La mayor parte del Ejército Rojo estaba demasiado ocupado en estos días en el área de Stalingrado. Los rusos estaban deteniendo a los alemanes fuera de la planta Octubre Rojo, en el extremo sur del distrito industrial, pero en la parte norte todo parecía perdido.

 

La fábrica de tractores completa estaba ya en manos alemanas y la vecina planta Barricadas estaba sucumbiendo lentamente. Los hombres de la 308ª División estaban controlando las puertas de la fábrica como si fueran arqueros en las almenas de un castillo. Estaban siendo apoyados por el arribo reciente de la 138ª División al mando del general Iván Lyudnikov, así como por un regimiento apenas creado, el 178º NKVD, conformado por los trabajadores mismos de la fábrica Barricadas.

 

Iván Burlakov era un oficial con este regimiento de novatos vehementes. Su trabajo era disponer de los suministros para sus combatientes, una tarea imposible apenas hecha factible por la circunstancia que los trabajadores armados de la fábrica estaban defendiendo terrenos familiares:

La fábrica Barricadas se defiende frenéticamente

La infantería alemana cruza un mar de ruinas en la fábrica de "Barricadas" en Stalingrado, a finales de octubre de 1942.

Estábamos sintiendo el efecto de estar impedidos de cualquier medio para obtener comida o munición. Se debían tomar medidas para resolver esto. Casi todos los edificios de la fábrica habían sido destruidos. La fontanería no estaba funcionando y el agua tenía que ser suministrada del Volga, que estaba lleno de maderos de balsas destrozada, isletas de aceite quemándose y otros objetos.

 

Un registro de las instalaciones de concreto por debajo de la estación eléctrica de la fábrica reveló tres tanques de sedimentación llenos de agua. Esto fue un maravilloso golpe de suerte. Hicimos uso de esta agua y también suministramos a las unidades vecinas que estaban combatiendo en este sector. Más tarde, un tanque enorme de agua fue descubierto en el terreno cercano a las oficinas de la fábrica, que probablemente solía servir como el suministro de reserva. Organicé una guardia de 24 horas alrededor de este, para prevenir cualquier posibilidad de que fuera estropeado o contaminado, debido a que el sótano de las oficinas de la fábrica albergaba el puesto de socorro al cual eran enviados los heridos. Esta reserva de agua probó ser invaluable, ya que suministró a todas las unidades en ese sector de combate, incluyendo la 308ª División siberiana.

 

Los trabajadores conocían las instalaciones de almacenamiento de la fábrica y encontraron 50 sacos de harina, 38 cubas de mantequilla y varias cajas de cigarrillos caros en las ruinas de las bodegas. Cuando la situación se volvió grave, le proporcioné 35 sacos de harina y media cuba grande de mantequilla a la 308ª División siberiana.

 

Así fue como el regimiento se mantuvo con suministros de municiones: recogíamos cualesquier rondas de rifle, rondas de subametralladora y proyectiles de mortero que encontrábamos y las almacenábamos en el cuarto de calderas. Cuando quedaban pocas provisiones, los soldados hacían panqueques de harina y mantequilla en las bodegas y harían bromas: “es martes de carnaval para nosotros, pero los alemanes están en ayuno cuaresmal”.

 

En el curso de las batallas despiadadas del 15 al 17 de octubre, los alemanes comenzaron a abrir una brecha en el flanco derecho de nuestros vecinos. Un teniente corrió hacia mí (no recuerdo su apellido) y me pidió que le diera cuantos cartuchos fuera posible, al tiempo que los alemanes empezaban a rodearlos por el flanco. Recordé la frase de Suvorov: ‘Aunque mueras en el intento, ¡ve en ayuda de tu compañero de armas!’ Le proporcioné más de siete cajas de cartuchos y coloqué algunos más en sus mochilas.

 

Día y noche, se hacían troneras en cada edificio, trincheras conectadas y pasajes subterráneos de concreto fueron cavados entre todos los sectores y almacenes, y trincheras, madrigueras de ametralladoras y cosas así fueron excavadas.

 

 

El 16 o 17, los alemanes lanzaron varios ataques contra la fábrica y lograron penetrar las puertas principales con tanques, inhabilitando nuestros dos cañones antitanques afuera de la estación eléctrica. La 2ª compañía peleó por más de cuatro horas. El contacto con los siberianos a nuestra derecha se perdió, los alemanes estaban penetrando la línea de defensa en la zona del cuarto de calderas y las puertas principales, había un gran riesgo de que fuéramos rodeados por los alemanes ya que poseían más hombres y armas que nosotros.

Si deseas saber más, lee “Voices from Stalingrad: Nemesis on the Volga” [Voces de Stalingrado: nemesis en el Volga], de Jonathan Bastable.

Tropas soviéticas atendiendo a los heridos después de que otro ataque alemán fuera rechazado, en la fábrica de Octubre Rojo.

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