"Inglaterra caerá"

Por segunda vez entramos en este salón para un servicio en memoria de nuestro pueblo. Incluso hace más de un año apreciamos cuán inadecuadas son las palabras para expresar el agradecimiento de la nación a sus héroes. En tiempos de larga paz, la memoria de las terribles experiencias de la guerra, de las cuales surge el heroísmo, gradualmente se hace tenue. Sucede incluso que toda una generación no sabe nada de la guerra como tal y rinde homenaje a sus héroes sin ser digno de ellos en lo más mínimo.

 

En tal circunstancia, el sacrificio más grande del hombre es reconocido con frases superficiales. Incluso hay peligro de que, al recordar héroes de tiempos pasados, los hombres del presente se consideren a sí mismos libres de la obligación de conducirse con el mismo espíritu de heroísmo.

 

Pero si el pueblo alemán, en el año 1941, rinde homenaje a sus héroes, lo hace en un momento y en circunstancias que le dan derecho a sostener su cabeza con orgullo, ya que rinde homenaje a los hombres del pasado cercano y lejano que sacrificaron sus vidas por el Estado.

 

Como hace doce meses, en esta sala consagrada, volvemos nuestros pensamientos hacia nuestros héroes; queda detrás de nosotros el comienzo profundamente exitoso de una guerra que Alemania no quería, pero que nos fue impuesta por las mismas fuerzas que fueron responsables ante la historia por la gran guerra de los pueblos en 1914 a 1918.

 

 

Inglaterra y Francia solamente querían la guerra, no tanto la gente sino un delgado estrato de la dirección política y financiera detrás de la cual, empuñando su último poder, estaba la judería internacional y sus conspiraciones mundiales de democracia y libre masonería.

 

 

No hay poder ni apoyo procedente de cualquier parte del mundo que puedan cambiar el resultado de esta batalla en ningún aspecto. Inglaterra caerá. La Providencia eterna no dará la victoria al que, simplemente con el objeto de gobernar a través de su riqueza, está dispuesto a derramar la sangre de los hombres.

 

Alemania no exigió nada de Inglaterra y Francia. Todas las denuncias del Reich, las sugerencias de desarme y paz, fueron en vano. Las economías internacionales y la plutocracia quieren luchar esta guerra hasta el final. Por lo que el final de esta guerra será y deberá ser su destrucción. ¡Entonces ojalá la Providencia pueda encontrar una manera de conducir a su gente, de cuyas cadenas serán liberadas, en un orden mejor!

 

Cuando Inglaterra y Francia declararon la guerra, Inglaterra comenzó inmediatamente una lucha contra la vida civil. Al bloqueo de la Guerra Mundial, esa guerra contra las mujeres y los niños, esta vez añadió la guerra en el aire y el fuego contra pueblos y ciudades pacíficas. En ambos modos de guerra, Inglaterra será derrotada. La guerra aérea que Churchill inició no destruirá a Alemania, sino a la propia Inglaterra. Así como el bloqueo no impactará a Alemania, sino a su inventor.

 

Mientras que la llegada del invierno limitó las acciones de combate en tierra, la lucha en el aire y en el mar continuó. El heroísmo de las tripulaciones de submarinos y buques va de la mano con la de nuestros pilotos.

Adolf Hitler frente a tropas marchando durante el Heldengedenktag (Día de Conmemoración), el 16 de marzo de 1941.

El 16 de marzo de 1941, Hitler pronunció su discurso del Día de Conmemoración. El canciller nazi presagió la derrota inglesa, dejando entrever que la guerra en el Atlántico se intensificaría y que sin importar la ayuda estadounidense, los británicos sufrirían las consecuencias de los bombardeos sobre ciudades teutonas:

Si quieres saber más, lee “At Hitler’s Side: The Memoirs of Hitler’s Luftwaffe Adjutant 1937-1945” [Al lado de Hitler: Las memorias del adjunto de la Luftwaffe de Hitler], de Nicolaus von Below.

Nicolaus von Below, adjunto de Hitler para la Luftwaffe, recordó ese día:

Hitler pronunció su discurso Heldengedenktag (Día de Conmemoración) anual en el Arsenal de Berlín el 16 de marzo de 1941, mencionando ataques de bombarderos ingleses que presagiaban que en ‘esta guerra, la patria tendrá que sufrir bajas más fuertes que antes. Y no sólo serán hombres, pero sobre todo las mujeres’. Así, Hitler advirtió por primera vez del horror de la inminente guerra aérea contra ciudades alemanas, pero de cuya magnitud en ese momento no teníamos ninguna premonición.

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