judíos reubicados de Austria, Alemania, Checoslovaquia y Luxemburgo. Casi toda la población dentro del gueto de Lódz no sobrevivió, ya sea por inanición, fatiga o porque fueran enviados a los campos de exterminio; mas una serie de diarios, cuadernos, poemas y bosquejos subsistieron por encima de la desgracia y las deplorables condiciones de vida a las que estaban sujetos los habitantes de este gueto.

 

Uno de los diarios que sobrevivió fue el del periodista Jozef Zelkowicz, quien en marzo de 1941 escribió sobre el rigor de la Corte Sumaria en el gueto de Lódz:

Si quieres saber más, lee “Lódź Ghetto: Inside a Community under Siege” [El gueto de Lodz: Dentro de una comunidad sitiada], compilado y editado por Alan Adelson y Robert Lapides.

Distribución de pan el gueto de Lódz

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