Comando contra Rommel

El HMS Torbay asegurado a una boya en Plymouth Sound, el 23 de agosto de 1943. El HMS Torbay llevó a algunos de los comandos que participaron en la fallida Operación Flipper, que pretendía acabar con Erwin Rommel.

A principios de octubre, seis oficiales y 53 rangos diferentes del Comando Escocés fueron colocados bajo el mando operacional del Octavo Ejército británico. Se decidió utilizarlos en un intento temerario y peligroso para desembarcarlos detrás de las líneas enemigas y atacar el cuartel general de Erwin Rommel.

 

Cuatro destacamentos se formaron para este propósito, el primero para atacar la casa del general Rommel en Beda Littoria; el segundo para asaltar el cuartel general italiano en Cirene; el tercero, el Centro de Inteligencia italiana en Appollonia, mientras que el cuarto estaría destinado a cortar las líneas telefónicas y telegráficas.

 

Desde el 10 de noviembre, los submarinos ingleses Torbay y Talismán, zarparon desde Alejandría llevando a los comandos en el mejor de los ánimos. La Operación Cruzado, al mando del general Auchinleck, estaba a punto de iniciar, por lo que se decidió realizar el ataque la noche del 17 de noviembre. El capitán Campbell, que había desembarcado desde el submarino HMS Talismán, recordó:

Durante la tarde, Keyes tuvo una reunión informativa. La contraseña de reto sería “Isla” a la que se respondería “Arran”. Alrededor de las 6 p.m., nos cambiamos de nuestras botas a los plimsolls y partimos. El camino se volvió tan malo que nos vimos obligados a ir en una sola fila para evitar golpearnos unos a otros mientras nos resbalábamos y tropezábamos a través del barro; se hizo tan oscuro que sólo era posible ver al hombre frente a nosotros. Tuvimos que aferrarnos a las vainas de las bayonetas del otro para mantenernos en contacto. De vez en cuando caía un hombre y toda la columna tendría que detenerse mientras se levantaba. De vez en cuando, el centro de la columna perdía el contacto con el hombre que tenía frente a él y teníamos que detenernos y ordenarnos de nuevo. Llegamos a la parte inferior de la escarpa alrededor de las 10.30 p.m. sin perjuicios graves. Después de un breve descanso comenzamos nuestro ascenso de unos 500 pies de césped fangoso con rocas afloradas. A medio camino, el ruido de un hombre que deslizándose y golpeando su ametralladora tommy contra una roca despertó a un perro guardián y un haz de luz salió de la puerta de una choza cuando fue abierta a unos cien metros de distancia de nuestro flanco. Mientras nos agachábamos inmóviles, apenas respirando, escuchamos a un hombre gritarle al perro. Finalmente, la puerta se cerró y seguimos subiendo.

 

En la cima (conocida como colina de Zaidan) encontramos trazas de carro, mismas que los guías dijeron llevaban justo a la parte posterior del cuartel general alemán. Nos detuvimos para descansar y Keyes volvió a formar a los hombres, unos veinticuatro en total. Después de esta parada, nos pusimos en camino siguiendo las marcas de carro, Keyes a la cabeza, con el sargento Terry, Drori y los árabes, mientras yo seguía con el cuerpo principal de hombres a un intervalo de cincuenta yardas. Llegamos al borde del pueblo y el grupo del teniente Cooke se separó del grupo principal. Keyes y el sargento Terry fueron a hacer un reconocimiento preliminar del objetivo. Mientras estaba ausente, uno de mi grupo tropezó con una lata y despertó a un perro, que comenzó a ladrar. Un árabe en una de las casas también comenzó a gritar. Después de un minuto o dos, un italiano de uniforme y un oficial árabe de la Fuerza Árabe Libia-Italiana salieron de una de las chozas y se nos acercaron preguntándonos quiénes éramos y qué estábamos haciendo allí. Drori respondió en alemán diciendo: “Somos tropas alemanas en patrulla. Vete y calla a tu perro”. Drori repitió esto en árabe, pidiéndoles que callaran al hombre en la choza y el oficial árabe, creyendo que eran alemanes, habló luego al hombre que estaba gritando, dirigiéndose a él por su nombre y diciéndole que se callara. Despidiéndose con un ‘Gute Nacht’, desaparecieron al regresar a su choza aparentemente satisfechos, lo cual los hombres pensaron que era una gran broma.

