A pesar de la escasez de combustible, la Luftwaffe había jugado un papel preponderante en el éxito de las operaciones de las fuerzas alemanas en Sebastopol. Del 13 al 17 de junio los alemanes habían dejado caer más de tres mil toneladas de bombas. Al mismo tiempo las fuerzas en tierra habían estado luchando ferozmente por el puerto.

 

Las tropas alemanas estaban combatiendo palmo a palmo buscando quebrar las defensas soviéticas, acabando con cada una de las fortalezas que defendían la ciudad, los bastiones Molotov, Schishkova, Volga y Siberia fueron rebasados, ahora era el turno de la batería naval Máximo Gorky, que los alemanes pensaban había sido inutilizada debido a los bombardeos, sin embargo, esto estaba lejos de ser una realidad.

 

Gottlob Herbert Bidermann, sirviendo en la 132ª División de Infantería, describe con gran detalle los momentos en que las fuerzas alemanas se enfrentaron al bastión fortificado:

Combate cuerpo a cuerpo en Sebastopol

El cañón de artillería autopropulsado “Karl”, denominado en honor de su diseñador, el general Karl Becker. La longitud del cañón era de 4.2 metros. Los proyectiles de 60 centímetros de diámetro penetraban paredes de hormigón de dos a tres metros de espesor. Siete monstruos de este tipo fueron creados durante la guerra. Este tipo de cañón fue utilizado durante el sitio de la fortaleza de Sebastopol.

Un ataque masivo fue programado para el 17 de junio. Nuevos objetivos fueron transmitidos a las baterías de artillería y proyectiles explotando en nidos de resistencia enemiga aislados podían observarse desde el frente. A las 0745 recibimos noticias que la muralla fortificada GPU había sucumbido ante nuestra infantería. A las 0830 fue informado que las almenas Siberia y Volga también habían sido tomadas por tropas alemanas. Después de una hora de feroz combate, nuestra infantería penetró la línea de defensa que había sido establecida entre moradas primitivas cerca del Bastión I y, a las 0845 el Bastión fue capturado por las tropas de asalto. A las 1000, las baterías enemigas, disparando desde posiciones cerca de Bartenyevka, también fueron silenciadas. A las 1200, nuestros elementos de asalto más adelantados continuaron manteniendo el Bastión en contra de pesados contraataques enemigos. Entre las 1250 y las 1315, cada batería de nuestro regimiento de artillería disparó ochenta rondas sobre Schischkova. También, las posiciones se mantuvieron defendidas resolutamente por los hombres de la infantería soviética, quienes se rehusaban ceder un metro de terreno. Los landsers intentando mantener el Bastión se encontraron combatiendo cuerpo a cuerpo durante los desesperados contraataques soviéticos y la batalla iba de un lado a otro mientras las posiciones eran capturadas, invadidas y recapturadas. Las posiciones estaban esparcidas con muertos y moribundos. Los heridos que caminaban se tambaleaban y erraban sin sentido a través del humo que engullía las defensas. Las unidades de ambos antagonistas se mezclaron inseparablemente mientras los soldados disparaban, golpeaban y se daban bayonetazos uno al otro. A las 1445, se informó que la posición Molotov había caído a nuestras fuerzas.

 

Al Batallón de Artillería Pesada 641 se le había asignado destruir la fortificación Máximo Gorki I con dos morteros del 355 mm que estaban ubicados cuatro kilómetros al oeste de Olberg. Estos proyectiles masivos pesando mil kilogramos cada uno, eran colocados en la recámara del cañón mediante grúas. Los morteros habían visto acción previamente durante la campaña francesa contra las defensas de Luettich. Los proyectiles estaban diseñados para no explotar al impacto, sino que tenían fusibles retardados diseñados para detonar después de que las capas protectoras de concreto de la fortaleza hubieran sido penetradas. Poco después de que los primeros disparos dejaran los cañones de estas armas monstruosas, llegó el informe de los observadores que la cúpula de la fortaleza había “volado de su base… Máximo Gorki había sido penetrada”. Los obuses de 305 milímetros almacenados dentro de la masiva batería rusa comenzaron a explotar, con grandes fragmentos rebotando salvajemente en el aire. Al fin la batería fue silenciada debajo de una nube de polvo y humo.

 

Las unidades de zapadores e infantería asaltaron la colina. Dentro del coloso de concreto, que medía trescientos metros de largo y cuarenta metros de ancho, los ocupantes continuaron resistiendo obstinadamente. Al momento en que la caída del emplazamiento parecía inevitable, algunos de los defensores hicieron un intento desesperado por tratar de escapar en grupos aislados.

 

Los zapadores abrieron su camino hacia las defensas con cargas de demolición, lanzallamas y botes de humo. Después de la explosión inicial, los soviéticos continuaron disparando desde troneras y aberturas en el concreto, pero una segunda explosión abrió una sección en la pared. Una caverna gigante fue expuesta a los zapadores, revelando la detallada complejidad de la fortaleza. Máximo Gorki tenía tres pisos de profundidad, una ciudad autosustentable con agua y electricidad, un hospital, una cantina y cuartos de maquinaria con transportadores de municiones, arsenales y equipo de fabricación. Cada habitación y cada entrada estaba cerrada con puertas de acero dobles y para poder entrar, cada puerta tenía que ser abierta utilizando cargas de demolición.

 

Los zapadores se apretaban fuertemente contra las paredes anticipando las explosiones mientras abrían su camino lentamente, cada vez más profundo hacia las entrañas del laberinto de concreto. Al tiempo que cada puerta era volada, la explosión sería seguida por granadas de mano lanzadas hacia el humo y la abertura llena de gas, seguida de una pausa momentánea mientras esperaban que los gases se disiparan. A lo largo de los pasillos yacía el enemigo muerto, revueltos juntos en la oscuridad, la escena horripilante era hecha aún más surreal por las máscaras de gas colocadas en los muertos y moribundos.

 

 

El almirantazgo soviético ordenó a los defensores a combatir hasta el último hombre, no habría rendición. Un operador de radio informó al vicealmirante Oktiyabrski en un búnker localizado cerca del puerto de Sebastopol: “Los alemanes están golpeando en las puertas, demandando que nos rindamos. Ya no podemos abrir los portales para disparar, sólo quedan cuarenta y seis de nosotros”.

 

Media hora más tarde, los rusos transmitieron otro mensaje: “Sólo quedamos veintidós, estamos preparándonos para volarnos nosotros mismos y cesar comunicaciones -¡adiós-“.

 

Y así finalizó. El corazón de la fortaleza autodestruida con el enemigo a la puerta y la batalla por Máximo Gorki I había concluido. De una dotación de más de mil defensores, sólo cuarenta del personal enemigo, muy malherido para oponer resistencia, cayó prisionero de nuestras fuerzas.

Si deseas saber más, lee “In Deadly Combat: A German Soldier’s Memoir of the Eastern Front” [En combate mortal: la memoria de un soldado alemán en el Frente del Este], de Gottlob Herbert Bidermann.

La torreta gemela de 12 pulgadas destruida de la fortaleza Máximo Gorky, en Sebastopol, Unión Soviética, en junio de 1942.

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