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El último mensaje de Kuribayashi desde Iwo Jima

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Marines del 24º Regimiento de Marines durante la batalla de Iwo Jima. Aunque la isla fue declarada asegurada el 16 de marzo de 1945, la lucha continuó en el norte, donde los últimos defensores japoneses resistían desde cuevas, túneles y barrancos fortificados.

El 16 de marzo de 1945, después de veinticinco días de combate, las fuerzas estadounidenses declararon Iwo Jima asegurada en términos operacionales. La bandera ya ondeaba sobre el Monte Suribachi desde el 23 de febrero y la mayor parte de la isla estaba en manos de los Marines. Pero aquella declaración no significaba que la batalla hubiera terminado realmente. En el norte, los restos de la guarnición japonesa seguían resistiendo desde cuevas, barrancos, túneles y posiciones fortificadas. El propio general Tadamichi Kuribayashi mantenía su último puesto de mando en una zona conocida por los Marines como The Gorge [El Desfiladero], que pronto también sería recordada como Death Valley [Valle de la Muerte].

La campaña había sido mucho más costosa de lo que los planificadores estadounidenses habían previsto. Iwo Jima era una isla pequeña, de arena volcánica negra, dominada por posiciones subterráneas que los bombardeos previos no habían destruido. Los japoneses, siguiendo la estrategia de Kuribayashi, evitaron en gran medida los ataques suicidas prematuros y obligaron a los Marines a avanzar lentamente, posición por posición. Para mediados de marzo, la batalla se había convertido en una lucha de agotamiento: lanzallamas, cargas explosivas, tanques lanzallamas, demolición de cuevas y combates a corta distancia.

La declaración de seguridad del 16 de marzo tuvo, por tanto, un valor simbólico y militar, pero no puso fin inmediato a la muerte. La resistencia organizada continuaría hasta el 26 de marzo y, aun después, quedarían japoneses escondidos en la isla. El Museo Nacional del Cuerpo de Marines resume la escala del sacrificio: la batalla duró 36 días y costó la vida a 5,931 Marines, además de cientos de miembros del personal médico naval asignados a las unidades de Marines.

En esa fase final, Kuribayashi envió su último mensaje al Cuartel General Imperial. Más que un informe militar ordinario, fue una despedida: una disculpa por no haber podido retener la isla, un reconocimiento de la inferioridad material de Japón y una llamada al combate final. La fecha exacta suele aparecer asociada a la noche del 16 al 17 de marzo, o directamente al 17 de marzo, según la fuente; para una entrada del 16 de marzo, conviene presentarlo como el mensaje final enviado en esa fase terminal de la defensa. El texto decía:

La batalla está entrando en su fase final. Desde el desembarco del enemigo, el valeroso combate de los oficiales y hombres bajo mi mando ha sido tal que incluso los dioses tendrían que llorar.

En particular, me regocijo humildemente de que hayan seguido luchando con valentía, aunque completamente faltos de medios y mal equipados, contra un ataque por tierra, mar y aire de una superioridad material que supera toda imaginación.

 

Uno tras otro van cayendo ante los incesantes y feroces ataques del enemigo. Por esta razón, ha llegado la situación en la que debo defraudar sus expectativas y entregar este importante lugar en manos del enemigo. Con humildad y sinceridad, ofrezco mis reiteradas disculpas.

 

Nuestras municiones se han agotado y nuestra agua se ha secado. Ahora ha llegado el momento de lanzar el contraataque final y luchar con valentía, conscientes del favor del Emperador, sin escatimar nuestros esfuerzos aunque nuestros huesos sean reducidos a polvo y nuestros cuerpos pulverizados.

 

Creo que, mientras esta isla no sea recuperada, el dominio del Emperador permanecerá eternamente inseguro. Por ello juro que, incluso convertido en fantasma, esperaré el día en que pueda transformar la derrota del Ejército Imperial en victoria.

 

Estoy ahora al comienzo del final. Al mismo tiempo que revelo mis sentimientos más profundos, ruego sinceramente por la victoria infalible y la seguridad del Imperio.

Adiós por toda la eternidad.​

Junto con su último mensaje, Kuribayashi dejó también unos versos finales en forma de waka, el breve poema tradicional japonés. En ellos, el tono militar del informe se transforma en una despedida íntima: la conciencia del fracaso, la aceptación de la muerte y la promesa de seguir sirviendo incluso después de caer en combate:

Incapaz de completar esta pesada tarea por nuestro país,
agotadas las flechas y las balas,
qué triste es caer en la batalla.

Pero mientras no golpee al enemigo,
mi cuerpo no podrá pudrirse en el campo.
Sí: naceré siete veces más
y tomaré de nuevo la espada en mi mano.

 

Cuando las malas hierbas cubran esta isla,
mi único pensamiento seguirá siendo
la tierra imperial.

Si deseas saber más, busca el título So Sad To Fall In Battle: An Account of War Based on General Tadamichi Kuribayashi’s Letters from Iwo Jima [Qué triste caer en la batalla: un relato de la guerra basado en las cartas del general Tadamichi Kuribayashi desde Iwo Jima], de Kumiko Kakehashi.

El mensaje de Kuribayashi no detuvo la batalla. Mientras los estadounidenses declaraban asegurada la isla, la lucha continuaba en los barrancos del norte. En The Gorge, la 5ª División de Marines tuvo que avanzar cueva por cueva, con lanzallamas y explosivos, contra los restos de una guarnición que ya no podía ganar, pero que todavía podía matar. El final oficial de la campaña llegaría el 26 de marzo, tras un último ataque nocturno japonés contra la retaguardia estadounidense. Para entonces, Iwo Jima había dejado de ser sólo un objetivo estratégico: se había convertido en una de las imágenes más amargas del precio humano de la guerra en el Pacífico.

Un operador de lanzallamas de la Compañía E, 2º Batallón, 9.º Marines, 3ª División de Marines, corre bajo fuego en Iwo Jima. Los lanzallamas y las cargas explosivas fueron esenciales para reducir las posiciones japonesas excavadas bajo tierra.

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Cuerpos de soldados japoneses en un cráter de proyectil cerca de uno de los aeródromos de Iwo Jima. La defensa japonesa, organizada por Kuribayashi en profundidad, convirtió incluso las fases finales de la batalla en una lucha lenta y costosa.

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