 

Justo cuando lo hicieron, Geoffrey y el sargento Terry regresaron, Keyes entonces nos condujo por un seto hacia el jardín y nos encontramos en el fondo de la casa. Colocó al cabo Kearney y al soldado Hughes en la puerta trasera, que ya había intentado abrir y había encontrado cerrada. Todas las ventanas de la planta baja estaban en lo alto y barradas con pesadas persianas de madera, así que era imposible entrar de esa manera. No había otra alternativa que usar la puerta principal. Le seguimos alrededor del edificio a un camino de grava frente a la casa. La puerta frontal estaba colocada en el interior de un porche, en la parte superior de un tramo de escalones de piedra. Keyes subió los escalones. Llevaba una Colt y yo llamé a la puerta, exigiendo fuertemente en alemán que nos dejaran entrar. La puerta se abrió en un segundo par de puertas de vidrio y nos enfrentamos a un alemán (oficial, creo) con un casco de acero y abrigo. Keyes se aproximó de golpe hacia él, cubriéndolo con su Colt. El hombre agarró el cañón del revólver de Keyes y trató de quitárselo. Antes de que Terry o yp pudiéramos dar la vuelta detrás de él, él se retiró, todavía sosteniendo a Keyes, a una posición con su espalda a la pared y su lado protegido por la primera y segunda pares de puertas en la entrada. Empezó a gritar. Keyes no pudo sacar un cuchillo y ni Terry ni yo pudimos rodear a Keyes, ya que las puertas estaban en el camino, así que le disparé al hombre con mi revólver .38, que pensé que haría menos ruido que la Colt de Keyes. Entonces Keyes dio la orden de usar ametralladoras tommy y granadas, ya que teníamos que asumir que mis disparos de revólver habían sido escuchados. (Keyes dijo que su brazo había quedado entumecido, tal vez los disparos le habían rozado el codo o pudo haber sido que el combate con el alemán lo había dañado).

 

Nos encontramos, cuando tuvimos tiempo de mirar alrededor, en un gran salón con un piso de piedra, tenía una escalera de piedra que conducía a los pisos superiores de la derecha. Escuchamos a un hombre con pesadas botas que hacían ruido por las escaleras, aunque no podíamos verlo ni él nosotros, ya que estaba oculto por un giro a la derecha en la escalera. Estaba gritando: “¿Qué pasa allí?” Cuando llegó a la vuelta y sus pies se pudieron ver, el sargento Terry disparó una ráfaga con su ametralladora tommy. El hombre se volvió y huyó escaleras arriba. Keyes había abierto las puertas a ambos lados del salón. Nos asomamos al interior y encontramos que las habitaciones estaban vacías. Señaló una luz que brillaba a través de la grieta debajo de la siguiente puerta y en su interior había unos diez alemanes con cascos de acero, algunos sentados y otros de pie. Disparó dos o tres rondas con su Colt .45 automática. Le dije: “Espera, voy a lanzar una granada”. Cerró de golpe la puerta y la sostuvo mientras sacaba el seguro de la granada. (El sargento Terry, que se había aproximado por detrás de ellos, dijo después que podía oír el sonido de la respiración pesada dentro de la habitación.) Dije “bien” y Keyes abrió la puerta. Lancé la granada, que vi rodar hasta el centro de la habitación, y el sargento Terry dio una ráfaga con su ametralladora Tommy. Antes de que Keyes (que dijo “bien hecho” al ver entrar la granada) pudiera cerrar la puerta, los alemanes dispararon. Una bala le golpeó justo encima del corazón y él cayó inconsciente a los pies de mí y de Terry.

 

Después de que la granada explotara, esto fue seguido por completo silencio y pudimos ver que la luz en la habitación se había apagado. Decidí que Keyes tenía que ser reubicado, en caso de que hubiera más combates en el edificio (y porque teníamos la intención de volarlo), así que, entre nosotros, el sargento Terry y yo, lo llevamos al exterior y lo dejamos en el borde de hierba a la izquierda de la puerta principal. Debió haber muerto mientras lo llevábamos afuera, porque cuando sentí su corazón había dejado de latir.

El sitio Combined Operations Command, cuenta con muchos detalles acerca de la fallida Operación Flipper [Aleta], el nombre código dado al ataque contra el cuartel general de Rommel.

Si deseas saber más, lee “Combined Operations: The Official Story of the Commandos” [Operaciones combinadas: la historia official de los Comandos], de Hilary Aidan St. George Saunders.

El teniente coronel Geoffrey Keyes, el teniente coronel más joven del ejército británico en ese momento, resultó herido de muerte al dirigir el ataque contra el cuartel general de Rommel.

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