El líder del Judenrat del gueto de Lódź, Mordechai Chaim Rumkowski, creía que podía proteger a la comunidad haciendo útil a la población judía para el esfuerzo de guerra alemán. Las negociaciones con los alemanes llevaron a la creación de un gran número de talleres para crear bienes para la Wehrmacht.

 

Era una mentira cruel, no importa cuán útiles se hicieran ellos mismos, esto no alteraría el destino que los nazis habían planeado para ellos. A los nazis tampoco les preocupaba si tenían alimentos suficientes para mantenerlos en sus trabajos.

 

Los fragmentos del diario de una joven han sobrevivido para describir las condiciones en el gueto de Lódź en marzo de 1942. Poco se sabe sobre el autor o su familia: su padre, madre y hermana trabajaban en los talleres. Todos estaban en un régimen de hambruna y el tema central del diario es justamente el hambre, la búsqueda constante de alimentos y las largas horas que pasaron haciendo fila para obtenerlos:

Ignominias en el gueto de Lódź

La supuesta “reubicación” de los judíos no era otra cosa más que la deportación a los campos de exterminio nazis, tales como Auschwitz-Birkenau o Treblinka, en Polonia, sólo por mencionar algunos. El promedio de vida en tales campos no era más de tres horas.

Lunes, 16 de marzo de 1942

 

Cuando fui a la cooperativa, escuché la noticia de que la ración de pan es ahora para 7 días. Temblé. Nos paramos en línea en el amargo frío y por un largo tiempo antes de que nos dejaran entrar. Finalmente conseguí 2 panes. A las 3 de la tarde me fui para el depósito de [carbón] para obtener la ración de briquetas.

 

En el mercado de Balut, los trabajadores alemanes estaban reparando el cable eléctrico y estaban colocando una tienda de campaña. Una mujer pasó por la tienda de campaña. Uno de los trabajadores la empujó al suelo y empezó a golpearla y patearla. La gente corría, asustada, en todas direcciones. Nadie dijo una palabra. Por cada palabra que no fuera de su agrado, cientos de judíos podrían perecer.

 

¡Qué trágica es nuestra vida, qué humillante! Nos tratan peor que a los cerdos. Nosotros, los judíos del gueto, que trabajamos tan duro, les ayudamos en la guerra, haciendo cosas bellas de trapos de miseria -uniformes militares, alfombras, todo lo que una persona necesita-. Nos tratan peor que a esclavos. Y esta es la vida. ¿No es mejor la muerte? Tuve que contenerme con todas mis fuerzas para no gritar insultos contra ellos. Tenemos que guardar silencio, aun cuando nuestros corazones están rotos.

En marzo de 1942, más de 2,244 personas murieron en el gueto de Lódź debido al hambre, la desnutrición, las enfermedades y los malos tratos. Había suicidios diariamente. Además, alrededor de mil personas eran deportadas por día para ser “reubicadas” –un total de 24,687 en el mes, de una población de 142,079 que existía a principios del mes-. Aquéllos que habían sido seleccionados para ser reubicados, se vieron forzados a vender, a precios de miseria, todos sus bienes materiales -sus muebles, ropa, todo-, sólo para recaudar dinero suficiente para comprar algo de comida durante el viaje de “reubicación”.

 

Hasta ese momento, la gente todavía creía que los seleccionados eran enviados para trabajar en el Este. Sin embargo, esta creencia se fue haciendo cada vez más débil –ya que nunca se recibía comunicación alguna de los que eran enviados fuera del gueto-.

 

Si deseas saber más, lee “Lodz Ghetto: Inside a Community Under Siege” [El gueto de Lodz: dentro de una comunidad sitiada], compilado y editado por Alan Adelson y Robert Lapides.

El Centro Mundial de Remembranza del Holocausto Yad Vashem, cuenta con una gran cantidad de información sobre el gueto de Lódź.

Judíos se besan para despedirse durante una deportación del gueto de Lódź

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