El 18 de abril de 1942, dieciséis bombarderos B-25 despegaron del USS Hornet y se dirigieron hacia Japón. El uso sin precedentes de bombarderos medianos desde un portaaviones permitió el ataque sorpresa sobre la nación japonesa.

 

Sin embargo, Incluso después de realizar modificaciones a las aeronaves y proporcionar combustible adicional, los bombarderos se encontraban en el límite de su rango y no podrían regresar al portaaviones. En su lugar, después del bombardeo, tendrían que continuar su vuelo sobre Japón y tratar de aterrizar en China o Rusia.

 

Cuando el USS Hornet fue avistado por un buque de patrullaje japonés, la misión tuvo que partir de inmediato para lograr el elemento sorpresa, por lo que el margen de error en el rango se redujo aún más. Todos los equipos despegaron con la noción de que era muy probable que tuvieran que aterrizar forzosamente o lanzarse al mar.

 

El ataque fue dirigido por el teniente coronel James H. Doolittle, su informe posterior de las acciones fue completado en mayo de 1942, momento para el cual ya había sido ascendido de rango:

Doolittle y sus bombarderos atacan Japón

Un bombardero mediano B-25B de la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos deja la cubierta del USS Hornet, para histórica incursión sobre Tokio al mando del general mayor James Doolittle, el 18 de abril de 1942. Cada avión llevaba tres bombas de 500 libras de altos explosivos y una bomba incendiaria.

El primer buque enemigo patrullando se detectó y fue eludido a las 3:10 AM en la mañana del 18 de abril. La fuerza de tarea de la Marina estaba maniobrando para tratar de evitar un segundo buque durante algún momento del día, cuando fueron detectados por un tercer navío. A pesar de que esta patrulla fue hundida, entendimos que al menos envió un mensaje a tierra y, por consecuencia, fue necesario despegar de inmediato. El despegue se realizó en la latitud 35° 43’N, longitud 153° 25’E, aproximadamente a unas 824 millas terrestres al este del centro de Tokio. La fuerza de tarea de la Marina se retiró de inmediato y por la tarde se vio obligada a hundir otras dos embarcaciones japonesas de superficie. Resulta de interés señalar que, incluso a esta distancia de Japón, el océano estaba aparentemente repleto de naves japonesas.

 

Las instrucciones finales fueron las de evitar objetivos no militares, particularmente el Templo del Cielo y aunque fuimos lanzados tan lejos en el mar que sería imposible llegar a la costa de China, no ir a Siberia, sino continuar lo más al occidente posible, amarizar, lanzar los botes de goma y comenzar a navegar.

 

Tras el despegue, cada avión circuló hacia la derecha y voló sobre el Hornet alineando el eje de la nave con la mira de desplazamiento. El curso del Hornet era mostrado en grandes números desde la torreta de cañón de popa hacia la isla. Esto permitió, a través del uso de la brújula del avión y el giroscopio direccional, el establecimiento de un curso de navegación preciso y nos permitió virar al rumbo adecuado para Tokio. Esto se consideró necesario y deseable debido a la posibilidad de un cambio en la calibración de la brújula, sobre todo en aquellas naves que se encontraban cerca de la isla.

 

A todos los pilotos se les dieron objetivos seleccionados, consistentes en acereras, refinerías de petróleo, granjas de tanques de combustible, depósitos de municiones, muelles, fábricas de municiones, fábricas de aviones, etc. También se les dieron objetivos secundarios en caso de que no fuera posible alcanzar el objetivo primario. En casi todos los casos, los objetivos primarios fueron bombardeados. El daño hecho superó con creces nuestras expectativas más optimistas. El alto grado de daño se debió a la naturaleza altamente inflamable de las construcciones japonesas, la baja altitud desde la que se llevó a cabo el bombardeo, el estado del clima perfectamente claro en Tokio y el estudio cuidadoso y continuo de las cartas y áreas donde se encontraban los objetivos.

 

 

La mejor información disponible de las fuentes de inteligencia del Ejército y la Marina indicaban que había unos 500 aviones de combate en Japón y que la mayoría de ellos se concentraban en el área de la bahía de Tokio. Los relativamente pocos aviones de combate encontrados indicaban que la defensa doméstica se había reducido con el afán de disponer del máximo número de aviones en los teatros de operaciones activos. Los pilotos de los aviones que permanecieron parecían no contar con experiencia. Incluso en algunos casos no atacaron y en muchos otros fallaron al tratar de llevar a cabo un ataque de la mayor extensión posible.

 

 

La defensa antiaérea estuvo activa pero imprecisa. Todas las explosiones antiaéreas eran negras y aparentemente de pequeños cañones de una medida aproximada de 37 ó 40 mm. Se presume que la alta velocidad y la baja altitud a la que estábamos volando hacían imposible que ellos utilizaran sus cañones de mayor calibre sobre nosotros, si es que existían. Varios de los aviones fueron alcanzados por fragmentos antiaéreos, pero ninguno de ellos sufrió daños en una medida que limitara su utilidad o impidiera su progreso.

 

 

El éxito del bombardeo de Tokio demostró que, siempre que el factor sorpresa sea posible, un ataque extremadamente exitoso puede efectuarse a bajas altitudes, con grandes daños y de alta seguridad para el equipo y el personal.

 

J. H. DOOLITTLE

General de Brigada, Ejército de los Estados Unidos

El informe completo, detallando las experiencias de cada uno de los aviones que participaron en el ataque, puede encontrarse en The Doolittle Tokyo Raiders.

Un bombardero medio B-25B Mitchell de la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos, uno de los dieciséis involucrados en la misión, despega de la cubierta de vuelo del USS Hornet para llevar a cabo un ataque aéreo sobre las islas japonesas, el 18 de abril de 1942.

El siguiente video muestra algunos testimonios de los pilotos que participaron la Incursión Doolittle, en el que relatan sus experiencias, sentimientos y opiniones al efectuar el célebre ataque.

Bombarderos estadounidenses B-25B descansan sobre la cubierta de vuelo del USS Hornet, zarpando con destino al lugar desde donde los aviones despegarían para su incursión en Tokio, el 13 de abril de 1942. El barco escolta puede observarse al fondo a la izquierda.

Un miembro de la tripulación revisa los cables de anclaje de su bombardero a bordo del USS Hornet, mientras detrás de él, otros equipos revisan sus aviones en preparación para el ‘Ataque de Doolittle’, el 18 de abril de 1942.

Por encima de Tokio se observa el humo elevándose debido a los ataques realizados sobre suelo japonés, al tiempo que las bombas lanzadas por los aviones de Doolittle alcanzaban sus objetivos el 18 de abril de 1942. Imposibilitados para regresar los enormes bombarderos al portaaviones USS Hornet y con el combustible casi agotado, los bombarderos continuaron hacia el oeste buscando aterrizar en un área aliada en China.

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