Tobruk no puede ser liberado

Tanques alemanes avanzan en el desierto poco antes de la batalla de El Salloum, en Egipto.

Tan solo dos días después de haber iniciado, la Operación Hacha de Guerra (Battleaxe) fue abandonada, las fuerzas alemanas habían iniciado el contrataque y los británicos simplemente no tenían los elementos para enfrentarlo.

 

Los aliados tuvieron casi 1,000 bajas, entre las que se contaban 122 muertos, y 98 tanques (entre ellos 65 Matildas). Las fuerzas del Eje tomaron control del campo de batalla y recuperaron los vehículos averiados, de los cuales sólo 12 tanques fueron dados de baja. En lo referente a la situación aérea, los números tampoco eran halagüeños, entre los cuales se encontraban 33 cazas y tres bombarderos contra sólo 10 aviones de los alemanes.

 

Hans-Joachim Schraepler, adjunto del general Rommel, estaba extasiado por la victoria:

Un cañón antiaéreo en Tobruk, rodeado de cajas de municiones llenas con piedra.

Aunque ya son las 23:30 horas, quiero escribir unas líneas rápidamente, porque no creo que pueda hacerlo mañana, o incluso después de mañana. Voy con Rommel a Sollum a felicitar a Walter por su gran éxito. La batalla concluyó. Los ingleses no sólo fueron rechazados con pérdidas significativas, pero nuestras tropas fueron capaces de cercar una gran parte de las suyas, por lo que tuvieron que rendirse. Creemos que hemos capturado entre 180 y 200 tanques pesados de combate. Todavía no tenemos información precisa sobre el volumen del botín, sobre nuestras propias pérdidas o las de los ingleses. Sin embargo, sabemos ya que treintaisiete Hurricanes fueron derribados durante los pasados tres días.

 

Los últimos días han sido extremadamente ásperos, en ocasiones literalmente muy calientes. A pesar de la superioridad triple de los ingleses, ganamos. Esta batalla, que es esencial por razones estratégicas y operacionales, es un logro más destacado que la conquista de Cirenaica. Si hubiéramos fracasado aquí, hubiéramos tenido que replegarnos. Hubiéramos tenido que renunciar a la conquista de Tobruk y muchas otras cosas más.

 

 

Por la tarde, asistimos a un bello espectáculo. Junto a nosotros un Hurricane fue derribado. El piloto, un canadiense, intentó salir con éxito, pero el avión comenzó a incendiarse. A pesar de la baja altitud, pudo liberarse de su avión y mientras se alejaba corriendo, empezó a disparar descabelladamente hacia todos lados con su pistola. ¡Bien por él!

Si quieres saber más, lee “At Rommel's Side: The Lost Letters of Hans-Joachim Schraepler” [Al lado de Rommel: las cartas perdidas de Hans-Joachim Schraepler], editado por Hans-Albrecht Schraepler.

Por su parte, Rea Leakey, en aquellos momentos un comandante de tanque del Regimiento de Tanques Real, relata cómo las esperanzas de liberación de Tobruk se desvanecieron con la cancelación de la operación británica y las condiciones prevalecientes no resultaban las idóneas:

Si quieres saber más, lee “Leakey's Luck: A Tank Commander With Nine Lives” [La suerte de Leakey: un comandante de tanque con nueve vidas], editado por George Forty.

En Tobruk nosotros estábamos listos para romper el perímetro cuando las fuerzas de alivio estuvieran cerca. Pero los alemanes estaban demasiado fuertes en la frontera y se logró muy poco progreso. Al final de una semana de combates nuestras fuerzas se retiraron a sus posiciones originales y nosotros en Tobruk nos hundimos en nuestra vida esperando que algo sucediera.

 

La vida en Tobruk era, supongo, no mejor que aquella de un prisionero de guerra, excepto que nosotros éramos nuestros propios amos. La comida y el agua potable eran escasos y alcohol era imposible de obtener. Relato dos incidentes relacionados con esto último. No muy lejos de nuestras cuevas estaba el equivalente australiano de la NAAFI británica [Institutos de la Marina, Ejército y Fuerza Aérea]. El gerente era un amigo mío y, una mañana cuando llegué allí para verlo, lo encontré siendo confrontado por un oficial británico de comandos que estaba siendo muy abusivo y demandando whisky. Mi amigo estaba insistiendo que no tenía. ‘Mi nombre es Randolph Churchill y mi padre es el Primer Ministro, exijo whisky’. Lo golpeé con mi puño, lo arrojamos en su camión y le dijimos al conductor que ‘se largara’. Él era quien decía que era.

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