Ataque soviético al amanecer

Tropas soviéticas en marcha durante la contraofensiva, en diciembre de 1941.

Después de los reveses en las fuerzas alemanas y la incapacidad de continuar a la ofensiva, un furioso Hitler destituyó al mariscal de campo von Brauchitsch como jefe del Alto Mando del Ejército alemán y tomó las riendas él mismo. Algunos soldados alemanes, inclinados por el carisma del Führer, todavía confiaban en su líder lo suficiente como para recibir el cambio con agrado.

 

Los soviéticos continuaban atacando en todo el frente y la decisión de Hitler de tomar el mando del Ejército alemán fue seguida por una orden draconiana para que sus tropas no retrocedieran un centímetro contra los rusos, en cualquier parte que estuvieran. La directiva fue conocida como la “Orden Manténganse Firmes” y demandaba que el frente se mantuviera hasta el último hombre.

 

Wilhelm Prüller, en el área cercana a Kursk, da testimonio en su diario de cómo estaban siendo defendidas las posiciones alemanas en la Unión Soviética:

A las 04:00 la alarma sonó: Apoyada por artillería, los rusos atacan al norte de las vías de ferrocarril. Mi pelotón y yo somos reservas; los agrupo y espero por órdenes en un punto particularmente vulnerable. Justo mientras me encuentro en el cuartel general de batalla de la Compañía para estar en la escena, me doy cuenta que los rusos vienen directo hacia nosotros. A la derecha de una ruina que se encuentra frente a nosotros, los veo brincando a los alrededores. Gradualmente el poder de fuego del Pelotón que la 2ª Compañía instaló aquí se ha debilitado; ¡casi todas las ametralladoras han sido destruidas!

 

Sin esperar por órdenes, coloco el Pelotón entre las casas y esparzo las carabinas. Mientras tanto, la artillería enemiga se ha detenido, ya que los rusos están muy cerca de nosotros. Todavía está muy oscuro y no tiene ningún sentido disparar debido a que no podías ver los objetivos claramente. Después un momento de reflexión, puse en marcha mi plan: una ametralladora disparará continuamente a los rusos frente a nosotros, utilizando ráfagas cortas, para prevenir que avancen. Las otras ametralladoras y todos aquellos con carabinas deberán ir a su posición, dispararé una luz de bengala y en ese momento deberemos apuntar y disparar con todas nuestras armas diversas.

 

Me pongo de pie enfrente de una casa para poder ver todo; entonces doy la orden: ¡Listo! Cuando vean la luz de bengala subir, disparen tan rápido como puedan, manténganse bajos en el suelo ¡Apunten, muchachos! Luz de bengala blanca, ¡FUEGO!

 

Por nueve segundos es como si fuera de día, puedes ver todo el terreno frente a nosotros. Los rusos han avanzado a menos de 100 metros. Pero mis muchachos ya están disparando como locos para poder utilizar cada segundo de luz. Luego está oscuro de nueva cuenta. Con algunas ráfagas de ametralladora mantengo a los rusos abajo, luego grito otra vez.

 

Tres rusos, utilizando una fila de árboles como protección, llegan lejos hasta las casas: los acabamos con granadas de mano. En la luz de las muchas luces de bengala, puedes ver claramente que algunos de los rusos ya han desaparecido hacia la retaguardia; pero todavía quedan muchos enfrente de nosotros. Estamos orando para obtener luz: las luces de bengala se hacen cada vez menos.

 

Tan pronto como la primera luz débil aparece, envío una ametralladora hacia adelante hacia la ruina, para poder trabajar en el flanco bolchevique. Lentamente aparece la luz y ahora el enemigo se encuentra frente a nosotros en una bandeja de plata. Al momento en que vemos a cualquiera de ellos tratar de escapar, ya le hemos dado.

 

Otra cosa también es revelada por la luz: sin ninguna cobertura, el Pelotón yacía y estaba parado en frente de y entre las casas. Nada pudo persuadirlos para buscar cubierta a costa de la buena visibilidad. Muchos de ellos se pusieron de pie para disparar sus carabinas, aunque las balas estaban silbando a todo su alrededor. Uno de ellos se puso de pie en una ventana para disparar, uno de ellos estaba apostado en el techo con una mira telescópica en su arma, uno de ellos se arrodilló enfrente de una silla que utilizó para apoyar su carabina, los muchachos de la ametralladora se colocaron en las esquinas de las casas y las chozas, todos disparando y disparando sólo con un pensamiento: los rusos no deben pasar, de lo contrario es el fin. Verdaderamente, los muchachos ciertamente actuaron con valentía.

Si deseas saber más, lee “Diary of a German Soldier” [Diario de un soldado alemán], de Wilhelm Prüller.

Soldados soviéticos saltan a la ofensiva desde una trinchera, en 1941.

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